Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Woody Allen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Woody Allen. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de mayo de 2016

Un hombre irracional




Un hombre irracional (2015) es la reflexión cinematográfica número 50 en la carrera de Woody Allen. Un filme intelectual pero al mismo tiempo claro, resumen del estilo y los temas que su director ha cultivado en 5 décadas. Resulta también una apuesta por la vitalidad que pudiera resultar sorprendente en un cineasta de 80 años si se desconoce o se ignora premeditadamente su obra.
 
Joaquin Phoenix personifica a Abe, un profesor de filosofía que llega deprimido y alcoholizado a impartir un curso de verano al Braylin College, campus ubicado en un pueblito de la costa este estadounidense. Su fama de “filósofo maldito” lo antecede y fascina a su alumna Jill, interpretada con grandes ojos y cortos vestidos por Emma Stone. Abe es incapaz de relacionarse con nadie ni de disfrutar la vida hasta que la idea de cometer un asesinato se instala en su mente.
El modelo narrativo de Un hombre irracional es La sombra de una duda (1943). No es la primera vez que Woody Allen se inspira en la obra de Alfred Hitchcock para proponer una narrativa propia. Ya lo había hecho con fortuna en Un misterioso asesinato en Manhattan, su infravalorada película de 1993. En aquel caso la referencia directa era a La ventana indiscreta (1954), obra anclada en la visión de quien resuelve un crimen. La sombra de una duda tiene una doble focalización: pasa del asesino (Joseph Cotten) a su sobrina  y admiradora (Teresa Wright) quien finalmente descubre y castiga sus crímenes.

En su film de 1943 Hitchcock se concentra en los motivos intelectuales del asesino. Es memorable el discurso de Joseph Cotten al respecto. Allen tuerce el modelo original. Su película plantea también las justificaciones racionales del asesinato pero se expande en la vitalidad que otorga un acto que, siendo de una justicia evidente, transgrede los códigos de conducta convencionales. El “hombre irracional” de Allen realiza un largo recorrido intelectual para reencontrar la vitalidad siguiendo las huellas del instinto.


Ver en pantalla la barriga abrumadora de Joaquin Phoenix simbolizaría la mediocridad extrema del entorno académico si no fuera por sus arrebatos y su intensidad romántica. Como Harry Block (Los enredos de Harry, 1997) Abe pasa por un período de incapacidad creativa. A diferencia de él no lo soluciona reconciliándose con su pasado, sino abrazando (o abrasando) su futuro.


Abe tiene claro que realizar un libro sobre el fascismo en el siglo XX y su relación con la filosofía de Søren Kierkegaard es una contradicción cuando se hace desde la comodidad de una hermosa casita suburbana, ubicada en una comunidad hiper aburguesada, cuyos habitantes coleccionan obras de arte y tienen hijas que interpretan a Bach al piano. Un medio bello y pacífico con habitantes fascinados por la violencia, ilustrado esto por escenas como la de la ruleta rusa que no se atreven a jugar los universitarios y las charlas de sobre mesa sobre artículos de nota roja.


El personaje de Joaquin Phoenix entra en conflicto hasta muy tarde con el de Emma Stone, quien no para de ofrecérsele a su profesor en la primera parte de la película, pero que resulta a la postre incapaz de comprender el renacimiento provocado por la transgresión al ser capaz de ver y plantear las consecuencias de los actos de Abe. Se convierte en la única posibilitada para reinstaurar el orden roto de la comunidad, para reparar el daño que puede provocar un pensador en crisis decidido a pasar a la acción. Los antagonistas no son Abe y Jill. El conflicto es entre Abe y el entorno que representa las condicionantes sociales.


Las complejidades temáticas de Un hombre irracional van en sentido opuesto de la claridad con que Allen narra la historia. Haciendo uso de los recursos propios de uno de los cineastas más experimentados de la actualidad, Allen logra una película que parece sencilla pero cuyos elementos están cuidadosamente seleccionados. El beso frente al espejo distorsionador sería un ejemplo puntual.


Pero ello no quiere decir que Woody Allen haya optado por los convencionalismos en Un hombre irracional. Antes se permite la selección de un tema musical (The “In” Crowd de Ramsey Lewis Trio) que se convierte en motivo recurrente pero cuya liviandad se opone a la pesadez de los actos y pensamientos de los personajes, como la pesada figura de Abe se contrapone a la delgada silueta de Jill y la oscuridad del alma atormentada a los idílicos paisajes filmados en Rhode Island.


Allen hace décadas que juega con esa contradicción. Le fascina filmar la belleza de los espacios y de las actrices. Le seduce ahondar en la sombra de sus personajes masculinos. Explora los fracasos de los creativos y de los pensadores. Puede terminar su película con una redención a veces mágica (por tanto inexplicable). Pero en esta película, al modificar la posición de esta epifanía se da tiempo para convertirla en una caída inevitable al foso oscuro de la existencia humana.


Tres párrafos aislados para dejar claro lo inagotable del film:


Darius Khondji, el director de fotografía de Medianoche en París (Allen 2011) y de Amor (Michael Haneke 2012), hace el trabajo de luces y encuadre más cuidadoso de los últimos años en la obra de Woody Allen. Sin él esta reflexión sobre la belleza y la sordidez carecería de la fuerza evidente en pantalla.


Un hombre irracional ha sido completamente ignorada por los exhibidores potosinos. Se estrenó muy tarde en la Ciudad de México mientras las salas comerciales de San Luis están engolosinadas con blockbusters de súper héroes y la Cineteca Alameda no es capaz de programar algo con un mínimo de originalidad o interés, languideciendo su público en funciones de la Muestra Internacional de Cine cada vez más vacías. Así que a los cinéfilos no nos queda de otra: hay que conseguir a como dé lugar el antepenúltimo film dirigido por Woody Allen antes de que se empalme con Café Society (2016), presentada recientemente en el Festival de Cannes.


Aquel que se queje de la repetición de temas y modelos narrativos – estilísticos en esta película o en cualquiera de Woody Allen merece que le sorrajen en los ojos otras 7 películas de la guerra de las galaxias, 20 de súper héroes y más largometrajes pedestres de Xavier Dolan.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Magia a la luz de la luna


Magia a la luz de la luna (Título original: Magic in the Moonlight. Dirección: Woody Allen. Coproducción de Estados Unidos y Reino Unido. Año: 2014) es prueba de la constancia temática y del dominio estilístico que su director y guionista tiene sobre el cine y sus formas de narrar. El espectador que busque novedades, rupturas y reinvenciones deberá buscar en otro lado. Allen a sus 79 años recién cumplidos sigue siendo Allen, uno de los directores clave de nuestros tiempos.
Su última película, Magia a la luz de la luna, llegó esta semana a las salas de San Luis Potosí. Es prácticamente imposible regatearle méritos. A nivel de la historia Allen sigue demostrando gran habilidad al momento de torcer la anécdota hacía profundos momentos de crisis existencial para sus personajes, que pocos autores acostumbran tratar en tono de comedia.
Stanley (Colin Firth) lleva una doble vida. Arriba del escenario es Wei Ling Soo, un ilusionista chino que triunfa en toda Europa. Abajo, es un inglés racionalista y ateo, con el encanto de una epidemia de tifus, como lo describe otro personaje. Stanley está obsesionado por los trucos de magia por la forma en que se realizan y por cómo conservar el misterio sobre ellos.
Cuando es invitado a descubrir, como experto en trucos e ilusiones, a una médium aparentemente fraudulenta, se encuentra con Sophie (Emma Stone), una estadounidense bella y pobre que le hace poner en duda su actitud descreída sobre el mundo.
Las preguntas del personaje de Stanley son constantes en la obra de Allen: ¿el ser humano puede aspirar a trascender espiritualmente? ¿Qué es la religión sino un conjunto de trucos e ilusiones? ¿Acaso no consideramos mágicos a los eventos que se escapan de una explicación racional? ¿No conservan religión, magia y arte ciertas similitudes que hacen soportable vivir nuestra propia vida, pequeña, insignificante, vacía y aburrida? Tomando en cuenta esto: ¿hay otra posible interpretación de la última escena de Magia a la luz de la luna?
Que nadie se engañe con el tono de comedia de Allen. Él ha sido uno de los directores que mayor empeño han puesto en tratar temas trascendentales en el cine estadounidense, apelando a elementos propios de su cultura (como el jazz) a pesar de llevar muchos años de exilio creativo en diversos países de Europa. Lo importante es que Allen jamás a claudicado al tratar temas serios en sus películas, las cuales quizá hubieran tenido mucho más éxito si no hubiera seguido a directores como Ingmar Bergman en la senda de las más incomodas cuestiones que atañen al ser humano del siglo XX y XXI.
El estilo cinematográfico de Allen ha cambiado con el paso de los años. En los 90's realizó varias grandes películas en donde demostró su gran dominio de los planos de larga duración en pantalla, bastante complejos en su aparente sencillez por la manera en que limitan al director sus posibilidades de corregir errores.
Ahora Allen se da oportunidad de dividir las escenas en varios planos, ajustándose a una rigurosa continuidad. Pero cuando lo considera necesario, vuelve a los planos secuencia, es decir, a los fragmentos largos de película que carecen de corte y permiten en desarrollo de las habilidades histriónicas de los intérpretes. Tal es el caso del diálogo entre la Tía Vanessa (Eileen Atkins) y Stanley, clave en la conclusión del film y apenas dividido en dos planos bastante extendidos.
Eso sí, Allen decide poner su cámara a tal distancia de los personajes que siempre permite apreciar la cuidada recreación de época (la película transcurre en los años de 1920's), el manejo sublime de la luz por parte de su director de fotografía (Darius Khondji) y la selección afortunadísima de los exteriores en el sur de Francia.
Como siempre, el trabajo actoral de las películas de Allen es irreprochable. Colin Firth es al mismo tiempo aborrecible y fascinante, firme en sus frías convicciones y ardiente deseoso de que algo más ocurra con su vida. Emma Stone, ya me he referido a ello con ocasión de otra película, tiene uno de los pares de ojos más bellos del cine actual y con la naturalidad de su estar nos hace pensar en la posibilidad de una especie de santidad en el mundo real.
Woody Allen sigue entendiendo el cine como magia, no hay que olvidar que fue ilusionista antes que director. El cine es una técnica puesta al servicio de la creación de algo que realmente no existe, que nos hace atisbar en la posibilidad de que algo superior nos rodea. Igual que la magia, produce seres ensimismados en el dominio de sus procesos, pero que aspiran una una libertad que nos hagan remontar nuestro plano normal de existencia.

lunes, 1 de diciembre de 2014

10 películas (casi) olvidadas de Woody Allen


Hoy Woody Allen cumple años. 79 para ser exactos. Me han pedido que haga una lista de diez películas suyas. Me agrada la idea: la obra de Allen fue muy importante para mis inicios de cinéfilo. Fortuna y gusto me han hecho ver casi completa su amplia filmografía. Por ello me permito armar un listado de algunos de sus filmes que siendo menos conocidos son ampliamente recomendables.
Recuerdos. Stardust Memories. 1980. El homenaje de Allen al cine. Un director debe asistir a una retrospectiva de su obra y enfrentar (en el plano real y en el onírico) sus pulsiones, miedos y angustias. Woody Allen se autoparodia y al mismo tiempo cita la obra de Federico Fellini, Orson Welles, Ingmar Bergman y Vittorio de Sicca, algunos de sus amores cinematográficos. Tiene algunas de sus mejores líneas de diálogo, una de ellas pronunciada cuando le preguntan qué estudió en la universidad: “asistí a la universidad pero yo no estudié, ellos me estudiaron a mi”.
Broadway Danny Rose. 1984. Los personajes interpretados por Allen en ambas películas son antípodas. Aquel es la imagen del éxito, éste es un absoluto fracasado: Danny Rose es un representante de artistas que, en cuanto tienen un poco de éxito, lo cambian por otro. No importa que él sea el más generoso del mundo al momento de compartir miserias. Lo cómico del asunto viene de la energía y empeño que el personaje invierte en causas absolutamente perdidas.
Septiembre. September. 1987. Uno de los dramas allenianos. Es prácticamente una pieza de teatro de cámara. No hay un atisbo de sonrisa. Los personajes encerrados en una casa de verano deben enfrentarse entre ellos y se infligen profundas heridas emocionales. No hay escape y más cuando se trata de la familia. La selección de piezas musicales de Art Tatum y Ben Webster es extraordinaria.
Sombras y niebla. Shadows and Fog. 1991. Ahora me doy cuenta de que en esta lista abundan las películas a blanco y negro. Allen ha recurrido al monocromatismo de manera constante y muchas veces afortunada. Pero esta es la más desquiciada de todas esas decisiones estéticas, por que es un homenaje al expresionismo alemán, a M de Fritz Lang (Alemania. 1939) y un punto de encuentro entre los filmes germanos y la obra de Franz Kafka.
Maridos y esposas. Husbands and Wives. 1992. La más amarga de las películas matrimoniales de Allen. El anticipo de la ruptura con Mia Farrow y el tremendo escándalo que conllevó. Filmada cámara en mano, con saltos de continuidad y falsas entrevistas a los personajes. La veo como un homenaje a la Nouvelle Vague y como un tratado de moral: es fecha que las relaciones con mis alumnas están determinadas por uno de los diálogos que se escuchan en esta película.
Balas sobre Nueva York. Bullets over Broadway. 1994. Los filmes que Allen hizo en el quinquenio que va del estreno de ésta película hasta el de El gran amante me parecen que conjugan energía, inspiración y experiencia. Constituyen uno de sus mejores momentos. Es un período de crisis personal que coincide con el ensombrecimiento de sus comedias y con el dominio pleno de la técnica. El guión de Balas... (o mas que el guión, su argumento) debería estudiarse en las escuelas como ejemplo de dramaturgia cinematográfica. Allen comienza a dejar que otros actores hagan los papeles que antes se asignaba y John Cusack es buenísimo. Y ni hablar de Dianne Wiest como la diva insoportablemente fascinante y de Chazz Palminteri como el gángster con dominio total de la ametralladora y de la estructura narrativa.
Los enredos de Harry. Deconstructing Harry. 1997. La más ambiciosa de las narrativas allenianas por ser un juego de múltiples historias dentro de otra historia. Un escritor (que Allen interpreta, en sus propias palabras, como el ser más despreciable del mundo) tiene una obra ampliamente reconocida, pero su vida personal es monstruosa: es alcohólico, cobarde, hipersexuado con gusto por las prostitutas, padece herpes y es adicto a las píldoras. Sus creaciones narrativas estás filmadas en extraordinarios planos secuencia y su vida se hiperfragmenta mediante saltos de continuidad. Además tiene un reparto enorme, que incluye al finado Robin Williams en su mejor papel.
El precio del éxito. Celebrity. 1998. De esas películas en las que nada sobra y nada falta. Tiene fotografía a blanco y negro a cargo de Sven Nykvist. Los roles principales están actuados por Judy Davis y Kenneth Branagh. Los secundarios de Melanie Griffith y Leonardo Di Carpio son fantásticos. El argumento mezcla dos historias, una de redención por el amor y otro de decadencia por el egoísmo, entrelazadas magistralmente. Charlize Theron sería la mujer más bella del mundo (¡su personaje tiene orgasmos nada más con tocarle el codo!) si no fuera por Winona Ryder, que recibe una de las declaraciones de amor más afortunadas de todas las filmadas en plano secuencia a ritmo de (I'd Like to Get You on a) Slow Boat to China.
El gran amante. Sweet and Lowdown. 1999. Desde el principio de su carrera Allen ha jugado con las convenciones del cine documental y las ha utilizado para hacer ficciones brillantes. En esta película recurre a falsos testimonios para narrar la historia del segundo mejor guitarrista del mundo después de Django Reinhardt. Como es constante en el período que cierra esta película, el personaje principal es un superdotado en el arte y en la vida cotidiana acumula defectos. La escena final donde Sean Penn se emborracha tras haber perdido el amor de la silenciosa Hattie (interpretada por Samantha Morton) es un maravilloso plano secuencia que permite a actor y director derrochar un talento grandísimo mientras el personaje intenta acribillar unas ratas.
Los inquebrantables. Cassandra's Dream. 2007. Producida durante su exilio europeo, Los inquebrantables fue filmada en Inglaterra y es una tragedia basada en la ambición desproporcionada, representada en el sueño de tener un yate. Valdría la pena sólo por ver a Colin Farrell y a Ewan McGregor dirigidos por Allen, pero hay mucho más que apreciar en este filme, entre ello una formidable partitura de Philip Glass.
No se trata de poner estas películas por encima de las obras mas conocidas y reconocidas. Creo más bien que se trata de tesoros acumulados personalmente, posibles pendientes para la mayoría de los cinéfilos jóvenes que tienen en ellos una lista de placeres inagotables como suelen serlo, en menor o mayor medida, las 49 películas dirigidas gasta el momento por Woody Allen.

lunes, 4 de agosto de 2014

Las 10 mejores películas de todos los tiempos según Woody Allen

Últimamente he escrito poco de las actividades de la Cineteca Alameda. Mas bien he abordado la proyección de eventos distintos a películas llevados cabo en la sala cinematográfica de la Secretaría de Cultura.
Por ejemplo, escribí sobre la proyección del espectáculo del Bejart Ballet en la inauguración del trigésimo cuarto Festival Internacional de Danza Lila López que resultó un tomadura de pelo por la escasa calidad de su filmación y transmisión. Además de que su organización fue caótica. Según esto se habían agotado las entradas con días de anticipación y, a la hora de la proyección en video de la intervención de la compañía fundada por Maurice Bejart  no estaba llena ni la mitad de la sala.
Está bien que la Cineteca Alameda exhiba otra cosa que no sea cine. Eso lo permite hoy la tecnología y se deben aprovechar las posibilidades. Pero hay que hacerlo con seriedad y profesionalismo. El asunto atañe no sólo a la Cineteca, sino a toda la Secretaría de Cultura.
Además de la inauguración del Festival Internacional de Danza Lila López, el mes pasado se exhibieron gratuitamente los partidos de la Selección Nacional de Fútbol en el mundial de Brasil. Al menos así se estuvo anunciando y hay un video publicado en el muro de Facebook de la Cineteca que da cuenta de ello. Volveremos sobre este tema al final del texto.
La semana pasada, cuando estuve de vacaciones fuera de la ciudad, se proyectó la cinta Joven y alocada (Dirección: Marialy Rivas. Chile, 2012) como parte de los  llamados estrenos exclusivos de la Cineteca Alameda. Sin poder hacer una evaluación de la cinta por que no la he podido ver, si puedo escribir que es representativa de la programación que ha alimentado a la Cineteca Alameda.
El cine contemporáneo conecta bien con el público asiduo a la Cineteca,  si nos atenemos a las palabras del director del recinto, Mario Candia en el programa Cine Secuencias de Canal 22, disponible en el sitio youtube.
Ahora empieza el ciclo “Las 10 mejores películas de todos los tiempos según Woody Allen”. Haciendo una rápida búsqueda en internet uno descubre que estas películas fueron mencionadas por el director neoyorkino al periodista Eric Lax, en su segundo libro de conversaciones. No es la lista completa, pero sin duda está llena de monumentos cinematográficos que no se pueden ignorar. Es una selección de algunas de las películas mas valoradas del cine a nivel global.
Utilizar el nombre de Woody Allen y su imagen en la publicidad es una estrategia interesante. Él es uno de los directores vivos que mas seguidores tienen. Su obra es altamente apreciada por la comunidad cinéfila. Y el mismo es un gran aficionado al cine. Sin embargo su lista no está llena de títulos exóticos. Está formada por películas que enriquecieron su visión del mundo desde joven y que influyeron en su obra.
Hacer un ciclo con películas viejas es un reto, sobre todo si nos atenemos a que el público de la Cineteca Alameda prefiere el cine contemporáneo. Pero programar los clásicos también es una necesidad. La Cineteca es (o debe ser) un espacio donde se enriquece la cultura fílmica. Y ninguna educación cinematográfica está completa sin haber visto las películas del ciclo.
Ojalá que el nombre de Woody Allen sirva de gancho para que las generaciones jóvenes vean, en pantalla grande, la obra de Jean Renoir o de François Truffaut. Pero hay ciertos riesgos que he de mencionar ha continuación:
Queda claro que las películas seleccionadas para este ciclo son obras vibrantes, que han proporcionado fuertes experiencias estéticas a varias generaciones de  cinéfilos, entre ellos al mismo Woody Allen. Pero también son películas viejas. Fueron creadas en un contexto y con un lenguaje que pueden resultar por lo menos extraños al espectador actual. En mi experiencia la mejor manera de verlas es teniendo antecedentes.
Hay que entender cuándo, por qué y cómo fueron hechas. En los cursos de cine que imparto utilizó el arranque de la La gran ilusión (La grande illusion. Jean Renoir. Francia, 1937) película incluida en el ciclo) como ejemplo de originalidad narrativa. Pero si no lo señalo, la mayor parte de mis alumnos lo pasan por alto. Es un asunto bastante sutil que yo mismo tardé en entender.
La Cineteca Alameda no cuenta, como otros espacios en el país, con un folleto que generé un contexto para ver las obras. Estas publicaciones son ampliamente valoradas por los cinéfilos. Tampoco organiza charlas o cursos de manera continua. Ha habido esfuerzos serios e importantes pero aislados: desde aquí no se percibe un interés académico para cimentar la apreciación cinematográfica del público potosino.
El otro asunto es la calidad de la proyección. Sin duda alguna se tratará de exhibiciones digitales. Estas tienen la enorme ventaja de ser accesibles. Juntar estos títulos en 35 milímetros y subtitulados hubiera sido difícil y costoso. Pero muchas veces en Cineteca Alameda se conforman con proyectar un dvd, que no tiene la calidad suficiente, que no le saca provecho a la resolución del proyector. Lo mínimo que se puede esperar, en aras de la seriedad y el profesionalismo y a cambio del costo del boleto, es una proyección en alta definición. Ojalá así sea.
Por que hay otro asunto: casi cualquier joven que sepa operar una computadora sabe cómo ver estas películas. Hay muchas formas, legales e ilegales. ¿Cómo puede competir la Cineteca Alameda con el cómodo sillón de una sala y la pantalla plana? Volviéndose un espacio de convivencia acogedora, de diálogo entre espectadores, de construcción de comunidad cinéfila. Y eso no lo es, incluso carece de un espacio hasta para tomarse un café después de la función, por ejemplo.
Vuelvo al asunto del costo. Ciertamente hay descuentos para estudiantes y adultos mayores, pero por ejemplo, el miércoles en los Cinemas Xtreme se puede ver Los guardianes de la galaxia (Guardians of the Galaxy. James Gunn. Estados Unidos, 2014) en 3D por 33 pesos. La política de costos de la Cineteca Alameda debería analizarse a la luz no sólo de ingresar recursos a las arcas, sino de fomentar la cultura cinematográfica.
Me queda claro el interés de los políticos cuando se cobran 40 pesos por ver películas de cine clásico que son verdaderas joyas y se proyecta gratuitamente el mundial de fútbol. Estas es una de las paradojas de la administración de la cultura en el gobierno de San Luis Potosí.

lunes, 17 de marzo de 2014

El crimen del cácaro Gumaro: de lo televisivo a lo repulsivo


El crimen del cácaro Gumaro (Emilio Portes: México, 2014) deja claro que el bautizo y el destino van de la mano. Llamarle así a la película la circunscribió al terreno de la parodia, la ata a las referencias sin fin, le confiere como estrategia vital el ser eco, reverberación, distorsión y ruido en el destemplado concierto del cine mexicano.
El título advierte: nos vamos a reír de la película hasta hace poco mas exitosa del cine mexicano, El crimen del padre Amaro (Carlos Carrera: México, 2002) e inmediatamente vemos en el cine Linterna Mújica la exhibición de “Olores perros” parodia de la primera película de Alejandro González Iñárritu, mezclada de forma bizarra con El laberinto del Fauno (Guillermo del Toro: México, España y Estados Unidos. 2006) y no han de haber pasado ni tres minutos de película.
Abro un paréntesis para hablar del cine de parodia. En finales de los años sesenta y principios de los setenta, Woody Allen hizo películas como Amor y muerte: la última noche de Boris Grushenko (Love and Death. Francia y Estados Unidos, 1975) que eran imitaciones burlescas de clásicos de la literatura y el cine. Para poco después abandonó esa senda.
Al mismo tiempo, Mel Brooks parodiaba a los clásicos de la cinematografía popular en filmes como El joven Frankenstein (Young Frankenstein. Estados Unidos, 1974) y en los ochentas Jim Abrahams con David y Jerry Zucker agotaron la fórmula preguntándose ¿Y dónde está el piloto? (Airplane! Estados Unidos, 1980).
Después de eso todo ha sido eco del eco, repetición de lo ha anteriormente repetido: otra película de miedo (Scary Movie 2. Keenen Ivory Wayans: Estados Unidos, 2001), otra película épica (Epic Movie. Jason Friedberg y Aaron Seltzer: Estados Unidos, 2007), y dónde está el exorcista (Repossessed. Bob Logan: Estados Unidos, 1990)... subproductos imposibles de ver por el espectador relativamente consciente.
Andrés Bustamante, Armando Vega Gil y Emilio Portes, los guionistas de El crimen del cácaro Gumaro recorren un trayecto agotado hace mas de 30 años, no llegan a nuevos paisajes, cansan con lo obvio de sus parodias y lo mas grave matan la risa de quien está en la sala cinematográfica.
Tratando de adivinar las pretensiones del director Emilio Portes pienso que éste recurre al ritmo de una burla por minuto como denuncia de la seriedad y exceso de solemnidad en el cine mexicano.
Así entiendo pretenda darle con todo a los filmes de Carlos Reygadas (Luz silenciosa / Stellet Licht. México, Francia, Holanda y Alemania, 2007) a los festivales de cine que privilegian la supuesta exquisitez y alimentan los bostezos, entiendo que denucie (al menos hipotéticamente) lo inteligible e inútil de la crítica en nuestro país.
Igualmente, pone del lado de lo encomiable, lo positivo y lo adecuado a los cómicos. El crimen del cácaro Gumaro tiene presencias que van de lo televisivo a lo repulsivo: Los Polivoces, Chabelo, los Mascabrothers y Brozo, el payaso de los videoescáncalos de Televisa.
También le da pequeños papeles a algunos actores de la mas denostada comedia fílmica que muchas veces tiene valores ocultos para el gran público. Aparecen a cuadro Alberto Rojas El Caballo, Jorge Rivero y los mismísimos Alfonso Zayas y Carmen Salinas.
¿Pero para qué tanta alharaca? ¿Qué propone El crimen del cácaro Gumaro? ¿Cuál es la propuesta ante el cine mexicano que con su seriedad, aburrición y pretensiones aleja al espectador de la sala?
La autoconciencia parece ser la respuesta. Tener claro que las películas mexicanas repelen al público y los realizadores se regodean en ello. Por eso en algún momento la cámara se va las butacas de la sala Linterna Mújica y captan el diálogo de dos espectadores, que son los moneros Jis y Trino, quienes deciden salirse antes de que se acabe la película. Este es uno de los pocos momentos razonables y razonados de El crimen del cácaro Gumaro.