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miércoles, 5 de agosto de 2026

Spider-Man: Brand New Day

El delirio cinematográfico de la temporada ha llegado con una fuerza incontestable. Spider-Man: Brand New Day (2026), bajo la dirección de Destin Daniel Cretton, ha logrado una recaudación global alucinante de 927 millones de dólares en su primer fin de semana, posicionándose como el segundo mejor debut en la historia del cine mundial, según reporta CNN. En México, la expectativa alimentada por la mercadotecnia y la fidelidad del público produjo el mejor primer día en la historia de la taquilla nacional, de acuerdo con reportes de prensa.

Este éxito de taquilla se cimienta en la repetición y la seriación. Con esta, suman ya siete apariciones de Tom Holland como el arácnido, cuatro de ellas como protagonista absoluto. Esta continuidad permite que la estructura dramática se simplifique: ya no es necesario explicar el origen de las relaciones, como sucede con el encuentro entre Spider-Man y el Punisher de Jon Bernthal, que se da por sentado apelando a la memoria de un espectador que debe tener frescos elementos de entregas anteriores, desde la nota escrita a MJ (Zendaya) hasta el vaso de café que cerraba la cinta de 2021.

En términos narrativos, la película resiente una falta de ambición. La primera parte sufre de un ritmo lento debido a la falta de un antagonista de peso; como bien señalaba Hitchcock, un film es tan bueno como su villano, y aquí el ocultar identidades termina por debilitar la tensión. Al final, el producto funciona más como un extenso tráiler de dos horas y media para la próxima entrega de los Vengadores (Avengers: Doomsday) que como una obra con entidad propia.

Formalmente, las novedades son escasas, acaso los planos subjetivos tras la máscara del protagonista que subrayan el aislamiento y la creciente violencia de un personaje que lucha por no desprenderse de su humanidad. Destaca también el trabajo coreográfico de Peng Zhang, quien introduce confrontaciones más horizontales que verticales mediante el uso de cables y elementos analógicos, aportando una frescura analógica en medio del uso y abuso de lo digital.

Como advierte el crítico Jorge Ayala Blanco, el cine actual parece haber renunciado a narrar para dedicarse a delirar. En esta alucinación colectiva de Marvel se intenta que todo quepa —Hulks, Escorpiones y entrecruzamientos de cómics—, pero esa saturación no garantiza el asombro. Estamos ante un producto identificable y seguro, que no arriesga en formas ni contenidos, diseñado para ser consumido por un público dispuesto a habitar este delirio seriado.

domingo, 30 de abril de 2017

Guardianes de la Galaxia Vol. 2


La secuencia de créditos de Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (James Gunn) da cuenta de las ambiciones formales desmedidas, de las limitantes autoimpuestas al relato y de las aparentemente escasas intenciones conceptuales del conjunto del filme.
En las secuelas los personajes no requieren presentación. La apuesta de consumo continuo permite arrojarse de bruces a la acción e incluso desdibujarla, pasarla al segundo plano, diluirla en el ámbito más importante de la película: el efecto.
Los auto denominados guardianes de la galaxia, combatientes a sueldo, mercenarios interestelares deben destruir una desagradable criatura espacial con estrategias recicladas de Hombres de Negro (Barry Sonnenfeld, 1997) y de Titanes del Pacífico (Guillermo del Toro, 2013).

El plagio pasa desapercibido porque no queda en el centro. La atención se concentra en Groot (Vin Diesel), infantil ser arbóreo que mientras sus camaradas pelean a muerte baila Mr. Blue Sky, una canción de Electric Light Orchestra (E. L. O.).
Pieza desmesurada, pop de fácil asimilación con capas de arreglos corales e instrumentales mezcladas con voces sintetizadas. Kitsh: sublime fallido. Esta música es el fondo pero también el centro porque la acción principal, la que desencadena una línea principal del relato, ya ha sido vista.
¿Qué necesidad de concentrarnos en la lucha con un monstruo que ha dejado de tener cualquier trascendencia simbólica? Finalmente es otra animación digital como cualquier otra. Mejor se hace foco en Groot, que baila como el bebé de las animaciones de los primeros reproductores de mp3. Ciertamente resulta vacuo pero pretende ser divertido.
Es una escena de excesos. Saturada. No es la profundidad de campo añorada apreciada por André Bazin hace 60 años. No hay manera de que el espectador seleccione lo que quiere ver. El foco variable, las entradas y salidas de cuadro, la distancia entre los personajes y la cámara y sobre todo la pista sonora se encargan de desmantelar toda posible ambigüedad y de aprisionar el punto de vista del espectador.

Caricaturas.

En otros tiempos los dibujos animados, incluyendo los traslados audiovisuales de los comics, eran llamados caricaturas. Ahora los productos de arte secuencial de las grandes editoriales llegan a las pantallas en híbridos de costos millonarios que mezclan la animación por computadora y el trabajo con actores reales.
A pesar de la distancia en cuanto tiempo y presupuestos también son caricaturas en el sentido de la simplificación y la búsqueda del efecto cómico mediante la exposición del modelo al ridículo.
El resumen de la historia podría ser el siguiente: los guardianes de la galaxia son rescatados de un ataque espacial por Ego (Kurt Russell), el padre del líder del grupo – Peter / Star Lord (Chris Patt) – atraído por la fama de su hijo, al cual abandonó en una banda de piratas, de devastadores, encabezados por Yondu (Michael Rooker).
El resto del argumento se impulsa por la revelación de las auténticas personalidades de cada uno de ellos. Ego es Saturno cuyo mito implica que debe devorar a sus hijos en busca de su permanencia. Yondu demuestra los límites de su vileza y se lanza a la postre del sacrificio manteniendo opacos los motivos psicológicos de su comportamiento errático.
Caricaturas de las grandes preocupaciones humanas, de la búsqueda de una identidad, de un acceso a la historia y al pasado mediante una pesquisa de paternidades biológicas y sociales. Nada como para tomarse en serio, según la disposición formal de la película.
La temática está enraizada en una forma mezclada, revuelta barrocamente con otros elementos textuales e intertextuales. Dentro de la misma película está la multiplicidad de líneas argumentales (se supone que es una película sobre un grupo de personajes), informaciones retardadas a lo largo del relato duplicaciones del tema en otros personajes y una supuesta superación edípica del conflicto.
Fuera de la misma película está el reciclaje de música pop deudora del exceso de la primera obra de Quentin Tarantino (que este año cumple un cuarto de siglo). Pero además incluye en si misma la estrategia de marketing de cinco escenas pos créditos y el anuncio de nuevas historias.
Dos de ellas generan un lastre en la trama con la presencia de un actor tan dispensable como Sylvester Stallone. Podría decirse que su presencia augura la decadencia (por mi parte esperada) de las estrategias franquicitarias del cine contemporáneo. Pero hay otra implicación, con la que cerraré este texto.

El espectador supremo.

¿Qué cohesiona este abigarrado conjunto? ¿Qué hace posible soportar una película de 2 horas con 16 minutos, incluyendo a los créditos que se ha vuelto obligado ver? Apenas hay una anécdota, un desarrollo de personajes que por sí no anclaría la atención de nadie a algo que no fuera una telenovela.
Hay una actitud de apapachar la autoestima del espectador, que se intuye superior respecto a los mezquinos y tontos personajes que pueblan la historia. Además se asume evolutivamente superior por ser cronológicamente posterior a las referencias de la cultura pop de los 1970 y 80.
Quien ve la película asiste desde lejos a la irónica representación de un espectáculo burdo y de alta tecnología con la intención de no identificarse, de no sentir compasión por personajes cuyos dramas no tienen repercusiones.
¿Hay alguna manera de cohesionar los elementos que pueblan esta película más allá de la parodia? No es un asunto de nostalgia, como lo quiere vender la publicidad. Aquí sí hay una ausencia de crítica y exceso de citas que no dejan de ser valorativas, decorativas y sin historia, como no lo quería Linda Hutcheon (La política de la parodia posmoderna).
Yo no soy el indicado para señalar los valores de la visión posmoderna de Los Guardianes de la Galaxia Vol. 2. Creo que en la posición supuestamente irónica y paródica de la película hay un fuerte neoconservadurismo.
No en balde la defensa y el reconocimiento de la aplicación de los valores de la familia, el gran sancionador moral de la película es protagonizado por Stallone, el intérprete de Rambo, ejemplo de la ideología estadounidense de la guerra fría y de las aberraciones de Ronald Reagan. Eso podría ser tema de más textos.


sábado, 2 de mayo de 2015

Avengers: era de Ultrón


Avengers: era de Ultrón [Título original: Avengers: Age of Ultron. Director: Joss Whedon. País: Estados Unidos. Año: 2015] es uno de los filmes más esperados de este verano que arranca. Evidencia: el jueves 30 de abril el lobby del conjunto al que asistí a verla, en punto de las 10 de la noche, estaba llena de gente que entraba y salía de las salas donde la exhibían. Otra: al día siguiente, primero de mayo, había gente esperando a las nueve de la mañana para entrar a los cines que no se habían abierto. Las expectativas fueron muchas y el resultado cuestionable.
La película narra el ataque que organiza, con fines de exterminio global de la raza humana, la inteligencia artificial llamada Ultrón (que tiene la extraordinaria voz de James Spader en su versión original) y que es repelido por el conjunto de superhéroes formado por Capitán América (Chris Evans), Iron Man (Robert Downey Jr.), Thor (Chris Hemsworth), Hulk (Mark Ruffalo), Black Widow (Scarlett Johansson) y Hawkeye (Jeremy Renner).
Este el corazón narrativo de la película escrita por Joss Whedon a partir de los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby. Por lo tanto resulta sorprendente que tenga una duración en pantalla de 2 horas con 21 minutos según el sitio IMDB. La falta de concentración hace gran mella en el abigarramiento, o mejor dicho, en el muégano que resulta ser finalmente la película.
Como el dulce mexicano, antaño responsable de pegajosas texturas en las salas nacionales, Avengers: era de Ultrón carece de una fuerte unidad formal: su núcleo tiene mal pegadas una serie de anécdotas secundarias incapaces de alzar el vuelo y que lastran la progresión dramática de la anécdota. El filme resulta empalagoso, arduo de deglutir, tedioso de consumir.
La película arranca con el asalto de los héroes a una fortaleza de la organización Hydra para recuperar el cetro de Loki (el villano hermano de Thor) tan perdido como yo entre tantas referencias a las otras películas de los protagonistas. Y de ahí empieza a disgregar. Hay encuentros con futuros miembros de Los Vengadores, la construcción de la inteligencia artificial, peleas entre los miembros del equipo, encuentros amorosos, descubrimientos de vidas familiares inéditas, enfrentamientos individuales de los protagonistas con sus miedos más profundos y hasta sesiones de coaching a cargo de Nick Fury (Samuel L. Jackson).
Y conste que no estoy siendo exhaustivo en cuanto a los excesos de la trama. Tan abusivo resulta el guión que hasta el cameo del venerable Stan Lee se extiende, en sentido estricto durante dos escenas, en lugar de una sola, como es costumbre en los productos del estudio Marvel. Para un espectador promedio (que no incluye a los frikis del cómic) lo más recomendable sería ver la película en 4D. Entiendo que es mucho más caro el boleto pero igual cuando le sacudan a uno el asiento o le avienten agua tendrá oportunidad de despertarse.
La segunda entrega de los héroes más grandes del mundo (según el lugar común difundido por Marvel) se antoja verla como un síntoma del hiper cine de nuestros días. Presupuestos hiper inflados (otra vez según IMDB el filme costó 250 millones de dólares). Sobre estimulación visual en las escenas de acción (con mucha violencia física y efectos digitales). Desproporción corporal (que va desde la creación del cuerpo de Hulk hasta la que se podría suponer ingesta excesiva de anabólicos por parte de Chris Evans). Un neobarroco donde el todo convive y se multiplica para perder sentido (GillesLipovetsky y Jean Serroy algo han escrito sobre esto).
Por lo tanto no me extraña que el director Joss Whedon no tenga capacidad para expresar fílmicamente una idea visual. ¿De qué trata su segunda película sobre Los Vengadores? De mucho y de nada. Ultrón, cuyo antagonismo con los superhéroes debería ser el motor de la historia se debate édipicamente entre un odio nunca expresado visualmente hacía el padre creador y su cruzada evolutiva que implica destruir a la raza humana.
Por otro lado una de las principales dificultades del grupo es mantenerse unido. Avengers assemble! es su grito de batalla en los cómics. Al principio del film que nos atañe hay un plano interesante, que podría haber resumido esa idea visualmente. El ataque a las instalaciones de Hydra incluye un largo fragmento de película sin cortes, donde la cámara va pasando de una a otra de las acciones que realizan los miembros del equipo.
Un plano secuencia en una película de acción siempre es interesante, ya que el recurso es generalmente utilizado en otro tipo de filmes más introspectivos, dicho sea con excepciones gozosas como el clímax de Las aventuras de Tintín - El secreto del Unicornio [The Adventures of Tintin. Steven Spielberg. Estados Unidos y Nueva Zelanda. 2011]. Este elemento expresivo del cine es una de las máximas expresiones de unidad en la pantalla.
Casi al final de Avengers: era de Ultrón la cámara empieza a dar vueltas en torno a los personajes, como si quisiera trazar otro largo plano como el del inicio, como señalando la capacidad de trabajo conjunto en torno a un objetivo y a un ideal. Tampoco es una idea que valore demasiado (ni siquiera en el contexto de la película) por su originalidad, pero al menos hubiera sido un intento de usar de manera más creativa el así llamado lenguaje del cine.
Lipovetsky y Serroy han escrito también sobre el cine que rebasa sus propias pantallas, entrando en relación con el resto de los medios, digitales o tradicionales, expandiéndose una manera no vista anteriormente. Por un lado la segunda película de Los Vengadores lleva el título de una serie publicada originalmente en cómic (Age of Ultron, escrita por Brian Michael Bendis y aparecida en 2013). Y por otro lado es un franquicia que se expande en mini series dirigidas al consumo televisivo tradicional (como Agents of S.H.I.E.L.D.) y al video on demand (Daredevil).
Ante estos excesos es fácil claudicar. Abstenerse de buscar un sentido profundo en donde sólo hay formas infladas, emociones que se pretenden fuertes, disgregaciones inútiles y falta de estilo. Definitivamente Avengers: era de Ultrón es una de las grandes decepciones del año. Podría decirse que nadie esperaba que fuera un gran film. Pero yo sí. Yo siempre espero una película maravillosa.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Grandes Héroes


Marvel, la casa editora de cómics estadounidense, este año ha presentado un par de adaptaciones hasta cierto punto sorprendentes. Mientras su competencia va teniendo una serie de errores y fracasos memorables al lanzar algunos de sus productos históricamente prestigiados como Supermán (El hombre de acero. Título original: Man of Steel. Dirección: Zack Snyder. Países: Canadá, Estados Unidos y Reino Unido. Año: 2013), Marvel le ha apostado a una parte relativamente oscura de su repertorio de súper héroes.
Primero Guardianes de la galaxia (Guardians of the Galaxy. James Gunn. Estados Unidos y Reino Unido. 2014) se convirtió en uno de los grandes éxitos del verano y ahora, en el arranque de la temporada navideña, repiten la fórmula con variación y éxito, por lo menos a nivel estético y narrativo con la cinta Grandes héroes (Big Hero 6. Don Hall y Chris Williams. Estados Unidos. 2014).
La variación parece determinada por un asunto de mercado: los estudios Disney han buscado mantenerse competitivos (tras una crisis en la que se contempló incluso el cierre del departamento de animación) incorporando a la competencia a su nómina, comprando alianzas con empresas que en su momento les derrotaron creativa y económicamente, como Pixar, los estudios Marvel y Lucas Films.
Los seguidores de los productos de estas compañías (que no son pocos y se apasionan) han vivido una semana muy intensa con la presentación del primer teaser trailer del episodio VII de La Guerra de las Galaxias, que al igual que el resto de los adelantos de las últimas entregas de la saga galáctica, son muy bonitos y han acompañado a filmes decepcionantes.
Por lo menos para mi resultó inesperada esta combinación de la tecnología digital de animación de Pixar, el modelo narrativo de venganza y sacrificio de las historias de Marvel y los valores familiares que desde siempre ha defendido Disney, una de las compañías ideológicamente mas conservadoras del cine de Hollywood.
Grandes héroes es un cómic poco conocido de Marvel. Personalmente yo nunca lo he leído ni tenía noticias de él antes del estreno de la película, por lo tanto no puedo abordarla desde el punto de vista de la adaptación. Hay un artículo originalmente publicado en The Independent y traducido en La Jornada que da cuenta de la génesis del proceso. Remito a los lectores a sus enlaces digitales.
Las mejores películas de animación digital han sido aquellas que, conscientes de sus limitantes (la más grande de ellas es la imposibilidad de reproducir la piel humana de manera impecable), han optado por crear personajes que no son personas, aunque tengas fuertes rasgos antropomorfos. Toy story (John Lasseter. Estados Unidos. 1995) sigue siendo el gran ejemplo.
Grandes héroes tiene en el centro de su discurso narrativo y filosófico a un robot médico llamado Baymax (cuya voz fue doblada en México por Alan Prieto). La originalidad corpórea del androide radica en su naturaleza inflable, la cual lo hace similar al hombre de malvavisco de Los cazafantasmas (Ghost Busters. Ivan Reitman. Estados Unidos. 1984) y produce una silueta rechoncha y confortable al abrazo.
Narrativamente esta presencia da pie a momentos cómicos (por ejemplo cuando repara sus ponchaduras con cinta adhesiva) pero en su aparente simplicidad implica el problema más profundo que trata la película. “¿Pueden amar las máquinas o podemos amar a las máquinas?” que son preguntas que se plantean filósofos como Javier Ordoñez. Al igual que como en Interestelar (Interstellar. Christopher Nolan. Estados Unidos y Reino Unido. 2014) ocure que los libros trasladan la cultura y el afecto hacía seres desaparecidos hace tiempos, en Grandes héroes Baymax supera su condición de máquina en la mente de sus operadores y se vuelve un testimonio de valores muy interesantes, como el respeto por la vida humana y la trascendencia individual.
Los personajes de Marvel, como Wolverine o Punisher no tienen empacho en desatar una violencia asesina impulsados por sus deseos de venganza. La pérdida del ser amado (tal y como le ocurre al protagonista humano de Grandes héroes) es la gran motivación en el modelo narrativo de ciertos superhéroes, siendo Batman no sólo el fundador sino el mejor representante cinematogŕafico en las películas enloquecidas de Tim Burton (Batman: Estados Unidos y Reino Unido. 1989. Batman Regresa: Batman Returns. Estados Unidos. 1992).
En Grandes héroes, Hiro Hamada (Memo Aponte) el huérfano adolescente habitante de la hipertecnologizada ciudad de San Fransokyo (genial espacio diegético rico en sugerencias y posibles interpretaciones que resume San Francisco y Tokio) pierde uno de sus últimos vínculos afectivos en un hecho de violencia y se convierte en un justiciero junto con el robot y otros cuatro jóvenes nerds.
El dilema es el mismo que vive otro nerd desadaptado y monstruoso llamado Peter Parker, cuyo alter ego, Spiderman, le permitiría poder cobrar venganza sangrienta de quienes han minado sus afectos pero que a quien finalmente se le impone éticamente su tío Ben. En Grandes héroes Baymax, multifuncional médico con capacidades de diagnóstico, tratamiento, comunicación y combate es el vehículo de los valores de paz y de convivencia, que permiten incluso en un momento compadecer y entender al villano.
David Bordwell y Kristin Thompson apuntan, en su libro Arte cinematográfico, que las películas en tiempos de crisis (como la gran depresión de la primera mitad del siglo XX) apelaban, ante la pérdida de estabilidad en el empleo y las carencias materiales del grueso de la población, a los valores familiares como último recurso, al hogar como reducto de tranquilidad y sosiego. Estos valores, profundamente conservadores ha reiterados en gran parte de la producción de Disney, desde la adaptación de Pinocho (Pinocchio. Norman Ferguson, T. Hee, Wilfred Jackson, Jack Kinney, Hamilton Luske, Bill Roberts y Ben Sharpsteen. Estados Unidos. 1940) hasta El rey león (The Lion King. Roger Allers y Rob Minkoff. Estados Unidos. 1994).
En una pirueta semántica sorprendente, la gente de Pixar ha reconciliado este discurso con el ímpetu vengativo de ciertos héroes súper poderosos y con el amor (entendido como apego y necesidad más allá de la lógica) que nuestra sociedad siente hacía sus fetiches tecnológicos. El resultado ha sido un filme cinematográficamente convencional y accesible a un gran público pero con muchos ángulos de interpretación que ni con mucho agoto en este texto coyuntural.

lunes, 14 de abril de 2014

Desasosiego, soledad y temor en El Capitán América y el Soldado del Invierno


Esta temporada, comercialmente marcada por el período vacacional de primavera, es particularmente dura para el cinéfilo.
Las salas se llenan con títulos para el público infantil, que no buscan ninguna novedad ni procuran riesgo ni incomodidad.
Los adultos, llegado el momento, también veremos películas como Río 2 (Rio 2. Director: Carlos Saldanha. Estados Unidos, 2014) porque llevaremos (o seremos llevados) por algún niño al cine.
Como no hay muchas opciones, prefiero dedicar esta entrada para hablar de una película que ya tiene unas semanas en cartelera y relacionarla con otros filmes mas o menos recientes.
El capitán América y el soldado del invierno, dirigida por Anthony y Joe Ruso (Captain America: The Winter Soldier. Estados Unidos, 2014) es una de las varias películas que la editorial Marvel llevará a los cines en los próximos meses.
La compañía de comics que cuenta con las creaciones de los legendarios Joe Simon, Jack Kirby y Stan Lee ha sabido encontrar una veta muy productiva en sus adaptaciones fílmicas.
Algunas han sido afortunadas en mayor o menor medida como las películas de Iron Man (Iron Man, Iron Man 2, Iron Man Three. Directores: Jon Favreau, Shane Black. Estados Unidos, 2008, 2010, 2013), las de Thor (Thor, Thor: The Dark World. Directores: Kenneth Branagh, Alan Taylor. Estados Unidos, 2011, 2013) o Los vengadores (The Avengers. Director: Joss Whedon. Estados Unidos, 2012). El capitán América y el soldado del invierno guarda relación con todas ellas.
El personaje del Capitán América no deja de despertar resquemores, sobre todo en nuestro país. Fue creado al inicio de la Segunda Guerra Mundial y su carga patriótica es evidente desde su uniforme de barras y estrellas.
En la continuidad creada para las tres últimas películas en las que aparece, el Capitán América lucha y vence a HYDRA, uno de los brazos mas fuertes del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
Posteriormente es congelado. El personaje despierta en el mundo actual. Tiene mas de 90 años en El capitán América y el soldado del invierno y el desface entre el mundo de la segunda guerra y el entorno posmoderno y neoliberal genera conflictos en el personaje.
El Capitán América y su alter ego, Steve Rogers (interpretados por Chris Evans) trabajan para una agencia de seguridad supranacional, S. H. I. E. L. D. , encabezada por el tuerto Nick Fury, que a su vez es encarnado por Samuel L. Jackson.
En esta agencia llamada S. H. I. E. L. D. han desarrollado un especie de super drones, máquinas voladoras y automatizadas que permiten identificar a millones de personas y eliminarlas de manera sistemática y eficiente.
Este uno de los asuntos importantes que maneja la cinta, y que justifica una, llamémosle así, lectura adulta a una adaptación de un comic.
El Proyecto Insight, tal y como lo plantean el El capitán América y el soldado del invierno permitiría darle seguimiento a una sola persona a través del uso de su teléfono celular, de su computadora o su tarjeta bancaria. Luego de ser ubicado vía satélite, el sujeto podría ser aniquilado de una manera hipertecnológica, limpia y eficiente.
Este tipo de planteamientos son los que vuelven interesantes a los filmes de ciencia ficción. El capitán América y el soldado del invierno aborda uno de los temores mas grandes y mejor fundados de nuestra época.
El sistema de redes digitales nos ha vuelto identificables y perseguibles a todos los ciudadanos. La información puede utilizarse con fines de seguridad nacional o global para perseguir terroristas o narcotraficantes.
Pero la pregunta es: ¿quién decide quién es narcotraficante o terrorista? En la película el Capitán América descubre que los que están a cargo del proyecto, senadores, secretarios y otros agentes del gobierno y del poder político pertenecen a HYDRA, son sobrevivientes de la doctrina política de Hitler y pretenden el control global mediante el miedo.
Un diálogo de la película lo resume de una manera muy clara: la gente deberá entregar su libertad a cambio de su seguridad. Es la estrategia del miedo como control político.
Es Estados Unidos sobre todo los Republicanos han sido muy eficientes en el uso del miedo. En México no lo han sido tanto nuestros gobiernos, pero si han exacerbado conflictos como la llamada guerra contra el narcotráfico con fines de control y de legitimidad.
El capitán América y el soldado del invierno tiene sus mejores momentos cuando aborda esta temática. Alexander Pierce, el secretario de estado a cargo del Proyecto Insight y de S. H. I. E. L. D. no es otra cosa mas que un nazi elegante, casual y bien vestido interpretado por Robert Redford.
Ya desde hace muchos años, Stanley Kubrick había señalado esa continuidad entre los nazis y los gobierno de Estados Unidos en películas como Dr. Insólito o Cómo aprendí a no preocuparme y amar la bomba (Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb. Estados Unidos y Reino Unido, 1964) . Es curioso que este mensaje entre en la narrativa de un personaje como El Capitán América.
Habría que matizarlo con otros elementos presentados en la historia de la película como la responsabilidad individual y el liderazgo de Seteve Rogers y Capitán América, pero eso excede este comentario.
Prefiero, ahora que hacen falta opciones en el cine, sugerir a los espectadores esta lectura del filme al lado de las de otras películas que dan cuenta de los temores e incertidumbres de la era digital.
Habría que unir al Capitán América y al Soldado del Invierno con La increíble vida de Walter Mitty (The Secret Life of Walter Mitty. Director: Ben Stiller. Estados Unidos, 2014) que narra las incertidumbres del proceso del cambio de lo analógico a lo digital.
Igual debemos tomar en cuenta como en Ella, (Her. Director: Spike Jonze. Estados Unidos, 2013) donde el protagonista Tehodore, interpretado por Joaquín Phoenix se enamora del sistema operativo de su computadora.
El Capitán América, Walter Mitty y Thodore están solos en mayor o menor medida ante estos cambios, ante las incertidumbres de los nuevos tiempos hipertecnologizados. Desasosiego, soledad y temor. ¿Les gustan como temas para la agenda de nuestros días?