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viernes, 30 de marzo de 2018

La maldición de Thelma



La maldición de Thelma (Título original: Thelma. Director: Joachim Trier. País: Noruega. Año: 2017) se refiere a la voluntad femenina que des balancea el mundo de la lógica masculina a partir de una ejecución que por fuerza remite, pero que más bien le saca la vuelta, a los mecanismos clásicos del cine de terror. En medio de una cartelera dominada por las películas de vacaciones el público adulto agradece su programación en salas comerciales muy por delante del tortuguismo de la Cineteca Alameda.
Thelma (Eili Harboe) es una estudiante universitaria de biología que comienza a padecer convulsiones no epilépticas. Pertenece a una familia que vive aislada en el campo y la llegada a la ciudad le implica conflictos que tienen que ver con la socialización, el despertar erótico, las drogas y otros que se enfrentan a su estricta formación religiosa. A partir de ir conociendo su historia familiar descubre que tiene un poder que va en contra de la lógica y que la empareja con las brujas: el de volver realidad sus deseos de forma automática.
Joachim Trier (Noruega 1974, primo de Lars von Trier) realiza su cuarto largometraje documental explorando sus influencias cinematográficas y revirtiendo la convención central de los filmes de terror: el efecto de shock. El género ha tenido como justificación de ser el producir en los espectadores desazón, angustia, miedo y repulsión, entre otras emociones similares. Labor nada sencilla en donde, en la década de 1970, directores admirados por Tier como Brian de Palma exploraron las posibilidades del horror que produce la feminidad.
Pero que el comentario no se preste a engaño: no estamos ante una película de terror. Ese tipo de emociones no se exacerban al momento de proyectarse La maldición de Thelma. A lo largo de la historia que narra filme se atisban oportunidades que otros directores hubieran utilizado para construir complejos mecanismos de suspenso (las dos escenas en las que se pierde el bebé) o para hacer brincar mecánicamente al espectador de su butaca (las convulsiones acompañadas de pájaros que chocan contra las ventanas).
Y es que La maldición de Thelma sólo retoma ciertas convenciones del terror como los bosques, la brujería, el miedo a la sexualidad y el combate del mal a través de la religión – en una especie de exorcismo inducido por drogas legales – para reprimir la parte oscura del personaje de Thelma. El tema de la película en forma muy distinta ya lo había abordado, por ejemplo, Brian de Palma en Carrie: extraño presentimiento (1976) y Tier lo alude sin excesos sanguiñolientos ni masacres desmedidas.
En realidad es un filme de arte y ensayo que se concentra más en el tema que en el efecto (como lo hace el clásico cine de terror). El asunto central es la identidad femenina maltrecha por los fundamentalismos, controlada por la medicina (psiquiatría y psicología incluidas) y a la que que sólo se puede acceder mediante una búsqueda en el árbol genealógico. De ahí la necesidad de personajes como la abuela y de la estructura que oculta información al espectador y cuando la presenta es más para argumentar que para narrar.
Por ello no es raro que La maldición de Thelma, haya sido elegida como parte del programa de la 64 Muestra Internacional de cine que veríamos en condiciones precarias (si bien nos va) a mediados de año en la Cineteca Alameda. Afortunadamente Cinépolis la estrenó esta semana. Bien por la diversificación. No todo el público anda buscando películas para niños en esta temporada.

lunes, 15 de agosto de 2016

Janis: chica azul

 Janis: chica azul, la no ficción de Amy Berg (2015), es apenas un retrato de la artista como víctima perpetua. La realizadora genera una lastimera representación bastante pobre en ideas cinematográficas y en implicaciones culturales que se regodea en la parte mórbida y se contenta con la exhibición de un dolor constante.
El documental es una biografía de Janis Joplin desde la perspectiva de una niña que soportó rechazo y maltrato en el entorno de una pequeña ciudad texana de los 40 y los 50. Al crecer y merced a la extraordinaria capacidad expresiva de su voz, se integró a la contracultura que tuvo como sede la ciudad de San Francisco. Su éxito en la industria musical fue de la mano de un sufrimiento emocional creciente y de su adicción a las drogas y alcohol, muriendo a los 27 años.
La realizadora Amy Berg optó por la forma más convencional posible para narrar esta historia: una organización cronológica de los eventos principio a fin, uso de testimonios de familiares, amigos y amantes de Janis Joplin, quienes difícilmente articulan una crítica al ícono que se ha vuelto con el paso de los años. El resultado es plano en términos emocionales, dramáticos y de conocimiento. La cantante se vuelve una víctima de tiempo completo de la sociedad y en cierta medida de los hombres con los que convivió.
Menudo problema con una historia ampliamente conocida en su parte pública: el apogeo rápido y breve de la artista en los festivales masivos de los 60 estadounidenses y sus búsquedas no siempre fructíferas en lo musical. Por sabido y anteriormente contado, por el carácter ahora mítico del personaje, por las implicaciones que tiene con temas de moda como el maltrato infantil y la inclusión en nuestras sociedades, era necesario contar la historia de otra manera.
Porque los temas tratados son no son el problema. No se trata de una cuestión de fondo. En donde Amy Berg queda mucho a deber es en su labor de investigadora y en la forma que le otorga al documental. Empiezo por la falta de rigor de esta última. La realizadora recurre, como un motivo, a unos “paseos fantasma” donde la cámara queda ubicada encima de un tren que permite ver alejarse a las vías desde el punto de vista de quién viaja en el cabús. El motivo se repite sin posibilidad de significar algo y termina por volverse una muletilla: algo molesto e innecesario.
La exposición de la vida y los tiempos de Janis Joplin tampoco aporta demasiado. La duración y el formato del documental no permite tener una idea profunda de la manera en que su trabajo incorporó y actualizó tradiciones de la música estadounidense. Tampoco nos deja clara la impronta que su obra tiene en la cultura moderna más allá de sus logros en las listas de éxitos.
Un par de documentales sirven como referencias de narrativas mucho más emocionantes y de discursos mucho más elaborados y referenciados en los márgenes de este tipo de cine. Pienso en la potente biografía de Sixto Rodríguez Buscando a Sugar Man (2012) del malogrado Malik Bendjelloul que manipula el discurso con efectos sorprendentemente emotivos. También está el apabullante trabajo sobre las raíces y la influencia cultural de los primeros años de Bob Dylan realizado por Martin Scorsese (No Direction Home: Bob Dylan, 2015).
Los mejores aciertos de Janis: chica azul son la utilización de la voz de la cantante Cat Power para leer la correspondencia de Joplin y la abundancia de materiales de archivo sobre las presentaciones en vivo de la protagonista. La primera ofrece una lectura dramática pero sin exageraciones, parecida a las interpretaciones de Power.
La segunda se agradece cuando el cine tiene las condiciones adecuadas de audio, siempre superiores a la experiencia casera. En ese sentido es una suerte que en Cineteca Alameda no hayan encontrado y exhibido - en alguno de los ciclos sin pies ni cabeza que acostumbran programar - las copias ilegales que circulan por internet.
Pero creo que ni Cinépolis ni los distribuidores tienen una idea clara de qué hacer con documentales como estos. Ahora pecaron de una traducción literal del título que empobrece el sentido de tristeza del original y sus contactos con la cultura profunda americana. Supongo que pretenden venderlo como lo hacen con los conciertos que proyectan como parte de sus “contenidos alternativos”. E igualmente quieren aprovechar la estela mórbida del llamado club de los 27 que alimenta otros documentales como Amy de Asif Kapadia (2015).
La mente de los mercadólogos cinematográficos es para mí un misterio. En este caso yo debería de celebrar que se le abra un espacio al género documental en las salas comerciales. Pero lamento el escaso impacto que produce y la pobre información que transmite esta Janis: chica azul que, por otro lado, es una de las pocas opciones visibles en salas en estas semanas.

martes, 3 de marzo de 2015

Boyhood: momentos de una vida


El hecho de que Boyhood: momentos de una vida (Título original: Boyhood. Dirección: Richard Linklater. País: Estados Unidos. Año: 2014) apenas se haya estrenado en San Luis Potosí es algo que merece no sólo subrayarse, sino también contextualizarse y tratar de explicarse.
Boyhood, nominada a 6 Óscares en la entrega que tuvo lugar la semana pasada, se estrenó en enero de 2014 en el Festival de Sundance. Llegó a las salas comerciales de Estados Unidos en agosto del año pasado. En México, o por lo menos en el Distrito Federal, comenzó su corrida comercial en el pasado mes de enero, un año después de su proyección en Sundance. Para ese entonces muchos cinéfilos ya la habían visto por que circulaba en internet una copia ilegal.
Yo la vi hace dos meses en la Capital del País en una de las llamadas “Salas de Arte” de la cadena de exhibición Cinépolis. Este era el nicho donde se había confinado a la película antes de las nominaciones al Oscar.
Hace unas semanas la Cineteca Alameda anunció el estreno de Boyhood en nuestra ciudad. La administración de la Cineteca invirtió en una campaña publicitaria y seguramente esperaba tener un gran éxito, ya que la única opción para que el cinéfilo local pudiera verla en una sala era este recinto cuya proyección es de una resolución menor a la de las salas comerciales, que tiene un audio deficiente y donde el público padece de gélidas temperaturas.
Los distribuidores le hicieron una ruda jugada a la Cineteca Alameda, ya que la película finalmente se estrenó también en Cinépolis. No coincidieron en todas las fechas, pero si en los días de mayor afluencia a las salas, que debieron de ser el viernes y el sábado pasado. El público se dividió y eso no es bueno para ninguno de los exhibidores. No se trata de una película que genere una afluencia masiva. Además la Cineteca Alameda no tiene condiciones materiales ni política de precios competitivas.
Así son los absurdos de la distribución y exhibición en San Luis Potosí. Es inconcebible que los distribuidores tarden tanto en estrenar una película. Cuando así lo hacen pierden público ante la piratería. Y cuando dividen a los espectadores las salas de exhibición son las que pierden. La verdad no tiene sentido, es absurda esta manera de actuar.
El momento para estrenar la película a nivel local era cuando se anunciaron las nominaciones al Oscar. Boyhood tenía seis, era una de las competidoras más serias de Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia. (Birdman. Alejandro González Iñárritu. Estados Unidos. 2014) pero finalmente sólo obtuvo un premio, lo cual también debe haber desalentado a ciertos espectadores que pudieran haberse interesado por verla hace unas cuantas semanas o por lo menos inmediatamente antes de la entrega del Oscar.
Lo cierto es que todo esto no le quita méritos a Boyhood: momentos de una vida, que es uno de los trabajos cinematográficos más interesantes del cine estadounidense de los últimos años. La película fue filmada a lo largo de 12 años, algo publicitado hasta el cansancio. Lo interesante es analizar el resultado.
Boyhood narra la historia de Mason y su familia. Él comienza el filme siendo un chamaco de 7 años y termina como un joven de 19 años, siempre interpretado por el mismo actor, Ellar Coltrane. La acción transcurre en varias ciudades, pueblos y el campo del estado de Texas, donde nació y ha vivido el director Richard Linklater.
Los padres de Mason están divorciados. La madre, interpretada por Patricia Arquete, a lo largo de este tiempo termina sus estudios universitarios, se vuelve maestra y tiene un par de parejas, con alguna de ellas vive incluso momentos de violencia intrafamiliar, muy bien planteados por Linklater para no salirse del tono íntimo del resto de la cinta. Basta un vaso roto y ver a la actriz en el piso para tener toda la dimensión del problema.
El padre de Mason es interpretado por uno de los actores / colaboradores claves de Linklater. Ethan Hawke va más allá de su estado de inconformidad adolescente permanente y con inteligencia y ternura pasa de trabajar en Alaska (figura paterna ausente) y de tocar en un conjunto de rock a laborar en una compañía de seguros, formar un nuevo matrimonio y tener un tercer hijo.
Literalmente el tiempo pasa por encima de los actores, que fueron filmados por una semana al año durante el extendido período de rodaje. Este sistema de producción implica muchos riesgos. Por ley ningún actor en Estados Unidos está obligado a tener un contrato mayor de 7 años. Eso habría la posibilidad de deserciones potencialmente desastrosas. Incluso cabía la posibilidad de que alguien del reparto o del departamento de dirección muriera.
Se tomaron previsiones para hacer el trabajo. Por ejemplo: durante el período de filmación (que fue de 2001 a 2013) hubo muchas innovaciones y cambios en la técnica del cine digital. Acertadamente el director y su departamento de cinefotografía decidieron filmar en el formato analógico de 35 milímetros mismo que no ha desaparecido (como algunos lo creen) y ha demostrado ser muy estable y duradero.
En pantalla se ven unas dos o tres escenas por año en la vida de los personajes. El tiempo de proyección de éstas va de los 10 a los 14 minutos. Son como fotografías instantáneas de la vida cotidiana, similares en espíritu a las que hicieron los hermanos Lumiére y perfectamente coincidentes con el descubrimiento de la vocación de Mason. Linklater tiene en esta película un muy afortunado encuentro con la vocación original del cine.
En Boyhood: momentos de una vida no ocurre nada demasiado espectacular. Sólo la vida misma. Hay separaciones dolorosas, encuentros gozosos, enfrentamientos con la diversidad, se percibe cómo pasa el tiempo, cómo se deterioran los cuerpos, cómo la belleza y su manifestación física son transitorias, igual que el paso por el mundo ante la inminencia de la muerte.
Seguramente el guión debió haber sido muy abierto. Se nota en el hecho de que ciertas secuencias carecen de continuidad. Por ejemplo: hay un momento en el que Mason tiene un encuentro con un par de muchachos agresivos en el baño de su escuela. Después de eso no volvemos a saber nada de ellos. Pero ello no le resta méritos a Boyhood. Al contrario. Ahí radica su originalidad, frescura y capacidad de asombrar y conmover a los espectadores con lo que casi nunca se ve en el cine actual: lo cotidiano.
Lo que hizo Richard Linklater fue atrapar el tiempo en su película, convertirlo en algo tangible que es analizable y completamente disfrutable. Al parecer éste ha sido un proyecto continuo en las películas en las que ha colaborado con Ethan Hawke, especialmente la trilogía compuesta por Antes del amanecer, Antes del anochecer y Antes de la medianoche (Before Sunrise, Before Sunset y Before Midnight. Coproducciones de Estados Unidos, Austria, Suiza y Grecia. 1995, 2004 y 2013) que presentan a los mismos actores interpretando a los mismos personajes en tres jornadas. Entre la primera y la última median 18 años.
El ejercicio de Boyhood es distinto porque exigió ir construyendo el tiempo sobre los personajes seguramente sin la capacidad de prever demasiadas cosas, por lo cual es aún más mérito el haber obtenido, finalmente, un arco de transformación de padres y de hijos que resulta claro e interesante. Este es uno de los pilares más firmes que sostienen la fascinación que provoca el filme.
Habría muchas más cosas que escribir sobre la película. Habría que describir y analizar el cumpleaños que Mason pasa con sus abuelos. Tendría que escribir sobre la extraordinaria selección de la música (las listas creadas por los usuarios de Spotify pueden ser mucho más adictivas y claras que el mismo disco). Debería de estudiarse el discurso político de algunas escenas clave, así como el relajado tratamiento del consumo de drogas. Así pasa con las grandes películas: les quedamos a deber muchas palabras.
Boyhood: momentos de una vida se encuentra destinada a volverse un clásico. Por lo pronto se ha anunciado su secuela. Esto creo que es una buena noticia para aquellos que he escuchado expresar su deseo de saber qué pasa con Mason cuando se encienden las luces de la sala.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Los mejores reestrenos de 2014


Desde cierto punto de vista (que podría ser psicológico) los cinéfilos somos como niños: obtenemos placer por la repetición. El amor al cine se demuestra volviendo a ver las mismas películas que antaño nos entusiasmaron. De hecho la segunda vista es prueba de fuego para cualquier film. Y se vale también revisar los juicios negativos tras un segundo visionado.
Por ello celebro que este año la cartelera comercial de San Luis Potosí presentó viejas películas que valía la pena visionar nuevamente en pantalla grande, ahora con copias digitales cuya realización representa todo un reto técnico a fin de lograr una imagen convincentemente cercana a la fuente original.
Las películas de este recuento son bastante conocidas. Será muy raro encontrar en Cinépolis o Cinemex una retrospectiva de Michelangelo Antonioni como la que tiene lugar en la Cineteca Nacional. Un evento como éste debería llevarse a cabo en un espacio de formación de públicos y de impulso al cine como arte tal y como debería ser la Cineteca Alameda. Respecto a sus reestrenos del año los invito a leer mi texto “El fracaso de la Cineteca Alameda en 2014”.
Pero ahora voy a enumerar los cinco eventos de reestreno mas interesantes y logrados en la ciudad de San Luis Potosí durante este 2014 que termina:
5.- Tiempos violentos (Título original: Pulp Fiction. Dirección: Quentin Tarantino. País: Estados Unidos. Año: 1994). Una de las películas fundamentales del cine de violencia de la década de 1990. Ver otra vez la segunda película dirigida por Tarantino me implicó recordar lo ambicioso y complejo de su estructura narrativa, así cómo volver a disfrutar el tono de humor negro que ya mi memoria no registraba. Para mi fue una película fundamental en su momento tal como lo explico en el texto al que pueden acceder haciendo click aquí.
Lo malo de Tiempos violentos fue que su copia presentó defectos técnicos: parecía estar sobre expuesta y ciertos movimientos de cámara laterales no eran fluidos. Ello es evidente cuando John Travolta entra al Jack Rabbit Slim's y se ve un escenario particularmente saturado. A eso había que aunarle unos subtítulos en castellano de España de los que afortunadamente podíamos prescindir muchos de los que fuimos a verla por que nos sabemos los diálogos de memoria. Muy mal por la distribuidora, que es Miramax, por que no hizo un trabajo serio.
4.- El increíble castillo vagabundo (Hauru no ugoku shiro. Hayao Miyazaki. Japón. 2004). Para mi gusto la última gran película del maestro de la animación japonesa. Un cuento lleno de aventura que narra la historia de amor entre un desobligado mago y una chica embrujada convertida en una anciana. La mezcla de animación tradicional y digital es tan extraordinaria como la belleza de los fondos, los paisajes, la música y la historia.
Cinemex presentó un festival de anime llamado Anifest, lo cual es una propuesta muy valiosa sobre todo para el público especializado. Pero la película de Miyazaki es atractiva para cualquier cinéfilo. La gran cosa también fue que, dependiendo del día que uno asistiera, podría verla doblada al español o subtitulada con el audio original en japonés. Aquí se puede consultar la cartelera completa de lo que fue el Anifest 2014.
3.- Chaplin para siempre. Selección de largometrajes dirigidos por Charles Chaplin, entre ellos algunos de los más reconocidos de la historia del cine como La quimera del oro (The Gold Rush. Estados Unidos. 1925) y El gran dictador (The Great Dictator. Estados Unidos. 1940). El material en sí no tiene pierde y es indispensable su conocimiento para cualquier interesado en el cine.
Los méritos de esta programación de Cinépolis son variados. Primero: fue un trabajo conjunto con Cineteca Nacional que incluyó una conferencia en la Ciudad de México. Segundo: se imprimió un folleto con información muy básica pero de atractivo diseño. Tercero: contó con una promoción importante que incluyó displays tridimensionales y un micrositio en internet. Cuarto: los precios de las entradas fueron muy atractivos, ya que hubo venta de bonos. En su momento escribí un texto sobre ello este mismo blog.
2.- Lo que el viento se llevó (Gone with the wind. Dirección acreditada en pantalla a Victor Fleming. Estados Unidos, 1939). Una de las películas más populares de la historia, un melodrama que resume todas las ambiciones del cine de la época de oro de los estudios de Hollywood, un filme masivamente atesorado en la memoria colectiva y uno de los grandes logros técnicos de la primera época del tecnicolor.
No debió haber sido fácil reconstruirle en digital. A mayor antigüedad de los filmes es más arduo encontrar un referente exacto de la forma en que se proyectaban originalmente. Me gustó que se conservara el formato original que es más ancho que el común de la época y cuya proyección digital no implica ningún problema. También me agrada que no se hayan ocultado las limitantes técnicas, por ejemplo, de los planos compuestos, que nos pueden parecer muy rudimentarios respecto a lo que estamos acostumbrados ahora pero que forman parte de la estética del film.
Dos cosas le criticaría a la exhibición organizada por Cinépolis. Primero: la escasa cantidad de funciones que organizó y que una de ellas se haya cancelado por cuestiones técnicas. Obviamente esto último fue un imprevisto. Y el número de funciones seguramente estuvo determinado por su duración de casi 4 horas. Pero ni siquiera estuvo una semana en cartelera. Segundo: solamente se exhibió en la sala VIP y por lo tanto se encareció el costo del boleto. Sin embargo yo estaría dispuesto a dejar de comer por ver algunas películas en esas condiciones.
1.- Beatles: A Hard Day´s Night (también conocida como ¡Yeah, Yeah, Yeah, Paul, John, George y Ringo!. A Hard Day's Night. Richard Lester. Reino Unido. 1964). La primera película del cuarteto Liverpool trascendió la simple promoción de un grupo musical de moda. Lester desplegó una energía cinética que abruma desde la secuencia de créditos donde John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr huyen de sus fans.
A pesar de que respeta muchas convenciones del género musical lo cierto es A Hard Day's Night lo trasciende adquiriendo una forma audiovisual muy moderna. Mark Cousins en su Historia del cine sostiene que se adelantó casi veinte años a la estética del video de MTV. José Agustín en La nueva música clásica la describió como un demoledor atisbo a la soledad de la fama. Lo cierto es que, para quienes no lo sepan, es una película muy prestigiada.
Puedo decir también que es formalmente muy rica por que despliega variedad de recursos fílmicos: imágenes documentales, fotografía fija, cámara en mano, video y hasta pantallas divididas. Todo ello en un tono de comedia memorable que The Beatles ya no pudieron volver a alcanzar en sus siguientes incursiones fílmicas como personajes reales.
El primer lugar en esta lista personal lo logra A Hard Day's Night no sólo por los méritos del film en si mismo, sino por el maravilloso logro técnico de la copia digital, que reproduce la riqueza del original, con su textura por momentos granulosa y su bella fotografía a blanco y negro. En el proceso de restauración digital participó el director Richard Lester y el resultado fue una copia en el mejor formato posible de video, el 4K, que fue encargada por Criterion, una de las compañías mas serias del negocio a nivel global.
La buena noticia es que en estos momentos Beatles: A Hard Day´s Night está en cartelera. Es un gran regalo de fin de año para cinéfilos, melómanos y bitlemaníacos. Hay que aprovechar también y escucharla magistralmente como se debe en la mezcla a 5.1 canales, para lo cual yo recomiendo el conjunto de Cinépolis Plaza San Luis.
Espero que el próximo año nos traiga más reestrenos, que los cinéfilos a los que no nos da flojera volver ver las películas nuevamente en sala cinematográfica seamos un segmento de mercado suficientemente atractivo para que se sigan haciendo estos rescates y estas proyecciones en salas profesionales con condiciones adecuadas para el disfrute del cine.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Lo que el viento se llevó: Semana de Cine Mexicano


El negocio del cine enfrenta una serie de retos inquietantes. Por un lado está la competencia de una enorme cantidad de pantallas personales o caseras, que van desde el teléfono celular hasta las pantallas de plasma de 80 pulgadas. La gente está viendo contenidos audiovisuales en general y películas en particular en multitud de sistemas. Hay quien recurre a soportes como el dvd o el blu-ray y quienes usan internet para acceder a ellos.
El hecho de ir a las salas cinematográficas ha tenido que volverse un evento. Ahora que la proyección en las salas es digital no se puede apelar a la superioridad del celuloide y a su superioridad en cuanto a resolución y por lo tanto a cierto tipo de calidad que representa.
Algunos cines (y también cierto tipo de películas) se han vuelto algo similar a un parque de diversiones. Las proyecciones en 3D se asemejan por momentos a una montaña rusa y apelan a la reacciones fisiológicas de los espectadores para que estos decidan que el dinero pagado por su boleto ha valido lo que ha costado. El extremo son las las salas 4D donde el espectador recibe otros estímulos además de la imagen y el sonido: las butacas tiemblan, se arroja humo, agua, viento y se despiden olores. En las próximas semanas se inaugurará la primera sala de este tipo en San Luis Potosí.
Todos estos espacios están destinados a eventos fílmicos dirigidos sobre todo al público joven o muy joven. La asistencia de niños y adolescentes a las salas es el objetivo de estas atracciones. ¿Qué pasa con el público adulto? En la mente de los mercadólogos se asocia la mayor edad al mayor ingreso. Eso estaría por verse en el entorno de crisis y desempleo que se vive, pero démoslo por bueno en este momento. Para este público con mas dinero se han abierto salas sangronamente llamadas VIP, que ofrecen servicio de bar y restaurante, tienen pocas butacas por sala pero estas están completamente mullidas y son reclinables. El costo, desde luego, es mucho mas alto.
Este fin de semana se exhibió en nuestra ciudad Lo que el viento se llevó (Título original: Gone with the wind. País de origen: Estados Unidos. Año de estreno: 1939), la legendaria película estadounidense atribuida en su dirección a Victor Fleming e interpretada por Clark Gable, Vivian Leigh y Olivia de Havilland. Quizá sea la película con mayor cantidad de reestrenos en la historia del cine. Ha acompañado a muchas generaciones, y tiene seguidores que mayoritariamente no la vio en su estreno. Ahora cumple 75 años y llega a las salas, en el caso de nuestra ciudad a las VIP, en una nueva copia digital.
El público que por primera vez la vea en el cine se enfrentará a una experiencia interesante. No hay que olvidar que es una película pionera, muy adelantada técnicamente a su tiempo, cuando la fotografía en blanco y negro era el estándar y el sonido apenas tenía 11 años de haberse incorporado a la imagen. En ese sentido uno podría apreciar ciertas imperfecciones en la imagen, mas ahora que estamos acostumbrados a la nitidez digital.
Pero lo que queda claro es que verla en la pantalla grande revela la desmesura de sus realizadores, que quisieron filmar lo mas espectacular que se podía hacer en ese momento, basándose en los logros fílmicos obtenidos hasta el momento y queriendo superarlos. Todo ello pensado en la pantalla grande, no en un televisor ni en ninguna otra pantalla. Se ha dicho que es la película que resume todas las aspiraciones del cine clásico de Hollywood.
Pero, como diría mi amigo Jaime Álvarez del Castillo: una película como esa sólo se puede aguantar en un cine. Y al parecer la el público ha pensado de esa manera, ya que la exhibición del sábado se realizó con la sala llena. Y al momento de publicar estos comentarios ya no hay boletos disponibles para la función de hoy.
Eso demuestra que con una estrategia de mercado, apoyada en una buena infraestrucura, quizá incluso hasta demasiado pretenciosa y desde luego orientada al consumo de algo mas que la película, pero que no pasa por alto la calidad del sonido y de la exhibición, sigue siendo posible que la gente prefiera las salas para ver algo algo a lo que mas fácil y económicamente podría tener acceso.
En el otro extremo del asunto, en cuanto a la calidad de exhibición pero también radicalmente opuesto en el sentido de la novedad, déjenme contarles que hoy arranca la Semana de Cine Mexicano en la Cineteca Alameda de San Luis Potosí. El cine nacional pasa por un momento de enormes contradicciones. Algunas películas mexicanas han sido de las mas taquilleras en los últimos años, pero la enorme cantidad de la producción (que no es poca) no llega a las salas comerciales.
Y eso se puede explicar por varias razones. La mala promoción de las salas especializadas, supuestamente dedicadas al la difusión del cine mexicano, podría ser una de ellas. Un ejemplo: al día de hoy la página de internet de Cineteca Alameda no tiene la programación completa ya no digamos del mes de noviembre, sino de la Semana de Cine Mexicano.
Vía un twitter del Imcine, el Instituto Mexicano de Cinematografía, me enteré de que hoy se exhibe Club sándwich (México. 2013) con la presencia de su director Fernando Eimbcke y de parte de su elenco. No es una mala idea volver a exhibir esa película en Cineteca Alameda, sobre todo si viene el director y los actores. Pero no me cabe en la cabeza que una estrategia tan básica como la publicación de la cartelera en la página de internet oficial de la Cineteca Alameda no esté funcionando.
Seguramente otras redes sociales si tienen la información, al menos eso quiero suponer, pero uno siempre regresa a la página de internet para consultar la cartelera y para planear su asistencia. En el momento de escribir esto sólo hay cuatro películas anunciadas. Urge que eso se arregle.
Por otro lado, la Cineteca Alameda es una de las salas de cine mas inhóspitas de la ciudad. Y mas en esta época del año, cuando los cinéfilos empedernidos asistimos con un cobertor para combatir el frío. También nos hemos vuelto expertos en ubicar espacios que mejoren la experiencia sonora.
Antes, cuando las películas se exhibían en filme de 35 milímetros, para poder entender una película en español el mejor lugar era en el centro de la luneta, abajo de la zona del proyector. Ahora, con el equipo digital, hay que acercarse a la pantalla tendiendo mas hacía el pasillo central derecho para poder escuchar algo con relativa claridad. Resulta irónico lo arduo que resulta escuchar una película en español mexicano.
Además de que, como lo he escrito antes, el equipo de proyección full hd es de calidad inferior al de otras salas cinematográficas de la ciudad. A eso hay que aunarle que el cañón de video no tiene momentos de reposo cuando hay tres funciones al día. Entre una y otra función se mantiene encendido para proyectar los avances de la cartelera y publicidad de instituciones de gobierno.
Con eso se acorta el período de vida útil del proyector, que ya presenta signos de deterioro. La última vez que fui a la Cineteca Alameda, a la exhibición de Mi vida es un rompecabezas (Casse-tête chinois. Cédric Klapisch. Coproducción de Francia, Bélgica y los Estados Unidos. 2013) aparecieron en diversos momentos señales de ruido en la imagen, nieve, como se dice coloquialmente. Además de que se cometió la falta de respeto al público y los cineastas de no apagar la luz durante la exhibición del cortometraje previo a la presentación estelar, al menos en la última función.
Esas son las condiciones en las que podemos acceder a lo mas interesante, ya no digamos a lo mas nuevo, de nuestro cine mexicano. Parece que se quisiera que resultara invisible e ilegible. Sin embargo no quiero dejar de ir a la Semana de Cine Mexicano.
Y por otro lado, las empresas particulares de exhibición buscan maneras de que el público no se aleje de las salas. Una opción es exhibir películas clásicas, concebidas originalmente para el cine, en las mejores condiciones posibles. Se trata de los filmes mas comerciales de la historia, pero sin duda alguna tienen un estatus de clásicos. Pero la diferencia al momento de tratar dos tipos de cine, el mexicano y el hollywoodense, me inquieta, me hace pensar muchas cosas.

jueves, 7 de agosto de 2014

Chaplin para siempre

Este año es el centenario de la invención, por parte de Charles Spencer Chaplin, de su personaje de El Vagabundo. François Truffaut definió (en su libro El placer de la mirada) a este personaje como el hombre mas pobre del mundo instalado en permanente actitud de caballero.
Su estatus socioeconómico y sus pretensiones entraban en contradicción. Demasiado débil para pelear (en defensa de una mujer, un niño o un animal) contra un representante del orden (mesero abusivo, tendero o policía), El Vagabundo de Chaplin hacía justicia con patadas en el trasero y rápidas huídas.
Chaplin construyó un personaje que estaba inspirado en sus experiencias personales. George Sadoul (Vida de Chaplin) lo citaba diciendo que había nacido "en las capas inferiores de la sociedad londinense".
Habiendo padecido Chaplin hambre y pobreza, Truffaut detectó en su sinceridad la clave de su éxito. Yo podría decir que ello permitió a millones en el mundo que se identificarán con su personaje.
Pero también en su trabajo como director (además de productor, guionista, actor y músico) hay un perfeccionismo que lo relaciona con otros directores como Erich von Stroheim o Stanley Kubrick, que hicieron a un lado la improvisación y optaron por el férreo control de sus películas.
Control del cuerpo. Chaplin demostró precisión militar y dancística en cada una de sus interpretaciones. Podía, por ejemplo, reproducir de manera idéntica sus movimientos. En La quimera del oro (The Gold Rush. Dirección Charles Chaplin. Estados Unidos, 1925) hay dos planos, en uno se va al fondo de una cabaña para prepararse con un sombrero y un abriguito insuficientes para enfrentar una tormenta. Unos planos después, cuando se da cuenta que no debe hacerlo, regresa a poder el sombrero y el abrigo en su lugar. El recorrido es idéntico, los planos también, ambos son precisos en su esquema de repetición y variación.
Control de la cámara. Alguna vez Orson Welles le dijo: en tus películas tú no haces planos interesantes. Chaplin le respondió: "yo soy interesante". La claridad es elemento fundamental de la puesta en escena cinematográfica de sus películas. En ellas todo se supedita al efecto en el público. En las comedias, nada debe estorbar a la risa; en los melodramas, los sentimientos humanos deben ser exacerbados. Toda una lección para películas mexicanas como El Crimen del Cácaro Gumaro (Emilio Portes. México, 2014).
Control total de la película. Chaplin trabajó en el sistema de estudios de Hollywood, uno de los mas competitivos del mundo. Llegó a ser tan popular que pudo producir y controlar sus propias películas, en un caso relativamente similar al de su paisano Alfred Hitchcock. Ambos se impusieron al sistema. Tuvieron su auge y su decadencia, pero en un esquema estandarizado, fueron personalidades sobresalientes.
Cinépolis presenta un ciclo llamado Chaplin para siempre. Según la publicidad se exhibirá en 50 de sus complejos. En San Luis Potosí, en dos de ellos: El Dorado y Sendero.
Tendremos oportunidad de ver en pantalla grande tres largometrajes mudos: El chico (The Kid. Estados Unidos, 1921), La quimera del oro y El circo (The Circus. Estados Unidos, 1928); dos largos parcialmente sonorizados: Luces de la ciudad (City Lights. Estados Unidos, 1931) y Tiempos modernos (Modern Times. Estados Unidos, 1936) y uno hablado y sonoro: El gran dictador (The Great Dictator. Estados Unidos, 1940).
Las ausencias en este ciclo son los cortometrajes de Chaplin, gran parte de su obra autoral. Tampoco están sus mediometrajes como Vida de perros (A Dog's Life. Estados Unidos, 1918), El peregrino (The Pilgrim. Estados Unidos, 1923) o Armas al hombro (Shoulder Arms. Estados Unidos, 1918).
Sin embargo es de reconocer el riesgo comercial que corre Cinépolis. Por mas que Chaplin sea uno de los directores mas populares de toda la historia del cine, sus películas no dejan de tener edades dignas de veneración. ¿Encajará el público con las películas mudas? Ojalá que sí, por que se enriquecería  la cultura fílmica en general.
En el programa de mano se anuncia que en el Distrito Federal habrá una charla con expertos de la Cineteca Nacional. Se antoja como una colaboración interesante entre dos instancias fílmicas que tienen (o deberían tener) objetivos distintos.
En San Luis Potosí no veremos eso. Se antoja que se pudiera transmitir la conferencia vía satélite, pero también se entienden los costos y la infraestructura que se requieren.
Por cierto, también es interesante la política de precios: hay bonos de 4 películas por 80 pesos. Nada mal, tomando en cuenta que la entrada a la Cineteca Alameda cuesta el doble para el público en general.