Translate

lunes, 11 de mayo de 2015

Mi salida de Zona Cultural

Hace dos semanas fue la última vez que colaboré en la radio. Ese día fue removido del programa Zona Cultural el locutor Daniel Portillo Rosales y yo, como su colaborador, también quedé fuera. Espero no parecer una víctima, pero hay elementos para pensar que se dijeron cosas que no agradaron a directivos de la instancia de cultura del gobierno del estado, especialmente a los encargados de la Cineteca Alameda. Hago a continuación una crónica.
Durante 15 meses colaboré en el programa Zona Cultural, espacio radiofónico organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí en colaboración con otras instituciones y transmitido por Magnética FM en el 107.1 del cuadrante y también vía internet.
En las primeras transmisiones yo me trasladaba físicamente a la cabina de Magnética FM para hacer mi comentario. Posteriormente los enlaces fueron telefónicos. De cualquier manera siempre tuve a la mano un texto de apoyo más bien estructurado. No considero tener demasiada capacidad para improvisar. Pienso que mis ideas fluyen mejor si antes las escribo aunque no las lea. Es en la letra impresa donde encuentro sentido a lo que en principio son impresiones. Y creo que de eso trata la crítica de cine.
Al cabo de un mes había acumulado un conjunto de textos. Pensé que, con un poco de trabajo estilístico, podrían ser interesantes para el público que no estaba interesado en escuchar, pero si en acceder a la hora que quisiese y desde donde pudiera (siempre que tuvieran una conexión a la red) a un comentario sobre películas en cartelera o que hubiesen sido importantes pero fugaces en su exhibición, como suele pasar en los festivales y muestras de cine.
Al cabo de este tiempo el blog Rubén Gaytán Duque. Textos Coyunturales de Cine ha acumulado más de 12 mil visitas para 81 entradas. Seguramente un manejo mas hábil de las redes y un contenido mas a gusto de los lectores lo pudieran haber hecho mas exitoso. Pero quizá por la manera que tienen los medios en internet de llevar una cuenta supuestamente exacta de sus visitas, yo cada vez estaba mas sorprendido pensando en que un libro puede tener un tiraje entre 300 o mil ejemplares y que de ellos muchos no se distribuyen y que de esos menos aún son leídos. Aquí por lo menos 12 mil veces se le ha dado click a un espacio que contiene mis ideas. La suma del blog y otras redes sociales al medio “tradicional” que es la radio me resultaba muy atractiva.
Casi siempre las intervenciones en Magnética FM tenían que ver con la exhibición de películas en las mal llamadas “salas comerciales” (Cinépolis y Cinemex en nuestra ciudad). Pero también hablé, por lo menos unas 10 veces, sobre las exhibiciones y actividades de la Cineteca Alameda, que es la sala a cargo de la Secretaría de Cultura. Recuerdo que la primera vez que lo hice le mandé primero el texto a Daniel Portillo. Le dije mas o menos así: si este texto te genera un conflicto mejor no lo leo. Yo entendía y aún entiendo que él trabaja en la Secretaría y que el espacio era administrado por esa entidad pública.
Su respuesta fue: “adelante”. Él consideraba que su espacio no fuera sólo de loas al trabajo de la institución, sino que se debía balancear con el señalamiento crítico. Y desde ahí, no puedo decir que semana tras semana, pero regularmente, di cuenta de los problemas de la transición digital vividos por la Cineteca Alameda, de sus desaciertos al momento de programar, de su falta de una política general de estímulo al arte cinematográfico y de las dudas, según yo justificadas, sobre su permanencia como como espacio de exhibición fílmica.
Al principio fue sorpresa: no esperaba poder articular una crítica tan constante (y según yo oportuna) desde un micrófono controlado por la Secretaría de Cultura. Luego fue la sospecha: ¿quién nos escuchaba realmente? No me refiero con esta pregunta al público de la radiodifusora. No soy un fanático de los llamados “nuevos medios digitales” de esos que dan por muerta a la radio. Al contrario: sé que los radioescuchas ahí están, no sé cuántos sean pero sí que son más discretos que los usuarios de la red. Así es el medio y así me gusta.
Mi duda era mas bien: ¿nos escuchan en la Secretaría de Cultura? ¿Había alguien que le diera seguimiento a la calidad de los contenidos, a la claridad de la transmisión, a la oportunidad de los anuncios o al respeto de una línea política que yo suponía instaurada por los directivos de la institución? Mucho me temía que no.
Pero finalmente llegó el día de mi última participación en Zona Cultural. El lunes 27 de abril yo tenía listo un texto sobre una película que no creí durase mas de una semana en cartelera, pero que era interesante por varias razones y relevante por lo menos para una parte del auditorio. A las 11:30 esperaba entrar al aire. Incluso lo anuncié en mis redes sociales. La llamada no llegaba y, escuchando la radio, me di cuenta de que tenían problemas para llamar a mi celular.
Eso ya había pasado en otras ocasiones. Mientras yo marcaba desde un teléfono de piso, Daniel Portilllo hizo una serie de comentarios sobre el traslado de la sede de la Orquesta Sinfónica del Estado al edificio de la Cineteca Alameda. Cuando entramos al aire yo no retomé el tema: realmente quería hablar sobre la película brasileña Tocando la luna [Título original: Flores Raras. Dirección: Bruno Barreto. País: Brasil. Año: 2013] de tal forma que aproveché los minutos que tenía para dar cuenta de sus méritos y defectos.
Pero en mi muro de Facebook si puse un comentario donde mencioné que no estaba de acuerdo con lo dicho por Daniel. Un poco mas tarde recibí un mensaje suyo. En un tono que percibí apurado me invitaba a ir al día siguiente, martes 28 de abril, a la cabina y tener un debate sobre la situación de la Cineteca. Tuve mis dudas, pero finalmente acepté. Nos acompañaría en cabina Adrián Ibelles, el joven encargado del Cine Club Universitario, titular de la emisión de ese día de la semana.
 El lunes en la tarde asistí a una proyección de la película Ida [Pawel Pawlikowski. Polonia, Dinamarca, Francia y el Reino Unido. 2013] la primera que de una película de ficción ganadora del Oscar se llevaría a cabo en la Sala Lupe Vélez. Me interesaba ser testigo de las condiciones de exhibición y de ellas di cuenta en un textopublicado al día siguiente, que al menos parcialmente cité en Zona Cultural.
Grabé muchas de mis intervenciones a lo largo de 15 meses. Esta fue una de ellas. En un primer momento creí que era el único que tenía este material, además de la estación que seguramente hace seguimiento de todo lo que se transmite. Pero en fechas recientes un amigo subió al sitio You Tube otro registro. Le falta al inicio la entrada del programa, pero creo que el grueso de los comentarios aquí están y se pueden consultar.

A grandes rasgos Daniel sugirió que la presencia de la Sinfónica en la Cineteca tenía que ver con que el público no respondía a las programaciones de ambas instituciones. Que era muy poca la gente (comparado con otros espectáculos comerciales) que asistía a los conciertos de la Sinfónica y las exhibiciones de la Cineteca.
Yo planteé que eso era multifactorial. Que en los últimos años el público se ausentaba de las salas cinematográficas en general pero que en Cineteca Alameda el asunto era más grave por las deficiencias de su transición a lo digital. Que si bien ahora se cuenta con un cañón Full HD esta resolución es menor que la de las salas comerciales. Aunque se habían hecho arreglos al patio de butacas e incluso a los baños, había un problema tenía que ver con la capacidad de la Cineteca.
Comparé por, ejemplo, la situación de la Cineteca de San Luis Potosí con la de Zacatecas, cuyo aforo es mucho mas pequeño y luce lleno mucho mas fácilmente, al grado de que una función con 80 espectadores se podía considerar exitosa y el doble de público en la capital potosina hace lucir a la sala casi desierta.
Es un asunto complejo, apunté, debido a la importancia histórica del Teatro Alameda, sede de la Cineteca. Este edificio es el único coloso de los años cuarenta que sigue funcionando como sala. El resto ha desaparecido. Por un lado se antoja conservarlo como tal pero habría que evaluar su pertinencia como “sala cinematográfica de arte”.
Si lo que se busca es que la gente vaya a Cineteca yo propuse:
  1. Que ir a Cineteca Alameda permita convivir con los demás cinéfilos aunque eso pueda potencialmente crear vínculos que quizá no sean deseables para las autoridades.
  2. Que la Cineteca organice más experiencias didácticas: cursos, charlas, conferencias, cafés cinematográficos y lo que se les ocurra para que el público adquiera conocimientos que les permitan entender filmes innovadores formal y temáticamente.
  3. Que la Cineteca Alameda no sea un espacio hostil y que las proyecciones y la estancia valgan lo que cuesta la entrada. A fin de cuentas la Cineteca es una sala comercial sólo que dedicada a un público específico, dije al aire. También consideré indispensable que el público no viviera malas experiencias como fue la proyección de Ida en la Sala Lupe Vélez que califiqué como una de las peores ocurrida en toda mi vida. Las malas experiencias fílmicas son un atentado contra la cultura. En Cineteca no sólo se deben proyectar bien las películas. También se debe fomentar el arte cinematográfico informando, educando y seduciendo.
Señalé, retomando un punto propuesto por Adrián Ibelles, que era bien válido exigir y adelanté que en caso de que se pretendiera desaparecer a la Cineteca Alameda si habría una reacción de apasionados del cine. Además que la Orquesta Sinfónica del Estado merece todos los respetos, entre ellos el de tener su propio espacio. Incluso si el Teatro Alameda era el lugar adecuado para ella que ahí se quedara la Orquesta y que se construyera una nueva Cineteca.
A grandes rasgos fue lo que dije.
Ahora vamos con lo que no se dijo: a partir del minuto 28 de la grabación Daniel Portillo señala algo muy interesante: que estaban ocurriendo cosas que no podía decir al aire porque sería una falta de ética, pero que había enroques que habían generado todos esos cambios. En ese momento recibí un mensaje por el celular, incitándome a que “le sacara la sopa” a Daniel. No lo hice porque pensé que le podía costar el trabajo.
Lo que ocurrió esa tarde, después del programa, es que Daniel Portillo Rosales fue removido de la conducción del programa Zona Cultural los días lunes y martes y, por lo tanto, yo dejé de ser invitado a colaborar. Al parecer finalmente alguien escuchó en Secretaría de Cultura. Ese día se esperaba una participación telefónica del director de Cineteca Alameda, Mario Candia, para promocionar la última función de Ida. Nunca se pudo llevar a cabo. Yo fui testigo de ello por estar en la cabina.
¿Estaría Mario Candia escuchando el programa? No lo sé. El asunto es que Daniel Portillo fue llamado por Juan Carlos Díaz Medrano, director general de desarrollo cultural de la Secretaría de Cultura del Gobierno de San Luis Potosí y fue notificado de su salida del aire. Incluso recibí un correo electrónico, de una cuenta a su nombre, donde me pide acceso a mi copia del programa, que yo había subido a un espacio en la nube y se lo permití por solicitud de Daniel.

Al parecer nadie llevaba ese seguimiento ni tenía el cuidado de grabar los programas (hasta donde sé esa sería responsabilidad de un área de comunicación social) al grado que también me solicitó acceso a ese archivo un usuario con el nombre Vladimir Zamarripa con la cuenta de correo electrónico vladimircineteca@gmail.com, coincidentes ambos con el apelativo y el contacto del programador de Cineteca Alameda, según consta en su página de internet.


Entre lo dicho y lo callado el asunto es que se cerró mi espacio de colaboración en Zona Cultural. Lo lamento no tanto por mi, sino por la piel suave que han demostrado tener los funcionarios públicos a cargo de la cultura en San Luis Potosí. Así es cómo se responde a las críticas y a los señalamientos: acallando las voces que (a veces sin que se dieran cuenta) ejercemos la crítica.
Los textos aquí están, para quien guste leerlos y escucharlos. El lector deberá sacar sus propias conclusiones.
Por lo pronto me voy con el buen recuerdo de las atenciones que siempre tuvo la gente de Magnética FM, generosos y amables a mas no poder. Me quedo con el movimiento perpetuo de Daniel Portillo, inquieto y comprometido como pocos, apasionado del micrófono ante todo. Me quedo también con este espacio, derivado de mi intervención en Magnética. Lo seguiré alimentando hasta donde la energía lo permita. Buscaré otro medio de los llamados “masivos” o “tradicionales” para complementar una estrategia de comunicación.
No está mal tomando en cuenta que uno es un tipo solo que escribe después de haber visto una película.

domingo, 3 de mayo de 2015

La Muestra: El capital humano


Casi como si fuera una canción de Miguel Bosé (“en secreto y en silencio”) inicia hoy la Muestra Internacional en Cineteca Alameda. La Muestra es uno de los eventos mas esperados de la comunidad cinéfila. El viernes primero de mayo, en la página oficial de la cineteca de San Luis Potosí, aún no estaba anunciado el evento. Y ayer (domingo 3) aparecía un banner que anunciaba algunas de las películas. Pero por ningún lado encontré como tal el texto “Muestra Internacional de Cine”.
Es cierto que algunos medios como Hoy San Luis y Pulso anunciaron desde hace días el evento. Pero la página oficial de Cineteca es un elemento fundamental de difusión, que no pueden sustituir ni las redes sociales. El sitio oficial debería ser donde pudiéramos obtener su cartelera de manera eficiente. Pero no es así.
Me pregunto si realmente las autoridades, no sólo de Cineteca Alameda sino de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, desalientan intencionalmente la asistencia a la sala y con ello pretenden justificar un posible cierre o confinamiento de la exhibición a la inadecuada y honerosa Sala LupeVélez. No hay que perder esto de vista.
Mientras tanto pretendo publicar, el día de su exhibición, unos cuantos textos sobre las películas que ya he podido ver (el programa estuvo en Cineteca Nacional en el mes de marzo y abril) y también daré cuenta de aquellas películas destacadas que vea en estas dos semanas, aunque sea después de su exhibición ya que, después del fracaso que implicó la proyección de Ida [Pawel Pawlikowski. Polonia, Dinamarca, Francia y el Reino Unido. 2013], no sé si Cineteca Alameda vuelva a programar alguna de estas películas. Lo que, por otro lado, debería ser su obligación, su labor fundamental, complementada estratégicamente por campañas de difusión y educación fílmicas adecuadas.
La 58 Muestra Internacional de Cine en San Luis Potosí arranca con la exhibición de El capital humano [Título original: Il capitale umano. País: Italia. Año: 2013], una película ha ganado 42 premios internacionales y es el trabajo número 17 de su director, Paolo Virzì.
El filme tiene como evento principal un accidente sufrido por un camarero que, una noche de invierno en una ciudad de provincia de Italia, es embestido por un vehículo que se da a la fuga. En torno a este incidente se van armando un puñado de historias de padres y de hijos. Unos pertenecen a la clase media y aspiran a formar parte del segmento más privilegiado de la sociedad. Otros son inversionistas y especuladores, miembros exitosos de la burguesía. Otros más son los perdedores de siempre: confinados al trabajo arduo, la pobreza, las drogas y el delito.
El guión de El capital humano (escrito por el director en colaboración con Francesco Bruni y Francesco Piccolo y basado en la novela de Stephen Amidon) sigue una de las rutinas consentidas del moderno cine exquisito: la fragmentación del relato en varios capítulos asincrónicos que adoptan el punto de vista de diversos personajes y aclarando paulatinamente las ambigüedades planteadas al arranque.
Por un lado hay que reconocer que la película resulta clarísima, alejada de cualquier vestigio de confusión y con todas sus líneas cerradas al final. Pero en contra parte de este eficiente uso de la técnica narrativa, el resto de los aspectos estéticos del filme no resultan imaginativos.
En uno de los segmentos incluso se llega a abusar del oscurecimiento de la pantalla como estrategia de economía del relato: para no ver lo que los espectadores hemos visto antes, al momento de mostrarnos el mismo evento (una premiación en un colegio católico), reiteradamente se usa el desvanecimiento de la imagen al color negro. Esto vuelve eficiente el relato y convencional la técnica de la edición.
De igual forma el uso de un formato muy ancho, que guarda una proporción de 2.35 veces el alto de la imagen, nos da la impresión opuesta al conjunto de la película. Los capitales, incluyendo El capital humano, son frágiles: en el entorno social en que ocurre la historia pueden desaparecer de un momento a otro. Los encuadres de la película, por el contrario manifiestan una solidez extraordinaria.
Un ejemplo: cuando Carla (Valeria Bruni Tedeschi) nada en la alberca y recibe la noticia de la crisis por la que pasan los negocios de su marido, la cámara se mantiene firme en el piso, haciendo composiciones con líneas horizontales y verticales perfectas. La cámara va por un lado y el sentido profundo de la historia va por otro.
Por otra parte, el director parece tomar partido desde el principio por algunos de sus protagonistas. Dino (Fabrizio Bentivoglio), el aspirante a arribista, es bastante desagradable: su cabello desordenado, los pantalones y el reloj de color chillante son chocantes y más por el contraste que representa con el pedante pero impecable personaje interpretado Fabrizio Gifuni (Giovanni). De cualquier forma, el papel de los padres en esta película es ser despreciables y mantenerse ausentes, de las madres ser ignorantes y de los hijos ser víctimas. Hay que volver a ver La regla del juego [La règle du jeu. Francia. 1939] de Jean Renoir para recordar que todos tienen sus razones.
Yo no puedo estar más de acuerdo con la postura política del film, que aspira a retratar y criticar a quienes considera responsables de la crisis económica que vivimos (incluso el personaje de Carla lo dice, en su último plano frente al espejo). Pero en su eficiencia narrativa el guión se vuelve maniqueo: dividiendo a los personajes en buenos y malos los confina a una sola dimensión, escatima profundidad por abarcarlos en plano de conjunto y nos consuela con la melodramática solución de que el amor puede sortear todos los obstáculos y sobrevivir en ese ambiente hóstil al conjunto de la vida humana.

sábado, 2 de mayo de 2015

Avengers: era de Ultrón


Avengers: era de Ultrón [Título original: Avengers: Age of Ultron. Director: Joss Whedon. País: Estados Unidos. Año: 2015] es uno de los filmes más esperados de este verano que arranca. Evidencia: el jueves 30 de abril el lobby del conjunto al que asistí a verla, en punto de las 10 de la noche, estaba llena de gente que entraba y salía de las salas donde la exhibían. Otra: al día siguiente, primero de mayo, había gente esperando a las nueve de la mañana para entrar a los cines que no se habían abierto. Las expectativas fueron muchas y el resultado cuestionable.
La película narra el ataque que organiza, con fines de exterminio global de la raza humana, la inteligencia artificial llamada Ultrón (que tiene la extraordinaria voz de James Spader en su versión original) y que es repelido por el conjunto de superhéroes formado por Capitán América (Chris Evans), Iron Man (Robert Downey Jr.), Thor (Chris Hemsworth), Hulk (Mark Ruffalo), Black Widow (Scarlett Johansson) y Hawkeye (Jeremy Renner).
Este el corazón narrativo de la película escrita por Joss Whedon a partir de los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby. Por lo tanto resulta sorprendente que tenga una duración en pantalla de 2 horas con 21 minutos según el sitio IMDB. La falta de concentración hace gran mella en el abigarramiento, o mejor dicho, en el muégano que resulta ser finalmente la película.
Como el dulce mexicano, antaño responsable de pegajosas texturas en las salas nacionales, Avengers: era de Ultrón carece de una fuerte unidad formal: su núcleo tiene mal pegadas una serie de anécdotas secundarias incapaces de alzar el vuelo y que lastran la progresión dramática de la anécdota. El filme resulta empalagoso, arduo de deglutir, tedioso de consumir.
La película arranca con el asalto de los héroes a una fortaleza de la organización Hydra para recuperar el cetro de Loki (el villano hermano de Thor) tan perdido como yo entre tantas referencias a las otras películas de los protagonistas. Y de ahí empieza a disgregar. Hay encuentros con futuros miembros de Los Vengadores, la construcción de la inteligencia artificial, peleas entre los miembros del equipo, encuentros amorosos, descubrimientos de vidas familiares inéditas, enfrentamientos individuales de los protagonistas con sus miedos más profundos y hasta sesiones de coaching a cargo de Nick Fury (Samuel L. Jackson).
Y conste que no estoy siendo exhaustivo en cuanto a los excesos de la trama. Tan abusivo resulta el guión que hasta el cameo del venerable Stan Lee se extiende, en sentido estricto durante dos escenas, en lugar de una sola, como es costumbre en los productos del estudio Marvel. Para un espectador promedio (que no incluye a los frikis del cómic) lo más recomendable sería ver la película en 4D. Entiendo que es mucho más caro el boleto pero igual cuando le sacudan a uno el asiento o le avienten agua tendrá oportunidad de despertarse.
La segunda entrega de los héroes más grandes del mundo (según el lugar común difundido por Marvel) se antoja verla como un síntoma del hiper cine de nuestros días. Presupuestos hiper inflados (otra vez según IMDB el filme costó 250 millones de dólares). Sobre estimulación visual en las escenas de acción (con mucha violencia física y efectos digitales). Desproporción corporal (que va desde la creación del cuerpo de Hulk hasta la que se podría suponer ingesta excesiva de anabólicos por parte de Chris Evans). Un neobarroco donde el todo convive y se multiplica para perder sentido (GillesLipovetsky y Jean Serroy algo han escrito sobre esto).
Por lo tanto no me extraña que el director Joss Whedon no tenga capacidad para expresar fílmicamente una idea visual. ¿De qué trata su segunda película sobre Los Vengadores? De mucho y de nada. Ultrón, cuyo antagonismo con los superhéroes debería ser el motor de la historia se debate édipicamente entre un odio nunca expresado visualmente hacía el padre creador y su cruzada evolutiva que implica destruir a la raza humana.
Por otro lado una de las principales dificultades del grupo es mantenerse unido. Avengers assemble! es su grito de batalla en los cómics. Al principio del film que nos atañe hay un plano interesante, que podría haber resumido esa idea visualmente. El ataque a las instalaciones de Hydra incluye un largo fragmento de película sin cortes, donde la cámara va pasando de una a otra de las acciones que realizan los miembros del equipo.
Un plano secuencia en una película de acción siempre es interesante, ya que el recurso es generalmente utilizado en otro tipo de filmes más introspectivos, dicho sea con excepciones gozosas como el clímax de Las aventuras de Tintín - El secreto del Unicornio [The Adventures of Tintin. Steven Spielberg. Estados Unidos y Nueva Zelanda. 2011]. Este elemento expresivo del cine es una de las máximas expresiones de unidad en la pantalla.
Casi al final de Avengers: era de Ultrón la cámara empieza a dar vueltas en torno a los personajes, como si quisiera trazar otro largo plano como el del inicio, como señalando la capacidad de trabajo conjunto en torno a un objetivo y a un ideal. Tampoco es una idea que valore demasiado (ni siquiera en el contexto de la película) por su originalidad, pero al menos hubiera sido un intento de usar de manera más creativa el así llamado lenguaje del cine.
Lipovetsky y Serroy han escrito también sobre el cine que rebasa sus propias pantallas, entrando en relación con el resto de los medios, digitales o tradicionales, expandiéndose una manera no vista anteriormente. Por un lado la segunda película de Los Vengadores lleva el título de una serie publicada originalmente en cómic (Age of Ultron, escrita por Brian Michael Bendis y aparecida en 2013). Y por otro lado es un franquicia que se expande en mini series dirigidas al consumo televisivo tradicional (como Agents of S.H.I.E.L.D.) y al video on demand (Daredevil).
Ante estos excesos es fácil claudicar. Abstenerse de buscar un sentido profundo en donde sólo hay formas infladas, emociones que se pretenden fuertes, disgregaciones inútiles y falta de estilo. Definitivamente Avengers: era de Ultrón es una de las grandes decepciones del año. Podría decirse que nadie esperaba que fuera un gran film. Pero yo sí. Yo siempre espero una película maravillosa.

lunes, 27 de abril de 2015

Sala Lupe Vélez: cara, deficiente y poco respetuosa

El día de ayer asistí por vez primera a una proyección cinematográfica en la Sala Lupe Vélez, anexo de la Cineteca Alameda, la sala cinematográfica (que ahora se imagina como un conjunto) a cargo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de San Luis Potosí.
Hace más de un año fui ahí por primera vez, invitado por el Rodando Film Fest, para impartir una conferencia sobre cine mexicano. Yo esperaba encontrar serias modificaciones en el espacio ahora que empieza a utilizarse para proyectar películas de estreno ya que, desde entonces, no tenía noticias de que hubiese sido usada nuevamente.
Me sorprendió que en Cineteca Alameda decidieran usar la Sala Lupe Vélez para las últimas proyecciones de una película tan importante como Ida [Dirección: Pawel Pawlikowski. Coproducción de Polonia, Dinamarca, Francia y el Reino Unido. Año: 2013] que ganó el premio de la Academia Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood a mejor película de habla no inglesa y estuvo nominada en el rubro de cinefotografía. Ida es una película que “podría tildarse de prodigiosa”, escribió Óscar Rodríguez en el segundo número de La Claqueta (fecha de portada: Abril 2015) la publicación de Cineteca Alameda.
Entonces: ¿por qué darle a la película una proyección tan deficiente, tan poca respetuosa de la obra y de la experiencia del público? Trataré de dar respuesta después de justificar, con una pequeña narrativa, mi afirmación implícita en la pregunta.
Para ingresar a una proyección en la sala alterna de la cineteca de San Luis Potosí hay que comprar el boleto en taquilla. Este tiene un costo de 40 pesos (25 para estudiantes y para el público en general los jueves), igual que el ingreso a la sala principal. En esta ocasión no había servicio de dulcería. El ingreso a la Sala Lupe Vélez se ubica en la calle de Vicente Guerrero, en el lado norte de la Cineteca Alameda. Luego de comprar el boleto hay que caminar una cuadra por Constitución, torcer a la izquierda y caminar otra media cuadra. Ojalá nunca me toque hacer eso en una tarde de lluvia.
En el ingreso a la sala no hay una señalética exterior que la identifique. Peor aún, no hay siquiera un número que identifique al domicilio. Pero si uno tiene suerte seguramente será la única puerta abierta en gran parte de la cuadra. Para ingresar hay que subir un buen número de escalones. Antes de hacerlo nos recibe una placa, que deja bien claro qué instituciones pagaron la remodelación de la Cineteca. Es una superficie de apariencia brillante, como metálica, profesionalmente hecha. El nombre de Lupe Vélez, por el contrario, está impreso en una hoja de papel blanco y con tinta negra.
Hay un par de puertas para atravesar un vestíbulo donde no hay nada más que accesos que conducen a minúsculos baños. Ojalá nadie haya ocupado el papel en el sanitario de varones, por que le hubiera sido complicado cargar y cortar el rollo enorme ubicado sobre el depósito de agua.
La sala en si misma tiene piso de madera. Las sillas (que no butacas, 24 en total) no están ubicadas a desnivel, de tal forma que, desde que se sentó una pareja delante de mi, el cuadro de la película era recortado por las siluetas de sus cabezas. Afortunadamente estábamos sólo 8 personas sino no hubiera visto nada. Las sillas son plegables y agradecí que la película fuera corta, pues quién sabe si hubiera aguantado la incomodidad de los asientos.
El equipamiento de la Sala Lupe Vélez incluye aire acondicionado y persianas para tapar el paso de la luz. Estas funcionan relativamente bien, sin bloquear la claridad al 100 por ciento. El mayor problema es que a los lados del espacio de proyección (donde debería haber una pantalla) hay dos ingresos sin puerta a otro espacio lleno de claridad. El espacio seguramente funciona mejor de noche. Pero poco antes de las 20:00 horas, cuando terminó el film, había demasiada luz.
No sé exactamente cuál sea la definición ni la luminosidad del cañón. Por tratarse de una sala pequeña parece no tener mayor problema, aunque no parece un aparato construido para la proyección cinematográfica. Podría verse mejor si hubiera una pantalla. La imagen se proyecta directamente sobre una pared.
La amplificación del sonido recae en un conjunto de bocinas mal ubicadas. Al frente sólo queda el canal central y, a los lados, están los canales izquierdo, derecho y los traseros. La película la he visto tres veces: en Cineteca Nacional, en video casero y en la Sala Lupe Vélez. La peor experiencia ha sido en esta última: se perdió en gran medida el diseño sonoro de Ida, que se aprecia incluso mejor en la humilde casa de Ustedes.
El colmo de esta función fue que no se respetó el formato original de la película, cuya proporción de imagen es más bien cuadrada: el llamado formato académico de 1 de altura por 1.33 de ancho. Cuando empezaba la proyección de Ida manipularon el equipo y distorsionaron la imagen, como lo hacen en las tiendas departamentales para que la imagen de la televisión ocupe todo el espacio de las pantallas. La proyección de la Cineteca Alameda en la Sala Lupe Vélez tiene la misma lógica que la de las tiendas Elektra.
Los fotógrafos de cine le llaman a esto “torturar la imagen”. Es una falta de respeto a la concepción original de la obra, es una manipulación que sólo se entiende por la ignorancia y el desinterés. Es muy grave por que la Cineteca Alameda debería promover una cultura cinematográfica que incluyera la apreciación de las películas de la mejor manera posible.
El cine es un evento, dice Rick Altman. Cada proyección es una experiencia que define, con sus características técnicas, la forma en que el espectador accede a las películas. Y en la cineteca de San Luis han proporcionado una mala experiencia, cara y sin ningún carácter profesional. Ojalá no sean ciertos los rumores de que la proyección de las llamadas “películas de arte” serán confinadas a la Sala Lupe Vélez. Ir ahí es una invitación a no regresar jamás a la Cineteca Alameda.

Tocando la luna


La búsqueda de títulos interesantes incluso en una cartelera pequeña como la de San Luis Potosí debe hacerse con lupa. De no poner atención al detalle pasa desapercibida la presencia de la película Tocando la luna [Título original: Flores Raras. Dirección: Bruno Barreto. País: Brasil. Año: 2013] que resulta interesante al menos por tres razones.
Primero: es una película brasileña, aunque sea hablada en inglés. Esto es símbolo de la ardua globalización del cine latinoamericano, cuyos talentos a nivel fílmico no pueden ser ignorados por la gran industrial mundial del cine que es Hollywood. El director Bruno Barreto tuvo una cierta notoriedad y éxito con Doña Flor y sus dos maridos [Dona Flor e Seus Dois Maridos. Brasil. 1976] y su filme Cuatro días en septiembre [O Que É Isso, Companheiro?. Brasil y Estados Unidos. 1997] fue nominado al Oscar como mejor película de habla no inglesa.
Segundo: Tocando la luna es un filme biográfico sobre la reconocida escritora estadounidense Elizabeth Bishop, que es interpretada por Miranda Otto. Bishop fue poeta y traductora al inglés de poesía, incluyendo parte de la obra de Octavio Paz.
Tercero: la película aborda directamente la homosexualidad de su personaje central. El cine que aborda las relaciones amorosas y físicas entre personas del mismo sexo sigue siendo una rareza en las carteleras comerciales. Vale la pena hablar de la forma que utiliza el director para abordar la historia.
La película arranca con el viaje de la escritora a Brasil. Elizabeth Bishop intenta escribir poemas y éstos no terminan de cuajar en los Estados Unidos en la época de Eisenhower. A la neurótica y reprimida escritora que proveniente de la fría Nueva York, América del Sur se le manifiesta como un golpe de calor. La sensualidad está a flor de piel y además es recibida en casa de la arquitecta Lota De Macedo Soares, interpretada por Gloria Pires.
Lota sería la amante de Bishop durante muchos años. La anécdota de Tocando la luna está centrada en su relación. Lota de Macedo era parte de las familias reconocidas de Brasil y se movía en círculos políticos de primer orden. Fue muy influyente en la creación de la obra pública en Río de Janeiro y como arquitecta introdujo conceptos modernos en Brasil.
Lota de Macedo construyó una casa extraordinaria, ubicada en medio de una cañada y alejada de la ciudad para poder vivir en pareja con Mary (Tracy Middendorf). La llegada de Elizabeth modifica las relaciones, cambia el espacio y finalmente transforma su vida. Uno de los aspectos que más me llaman la atención de Tocando la luna es la manera en que aborda a las llamadas nuevas familias. En este caso se trata de un núcleo conformado únicamente por mujeres que adoptan a una bebé. Cada una de ellas asume un rol. Se autodefinen como abuela, madre y tía.
Este es un tema central en nuestros tiempo. La multiplicidad configurativa de las nuevas relaciones parentales es innegable. ¿Cómo aborda Barreto esta diversidad? El director filma su película de manera bastante convencional. Crea una anécdota clara, aborda el tiempo y el espacio de una forma clásica y por lo tanto legible para la mayor parte de los espectadores.
Uno pensaría que, para un nuevo tipo de relaciones humanas, es necesario crear una forma novedosa de representación cinematográfica, ajena a la que siempre ha contado historias de amor heterosexuales. Barreto filma su película de forma tal que no es diferente al de otras películas. Otros cineastas, como Julián Hernández, han explorado formas fílmicas novedosas para exponer el amor entre hombres en películas como Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor [México. 2003] y Rabioso sol, rabioso cielo [México. 2009].
La intención de Barreto puede ser mostrar o demostrar que los dramas humanos no son diferentes a causa de la orientación sexual. Cuando el entorno social no es opresivo (cuando se construyen espacios diferentes) entonces las historias de las personas son las mismas. Viven el drama de los celos, los momentos apasionados, los triunfos con alegría, las debilidades que se transforman en adicciones. Se vuelven una historia como cualquier otra.
Desde luego, esta es toda una posición política. No es la única posible, pero es una forma de exponer a los personajes y hacernos entender el momento en el que vivieron, así como lo frágil que pueden resultar las personalidades creativas que se atreven a viajar a las partes oscuras y profundas del sufrimiento humano.

lunes, 20 de abril de 2015

Ida


Ida [Dirección: Pawel Pawlikowski. Coproducción de Polonia, Dinamarca, Francia y el Reino Unido. Año: 2013] es una de las películas más interesantes en términos de forma y de contenido que hemos podido ver en los últimos años. Su llegada a una exhibición continua en San Luis Potosí está marcada por el retraso y por las condiciones arduas para ver películas en la Cineteca Alameda.
La historia que cuenta Ida transcurre en Polonia en los años de 1960. Anna, interpretada por la bellísima actriz revelación Agata Trzebuchowska, es una novicia que vive en un convento donde la vida transcurre con austeridad, rigor y fervor religioso. Antes de tomar sus votos es enviada a conocer a su único pariente vivo, su tía Wanda, cuyo papel está a cargo de Agata Kulesza. El viaje se vuelve una revelación múltiple ya que se Anna se dará cuenta de que su verdadero nombre es Ida, que su familia realmente era judía y fue casi totalmente exterminada durante la ocupación nazi de Polonia en la Segunda Guerra Mundial.
Juntas iniciarán un viaje para conocer el destino final de sus familiares. De este trayecto ni la tía Wanda (feroz fiscal del sistema de justicia comunista) ni la sobrina monja (Anna o Ida) regresarán igual. Habrán de enfrentar el odio racial, las complicidades cotidianas que hicieron posible el exterminio de los judíos y la crueldad de la historia verdadera. “Quizá en este viaje descubras que dios no existe”, dice la tía Wanda. Para ambas será un trayecto por una sociedad transformada, con una ansiedad colectiva ante un pasado no resuelto que les ofrecerá un atisbo de las diversas posibilidades que siempre ofrece la vida.
El guión está escrito de acuerdo a la austeridad que priva en toda la película. El texto escrito por Rebecca Lenkiewicz y el director Pawel Pawlikowski elimina ciertos momentos que se excederían el tono general de la película y que para otros guionistas y realizadores serían importantes, como son un accidente de tráfico, y por el contrario se concentra en instantes aparentemente intrascendentes pero que pintan muy bien a los personajes, como es el momento en el que la Anna o Ida se detiene a rezar en un cruce de caminos, del cual resulta un momento fílmico trascendente de toda justificación de acelerar la acción.
Uno de los asuntos que destaca a los pocos planos de haber iniciado la película Ida es la extraordinaria calidad del trabajo fotográfico, firmado a la limón por el veterano Ryszard Lenczewski y el joven Lukasz Zal. Ambos obtuvieron la nominación al Oscar a mejor fotografía, entre otros reconocimientos.
Su trabajo en la película Ida está hecho de manera no convencional. Filmado en formato digital pero rigurosamente apegado a ciertos aspectos de otra época: el blanco y negro y el formato académico, es decir, la proporción de pantalla es mas cuadrada que rectangular. La manera de componer las imágenes ubica a los personajes casi siempre en una orilla del cuadro o su parte superior o inferior. Con ello se quita del centro a la figura humana y se le da un lugar importante y a veces amenazador, al espacio que rodea a los personajes. Estos aspectos novedosos y tradicionales nos remiten a muchas grandes películas, como las de Carl T. Dreyer y las de Andrzej Wajda.
El formato poco glorioso empata perfectamente con los escenarios, desnudos hasta la sórdidez, de las granjas, caminos, hoteles, bares y salones de baile de la Polonia comunista. En estos agrestes terrenos, sorpresivamente, la vida y la sensualidad se imponen. El director Pawel Pawlikowski sabe que éstas se expresan y se imponen en un rayo de luz, en unas notas de jazz y en las palabras que describen una cabellera roja.
El entusiasmo que me despierta Ida no cabe en estas pocas líneas. Pero me preocupa que las únicas exhibiciones en una sala cinematográfica a las que tengan acceso los cinéfilos potosinos sean en la Cineteca Alameda. La semana pasada pudimos ver el documental Un día en Ayotzinapa 43 [Rafael Rangel. México. 2015] y las partes de arriba y de abajo de la imagen (que no tiene la mejor definición posible) se proyectaban en los telones, no en la pantalla.
La película se exhibe con un retraso considerable. En el Festival de Cine de Morelia se exhibió en octubre. Y desde antes de su primera proyección potosina (en la última Muestra Internacional de Cine) ya estaba disponible en formatos de dvd y bluray a nivel internacional. Eso significa que había copias ilegales en la red, disponibles para espectador ansioso. Con esa rapidez es con la que compiten los exhibidores y distribuidores de nuestros días.
Además, Ida se exhibirá desde mañana hasta el 25 de abril en la sala principal de la Cineteca Alameda. Y los días 27 y 28 (según dice en la programación) se proyectará en la Sala Lupe Vélez, un pequeño anexo a la misma Cineteca. Hace tiempo conocí ese espacio y definitivamente no tenía las condiciones para exhibir una película profesionalmente. Iré a esas funciones para reportar si ha mejorado.
¿Por qué se saca la película de la sala principal? ¿Hay otra actividad mas importante para Cineteca Alameda que no sea la proyección de películas? ¿Esta decisión está relacionada con el anuncio de que la Sinfónica de San Luis Potosí ocupará una parte del edificio de la Cineteca Alameda? La Secretaría de Cultura aún nos debe muchas explicaciones a la comunidad cinéfila.

lunes, 13 de abril de 2015

Cineteca Alameda: publicaciones y dudas


Antenoche estaba terminando el período vacacional de la Semana Mayor cuando, casi bajándome del camión en el que regresé a la ciudad, me enfilé a la Cineteca Alameda para ver el documental mexicano Un día en Ayotzinapa 43 (México, 2015). La película del cineasta Rafael Rangel se exhibió durante cuatro días en el recinto de Universidad y Constitución. El director estuvo presente en una de las funciones.
Es realmente relevante el hecho de que Cineteca Alameda haya programado el film a razón de tres funciones diarias, aunque el número de jornadas no abarcara una semana completa. Esta actitud lo hace parecer casi un cine “normal” de esos que abren todos los días y siempre proyectan películas.
Creo que películas como Un día en Ayotzinapa 43 son del tipo de las que deberían de verse en la cineteca de San Luis Potosí, ya que se trata de un documental filmado con bajos recursos, formalmente no convencional, que aborda un hecho clave en este momento que vivimos como país y que jamás llegaría a una sala de esas que llamamos comerciales.
En el Distrito Federal la película cumplió ya un mes en la cartelera de la Cineteca Nacional. ¿Cuál es la diferencia con San Luis Potosí? No es tanto un asunto demográfico, es decir, de la diferencia entre los tamaños de ambas poblaciones, que es inegable. El contraste radica en el hecho de que Cineteca Nacional ha formado de manera constante (y a lo largo de muchos años) audiencias ansiosas de ofertas fílmicas alternativas.
Un elemento clave en esta formación de públicos es la realización y distribución del Programa Mensual de la Cineteca Nacional: un libro de pequeño formato que no sólo contiene la cartelera, sino también un conjunto de textos que permiten contextualizar temática y formalmente cada una de las películas que son exhibidas.
Grata sería mi sorpresa al encontrar en la taquilla de Cineteca Alameda un folletito llamado La Claqueta, editado por esa institución y con contenidos cinematográficos. Se trata de una publicación de distribución gratuita, con un tamaño de un cuarto de oficio, lo cual la hace muy práctica de cargar y muy fácil de perderse o desecharse intencionalmente. El asunto del formato no es menor, sobre todo cuando tomamos en cuenta que un momento clave para leer este tipo de textos es cuando se espera el inicio de la película. Naturalmente la iluminación de un cine no es la de una sala de lectura. Pero si la impresión de La Claqueta fuera más clara, con tipografía más grande y con fondos contrastados, sin imágenes de fondo, podría ser legible incluso manteniendo su tamaño.
La portada, contraportada y tercera de forros de La Claqueta reproducen pósters de películas próximas a exhibirse. La segunda de forros tiene un índice, lo cual me parece un desperdicio tomando en cuenta lo pequeño de la publicación que apenas llega a 18 páginas numeradas.
El número 2 de La Claqueta (con fecha de portada de Abril de 2015) incluye 4 textos sobre películas. Hay uno sobre Un día en Ayotzinapa 43, tomado del Programa Mensual de la Cineteca Nacional. Otro sobre Ida, el filme de Pawel Pawlikowski (Polonia, 2014), escrito por el experto en cine y maestro Oscar Rodríguez Gómez. También hay uno sobre el Cine Infantil y el Mundo Digital y otro más sobre el cine de culto. Me concentro en éste último.
El Cine de Culto o la Mitificación de lo Disfuncional, el artículo firmado por Abraham Reyes trata de justificar la programación de la Segunda Semana de Cine de Culto que presentará la Cineteca Alameda. De entrada es una buena idea porque el concepto es escurridizo. Aunque después de leerlo no termino de encontrarle una razón a la programación que incluye, entre otras, La edad de oro [L'âge d'or. Francia. 1930], Orgía de horror y locura [The Rocky Horror Picture Show. Estados Unidos. 1975] e Identidad peligrosa [The Big Lebowski. Joel Coen. Estados Unidos y Reino Unido. 1998]. Algunas de esas películas además son anunciadas con títulos no oficiales como “El gran Lebowski”.
El texto de Abraham Reyes jamás atina en definir con mediana claridad qué es una película de culto, utiliza términos confusos como el de “baja producción”, que probablemente quiere decir producción de bajo presupuesto y menciona un título tras otro sin acabar de otorgarles sentido. También pasa de un argumento histórico de exhibición a uno de producción de manera injustificada y confusa. Aunque hay que reconocer el mérito de referirse a otro texto: eso impulsa al público lector, si llega hasta el final de la lectura, a proveerse de su propio conocimiento.
Estoy consciente del esfuerzo que implica armar una publicación. Pero ya que se está haciendo hay que procurar ser rigurosos a la hora de escribir, seductores al momento de presentar las películas, claros cuando toque diseñar y siempre conscientes de que todos estos aspectos sumados facilitan la lectura y estimulan el gusto por el cine. Reitero: una publicación como La Claqueta es clave en cualquier esfuerzo tendiente a construir un público que entienda y exija películas como Un día en Ayotzinapa 43 y que en algún momento pueda llenar continuamente una o varias salas de cine.
Por otra parte pienso que la Cineteca Alameda y la Secretaría de Cultura del gobierno estatal debe aclarar qué significa el que la hayan designado sede de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí tal y como se anunció en días pasados vía la prensa local. Yo tengo un par de dudas: ¿interferirán las actividades de la orquesta sinfónica con la proyección de películas? ¿Las adecuaciones al aforo, el lobby y los baños de la Cineteca Alameda (que han descuidado la proyección y el sonido) fueron hechas pensando en los conciertos de la Sinfónica?
Ojalá que no. Mejor aún: ojalá que no sea cierto el cambio de sede de la Sinfónica de San Luis. Porque la función central del Cine Teatro Alameda es ser la Cineteca del Estado de San Luis Potosí. Cualquier otra actividad es secundaria y no debe interferir con sus objetivos de fomento y apreciación del arte cinematográfico.