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lunes, 29 de diciembre de 2014

Las mejores películas de 2014


Para despedir a 2014 he redactado una serie de recuentos. Ahora toca a lo mejor del año. Obviamente se trata de una selección personal. Dejé grandes filmes fuera y me resultan conflictivas las películas que se quedaron dentro del recuento, ya que me cuestioné los méritos de un conjunto muy diverso.
Esta lista, igual que la de las peores películas de 2014, incluye cine exquisito, el que es mal llamado cine de arte, el que tiene las mayores pretensiones estéticas de innovación y experimentación y por lo mismo se aleja del modelo hegemónico del cine estadounidense de Hollywood.
Me detengo ampliamente en el cine mexicano que ha vivido un año al mismo tiempo rico y complejo, lleno de luces que nos llegaron desde grandes propuestas y de sombras que proyecta una difícil exhibición, muy ardua en nuestra ciudad, donde no ayudan los circuitos alternativos como la Cineteca Alameda.
Muchas de la películas fueron reseñadas en este blog anteriormente. Queriendo evitar reiteraciones pongo enlaces a mis textos cuando amerite. Según yo las mejores películas de 2014 fueron:
Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia. (Título original: Birdman). Dirección: Alejandro González Iñárritu. País: Estados Unidos. Año: 2014. Fecha de estreno en México: 13 de noviembre de 2014.
Lo mejor del cine exquisito, desde mi punto de vista, fue Birdman, la película de González Iñárritu que es un punto de encuentro entre la cultura popular y la alta cultura, entre el teatro, los comics y las más arriesgadas propuestas cinematográficas.
Es con mucho la mejor película hecha al momento por su director, apoyado por un extraordinario logro técnico y artístico del cinefotógrafo Emmanuel Lubezki. Créanme: no se trata de un arranque patriótico: Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia es una de las grandes películas de nuestros tiempos.
Eco de la montaña. Nicolás Echevarría. México y Estados Unidos. 2014. Fecha de estreno en México: Marzo 2014.
El documental del veterano Nicolás Echevarría (El niño Fidencio, el taumaturgo de Espinazo. México, 1980) es para mí la mejor película mexicana exhibida en San Luis Potosí en 2014.
No me extraña que sólo se haya exhibido un día en Cineteca Alameda ya que es una visión muy crítica de la cultura mexicana administrada por los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Un resumen de su anécdota lo demuestra:
Santos de la Torre es un artista huichol que vive en la sierra nayarita. Un mural suyo es inaugurado en París. Asisten los presidentes de México y de Francia con sus respectivos ministros de cultura. Y Santos, el indio huichol autor de la obra, no es invitado. Además, su mural es montado al revés.
Pasados los años, Santos de la Torre vuelve a hacer su obra, reinterpretándola como un evento de resistencia contra la presencia de las compañías mineras que pretenden instalarse en Wirikuta, el corazón físico de la cosmovisión huichol.
El conjunto de la obra de Echevarría (que es uno de los mejores realizadores de cine mexicanos) versa sobre el encuentro entre culturas. Eco de la montaña es profunda, bella, divertida y rebelde. Y casi nadie la vio. Cineteca Alameda la exhibió un solo día y prefirió repetir (una y otra vez) Ninfomanía (Nymphomaniac: Vol. I y Nymphomaniac: Vol. II. Lars von Trier. Dinamarca, Alemania, Francia, Bélgica y Reino Unido. 2013), siguiendo unos criterios de programación que en nada abonan a la cultura fílmica potosina.
Quisiera mencionar las que considero las mejores películas mexicanas del año, además de Eco de la montaña. Todas ellas representan ejemplos de las arduas condiciones de exhibición del cine nacional durante 2014:
Los Hámsters (Gilberto González Penilla. México. 2014): gran obra sobre la familia mexicana del siglo XXI que aún no tiene fecha de estreno comercial y que en nuestra ciudad ni siquiera fue exhibida en una sala cinematográfica.
Club Sándwich (Fernando Eimbcke. México. 2013. Fecha de estreno en México: 14 de noviembre de 2014), que fue pésimamente exhibida en nuestra ciudad merced al Imcine (Instituto Mexicano de Cinematografía) y a la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí.
Guten Tag, Ramón de Jorge Ramírez Suárez (México y Alemania. 2013. Fecha de estreno en México: 21 de agosto de 2014) y Obedienciaperfecta de Luis Urquiza (México. 2014. Fecha de estreno en México: 1 de mayo de 2014) fueron de las películas mexicanas que tuvieron mejor fortuna en la taquilla y en la exhibición.
Interestelar (Interstellar). Christopher Nolan. Estados Unidos y Reino Unido. 2014. Fecha de estreno en México: 6 de noviembre de 2014.
Para mi fue la mejor película de Hollywood en 2014. Por que es una fábula sobre la trascendencia humana a través de la cultura, la tecnología y la capacidad de soñar otros mundos. También por que está filmada con imaginación y carácter. Por que al mismo tiempo es un filme entretenido y profundo, rebasando los límites de los géneros y las películas comerciales.
Por eso creo que Interestelar del director de El origen (Inception. Estados Unidos y Reino Unido. 2010) y Batman: El Caballero de La Noche (The Dark Knight. Estados Unidos y Reino Unido. 2008) es de lo mejor del año 2014.
Por último, la mejor de todas las películas estrenadas en nuestra ciudad en 2014 fue:
El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street). Martin Scorsese. Estados Unidos. 2013. Fecha de estreno en México: 10 de enero de 2014.
Una película ardua y dura de ver que nos cuestiona las nociones modernas de éxito, absolutamente desbordada que al mismo tiempo es hollywoodense y resulta exquisita, yendo a la vanguardia de las propuestas más arriesgadas de todo el orbe fílmico.
Scorsese sigue siendo uno de los grandes provocadores. Filma con energía, maestría e inspiración. No busca conmover ya que siempre mantiene una distancia emocional maravillosa única en el cine estadounidense. Por ello quizá resulta difícil de ver El lobo de Wall Street y no tanto por el cinismo que manifiestan sus personajes. Lo cual no evita que sea la mejor de todas las películas de 2014.
Pueden escuchar comentarios a estas y otras películas en el podcast Sonido Directo, que esta semana presenta lo mejor y lo peor del cine exquisito y de las adaptaciones del cómic al cine. El próximo año espero seguir contando con su atención. Mientras tanto les deseo que la vida se les llene de cosas buenas y los ojos de buen cine.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia

Corro el riesgo de la repetición. Hace una semana dije que Interestelar (Interstellar. Christopher Nolan. Estados Unidos. 2014) era una de las grandes películas del año. Hoy debo escribir lo mismo tras haber visto Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman. Estados Unidos. 2014) del realizador mexicano activo en Hollywood, Alejandro González Iñárritu. Naturalmente los méritos de ambos filmes son distintos. Trataré de explicar algunos que detecté en Birdman. Sin embargo, queda pendiente escribir sobre varios aspectos de la obra.
Una de las cosas buenas que le ha ocurrido a la carrera de Alejandro González Iñárritu fue el haber concluido su colaboración con el guionista Guillermo Arriaga que, desde Amores perros (México. 2000) hasta Babel (Francia, Estados Unidos y México. 2006), son asestó a los cinéfilos unos guiones supuestamente complejos y sorpresivos que realmente sólo impactaban a los poco conocedores de la materia cinematográfica.
De esas experiencias con historias múltiples algo queda en la última película de González Iñárritu. A diferencia de Biutiful (México y España. 2010) que es un filme hiperconcentrado en la condición de su personaje principal, agobiado por la enfermedad y la inminencia de la muerte; en Birdman también tenemos un personaje en crisis de renacimiento pero la estructura del guión permite un sano desarrollo de varios personajes secundarios.
Birdman narra la historia de un actor cinematográfico venido a menos. Riggan es interpretado por Michael Keaton de forma que se antoja testimonial si se toma en cuenta que usó la capa de Batman en las dos películas dirigidas por Tim Burton (Batman y Batman Returns. Estados Unidos. 1989 y 1992, respectivamente). Riggan se hizo famoso interpretando a Birdman, un súper héroe alado. Ahora su fama ha convertido en trivia y siente que su última oportunidad para demostrar que es un artista es montando una obra de teatro en Broadway.
Un accidente a pocos días del estreno abre las puertas para que Mike ingrese al elenco. Se trata de un actor prestigiadísimo y conflictivo interpretado por el no menos valorado Edward Norton. Riggan, a la sazón director, productor, adaptador y estrella de la obra, entra en ruta de colisión con él. Pero Mike, mas allá de su condición de súper actor, es también vulnerable. Vive con miedo a la impotencia y el único sitio donde la esquiva es en el escenario.
Por otro lado están sus mujeres (Naomi Watts y Andrea Riseborough) ambas en los roles femeninos de la obra, aspirando a manipular a sus hombres y entregadas a un espiral de abandono y autocompasión alrededor de una atracción lésbica.
Pero quizá el más importante de los roles de apoyo sea el de Sam, interpretado por Emma Stone. Ella es la hija de Riggan y en apariencia es frágil por sus adicciones y la conciencia (que se irá incrementando) de las debilidades y crisis de su padre. A ella se le reserva un momento clave en el filme donde sus ojos resumen muchas posibilidades de interpretación del artificio cinematográfico de Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.
En redes sociales se habla del evidente logro técnico de la película, filmada mayoritariamente en planos secuencia cuyos cortes son disimulados para dar la impresión de que es un todo continuo. No me interesa denunciar que se trata de un truco, me interesa hablar del resultado en pantalla, sin duda alguna imaginativo y meritorio, no sólo para González Iñárritu sino también para su fotógrafo Emmanuel Lubezki.
El plano secuencia implica filmar una serie de eventos sin recurrir a un corte. Los actores, cuando se usa este modo de filmación, se reencuentran con las posibilidades y exigencias del teatro. Por un lado deben aprender largos parlamentos (en el caso de Birdman se habla de que se filmaban hasta 15 cuartillas de sin parar) pero por otro les permite sumergirse en sus personajes. Esta virtud es ampliamente explicada en los textos de André Bazin, sobre todo en su libro sobre Orson Welles.
Otro director que ha señalado cierta equivalencia entre este procedimiento y la danza es Woody Allen, quien ha hablado de una coreografía entre la cámara y los actores. En el caso de Iñárritu la similitud es bien válida: los actores se mueven por los pasillos del teatro, se relacionan entre ellos y realizan varias acciones que van constituyendo una unidad dramática con ritmo sincronizado y complejo, con una cámara en constante movimiento, en diversos ambientes iluminados artificialmente que refuerzan el sentido de la historia, como cuando Riggan y Laura (Andrea Riseborough) tienen un divertido diálogo sobre su paternidad.
Pero a diferencia de la propuesta de André Bazin, quien señalaba que el plano secuencia reforzaba la sensación en pantalla de que se asistía a un tiempo real y objetivo, imposible de manipular mediante procesos de edición, Alejandro González Iñárritu en Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia manipula no sólo el tiempo, sino los distintos niveles de realidad.
Hace 66 años Alfred Hitchcock filmó La soga (Rope. Estados Unidos. 1948) usando muy también pocos cortes, determinados por la duración de los carretes cinematográficos de la época. El resultado fue un filme en tiempo real, donde la duración de la anécdota era igual a la duración del filme en pantalla.
En Birdman las cosas son diferentes. La historia debe ocurrir a lo largo de 4 ó 5 días (un segundo visionado me permitiría ser mas preciso en este dato) y la película dura 119 minutos, con todo y secuencias de créditos. González Iñárritu realiza elipsis marcadas, es decir, saltos hacía adelante en el tiempo sin necesidad de cortar. Elimina períodos extensos de la anécdota sin recurrir a los procedimientos convencionales de la edición en el cine de Hollywood.
Pero ocurre que un elemento fundamental de Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia es la atormentada subjetividad de Riggan – Michael Keaton, personaje – actor al borde de la esquizofrenia, el hombre obligado a llevar una máscara que le hará primero rico y poderoso y después lo tornará débil y lo pondrá al borde de la pobreza y de la muerte. El primer plano es emblemático. Keaton flota, literalmente en su camerino, sentado en el aire en flor de loto. Constantemente manifiesta habilidades telequinéticas, generalmente rompe objetos sin tocarlos. Pero todo ello lo hace cuando está solo. Es como el hombre invisible del equipo de los Hombres misteriosos (Mystery Men. Kinka Usher. Estados Unidos. 1999) que sólo podía usar su poder cuando nadie lo veía.
Riggan – Keaton manifiestan una psique aparentemente al borde del colapso. Escuchan una voz que los intimida. Asisten a eventos no usuales. Los planos secuencia de Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia se niegan a proporcionarnos un asidero a la realidad. No indican dónde termina el mundo onírico y no podemos determinar dónde comienza la objetividad.
González Inárritu nos niega el contracampo, es decir, la imagen que complementa la mirada de los personajes. El procedimiento de campo / contracampo permite ver primero a un personaje y luego mirar lo que mira. Es de lo mas común del cine. El director mexicano prefiere el plano secuencia y el montaje que produce significados y metáforas antes de definir claramente los límites de la enfermedad mental.
Este procedimiento adquiere pleno sentido cuando Sam – Emma Stone abre sus ojos desproporcionadamente y compartimos con ella la no esperada certeza de que los sueños, la locura y la realidad son los componentes de aquello que solemos llamar humanidad y que pareciera estar destinada a remontar el vuelo si confía – en medio de todas sus crisis y siguiendo el principio nahua - tolteca – en la necesidad de forjarse un rostro (y con él un corazón). ¿Cómo? Mediante la creatividad que permite la cultura. Como en Interestelar.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Interestelar


En pantalla vemos a una familia de granjeros estadounidenses. Como sabemos que Interestelar (Título original: Interstellar. Director: Christopher Nolan. Países: Estados Unidos y Reino Unido. Año: 2014) es una película hollywoodense, sin problema aceptamos que el padre sea un actor conocido, como lo es Matthew McConaughey. La situación es normal y se presenta con realismo. El padre lleva a sus hijos a la escuela en una camioneta por un camino entre campos de maíz.
Algo los distrae atrayendo su mirada al cielo. No hay temor ni sorpresa en ellos. Hay excitación. Acaban de divisar a un dron, es decir, una aeronave no tripulada. Van tras ella y explican: es de la fuerza área hindú. Tratan de controlarlo a través de una computadora portátil y finalmente lo logran. Con su batería pueden darle energía a una granja.
Las películas de ciencia ficción suelen ser mas fascinantes por el mundo que plantean que por su anécdota y su realización. Así pasa, por ejemplo, con la primera parte de Los juegos del hambre (The Hunger Games. Gary Ross. Estados Unidos. 2012) en cuyo arranque (en el que plantea un orden mundial absolutamente distópico) no puede ser superado por el desarrollo del drama que plantea la historia.
Igual que en esta película, con la que comparte género, Interestelar se extiende al inicio. Intercala testimonios a cuadro, personas que hablan en pasado sobre una situación terrible. El mundo está al borde la crisis alimentaria total. Las plantas están desapareciendo. La última en sobrevivir es el maíz. El polvo lo cubre todo, produce enfermedades. Ya no hay ejércitos. El dron del que hablábamos al principio lleva diez años volando sin propósito. La tierra ya no soporta a los seres humanos.
En este escenario de crisis la historia ha sido reescrita. Urge que los jóvenes se preparen para una tarea clave en la supervivencia humana: hacer que la tierra produzca. Y he aquí que comienza el drama de los protagonistas. Cooper (Matthew McConaughey) no siempre fue un granjero. Era un ingeniero aeronáutico y un piloto altamente calificado que trabajó para la agencia espacial estadounidense. Murphy, su hija de 10 años (Mackenzie Foy) tiene el talento y la inteligencia suficientes para seguir sus pasos. Pero en los nuevos libros de historia el programa espacial es desacreditado, se presenta sólo como una estrategia política que ayudó a destruir a la Unión Soviética.
En medio de este tono realista hay una presencia extraña. En el cuarto de Murphy se manifiesta algo que podría ser un fantasma, o al menos así le llama ella. Se caen constantemente los libros (entre ellos la “Breve historia del tiempo” de Stephen Hawking) y finalmente Cooper descubre un patrón, unas coordenadas, como si se tratara de un encuentro cercano del tercer tipo (Close Encounters of the Third Kind. Steven Spielberg. Estados Unidos. 1977).
En estas coordenadas hay una instalación secreta. Ahí la Nasa sigue realizando un programa espacial casi clandestino. La población en general ignora que el planeta está por extinguirse y que es necesario abandonar la tierra en busca de un nuevo hogar para la raza humana en el espacio interestelar. Para ello se cuenta con una ayuda no esperada. Otros seres, en otro lugar del universo, han abierto un portal en la órbita de Saturno, para poder trasladarse a confines insospechados.
Este es sólo el arranque de Interestelar, fascinante para quien sepa encontrar la enorme cantidad de referencias a nuestro mundo actual y sus apuntes a los de temas de la educación, la ciencia, la tecnología y el deterioro ambiental que vivimos. No estoy contando la historia de la película ni siquiera en una tercera parte. Pero con esto creo sería suficiente para justificar los méritos de la película de Christopher Nolan. El desarrollo posterior de la trama no decae ante el brillante planteamiento de la anécdota. Pero hay mas elementos que van mas allá del argumento y abarcan todas las estrategias formales de la película.
Sigo una idea de David Bordwell para mediante la comparación ubicar al cine de Nolan. Creo que por un lado se encuentra Stanley Kubrick en 2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odyssey. Estados Unidos y Reino Unido. 1968), quien rompía con la narrativa clásica de Hollywood para plantear de una manera ambigua temas muy complejos de la naturaleza humana proyectada a las estrellas. Por otro lado está, Steven Spielberg quien asumía la claridad narrativa tradicional del cine estadounidense, a veces llegando a simplificar sus temáticas pero siempre logrando filmes de una calidez humana extraordinaria.
Christopher Nolan asume ambas tendencias, su obra se desarrolla en un territorio intermedio, ya que presenta temas muy complejos ambicionando ser claro en todo momento. Yo no sé si hace cinco años, cuando no había leído el referido texto de Stephen Hawking o “Ciencia, tecnología e historia: relaciones y diferencias” de Javier Ordoñez hubiera podido inferir tanto de la película Interestelar. ¿Qué pasará con un espectador que no haya tenido acceso a estos materiales?
No lo sé. La película es un filme de aventuras pero su universo ficcional se adentra en los territorios de la física teórica, por cierto de una manera que yo no podría decir si es correcta o incorrecta: esa evaluación la dejo a mis amigos y lectores especialistas en esa área. Lo que si puedo decir que esta es una película apegada a los modelos tradicionales de narrar pero que visita territorios innovadores. La aparente contradicción que puede ser fascinante.
Nolan realiza una puesta en escena muy inteligente, con elementos que provienen del cine documental como los testimonios en pantalla y con una cámara en mano, sobre todo en las escenas que se desarrollan en el espacio. Con ello se marca una diferencia interesante con Gravedad (Gravity. Alfonso Cuarón. Estados Unidos y Reino Unido. 2013) construida con unos extraordinarios planos etéreos. Interestelar se ancla en una visión humana, igual que lo hace la cámara de su director de fotografía, el suizo Hoyte Van Hoytema.
Quizá este anclaje humano sea lo que pueda darle trascendencia a una de las frases, desde mi punto de vista, mas relevantes de la película, cuando se dice que el amor es lo único que puede superar al tiempo y a la gravedad, que al parecer es la fuerza física máxima del universo. Sólo que donde dice “amor” hay que leer “cultura”. Claro, si eso dijeran los personajes sería un documental, no una película de ciencia ficción.
El amor es capaz de darle sentido a las existencias, le otorga significado a los actos de los seres humanos. Mas que un sentimiento es un acuerdo social. Podría ser la manifestación de instintos básicos como el de la reproducción y por lo tanto el de la perpetuación de la especie, pero también va mas allá. Es el apego a la vida ante la inminencia de la muerte. De ahí la confrontación entre Eros y Tanatos. El amor es un artefacto cultural.
En Armageddon (Michael Bay. Estados Unidos. 1998) la tecnología es lo que impide la destrucción del planeta tierra y de la raza humana. En Interestelar es la capacidad de imaginar, propia de la cultura, lo que permitirá construir otro mundo en las estrellas. Y es una idea fascinante que ese nuevo espacio, creación absoluta del hombre como género, esté metido en una esfera, con perspectivas distorsionadas del arriba y del abajo, como en el espejo de Jean Cocteau en La sangre de un poeta (Le sang d'un poète. Francia. 1932) o como en los pasillos de El origen (Inception. Christopher Nolan. Estados Unidos y Reino Unido. 2010). Cabe mencionar que la similitud entre ambas películas no la establezco yo sino Mark Cousins en su serie sobre La historia del cine: una odisea (The Story of Film: An Odyssey. Reino Unido. 2011).
Celebro el estreno de Interestelar por que es de esas películas que, en medio del desastre demasiado evidente que vivimos, plantean una posibilidad de futuro acorde con la imaginación y el conocimiento que hemos sido capaces de desarrollar los seres humanos, que es capaz de valorar a la cultura como algo útil, mas allá de las políticas que definen de manera inmediata lo que es válido y lo que no lo es.
También me congratulo de encontrar un guión con una estructura compleja, pero clara a la vez, donde la historia se va desdoblando, que se esfuerza por que cada escena tenga un equivalente en el avanzar de la película y por lo tanto una justificación. Por ello se extiende casi tres horas, pero eso no me parece relevante.
Estos son algunos apuntes, me temo que mas inconexos que de costumbre, sobre una película que deberé volver a ver tomándolos en cuenta. Creo que en Interestelar hay mucha mas materia que la que pude abordar para hacer análisis de tipo formal y para interpretaciones que puedan ser válidas y estimulantes. Válido y estimulante... como debería ser el cine en su conjunto.