Nenek (México, 2014) el documental dirigido por Sabdyel Almazan, ganador del Festival de Cine y Video Indígena (junto con Los hilos que nos tejen de Melissa Elizondo) es una vueltereta al género, es un reclamo de autor, es la búsqueda del narrador en sus orígenes, planteándose la pregunta “¿de dónde vienen mis historias?”.
El documental probablemente sea el cine mas vital, sano y propositivo en el México de hoy. Nenek, de Sabdyel Almazán, se nutre de una tradición, la del cine testimonial, el documental que se construye con la verbalidad de los personajes.
Sabdyel Almazán se reconoce deudor de películas como El abuelo Cheno y otras historias (México y Cuba, 1994) de Juan Carlos Rulfo y su trabajo se inscribe en la tradición de Eco de la montaña (México y Estados Unidos, 2014) el film dirigido por Nicolás Echevarría y que fue lo mejor que vimos la semana pasada en el Foro Internacional de la Cineteca.
Nenek entrelaza múltiples historias. Las figuras mas cercanas a la infancia del realizador cuentas muchas de ellas. Unas son de naturaleza mítica, como aquella en la que se cuenta cómo el diablo vivió en el pueblo. Otras son de carácter familiar y se relacionan con maternidad, el machismo, la violencia, el trabajo de todos los días y el deseo de vivir con alegría.
Ninguno de los relatos deja indiferente al espectador. Todos se tejen finamente en el guión confeccionado por el director y el maestro Óscar Montero, que ha construido una cátedra sólida y generosa en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
Las historias transcurren en Tamapatz, el pueblo de Aquismón donde creció Sabdyel Almazán. Igual como debió escucharlas él, se mezcla el español con la lengua indígena. Se pasa del terror que engendra la violencia a la añoranza de la niñez.
El director busca recrear el espacio real en el espacio en pantalla. Para ello recurre a un talento fotográfico que ha ido afinando a lo largo de los últimos años, donde pasó de ser un estudiante de ciencias de la comunicación y de cine a ser un narrador prendado de la imagen.
Peyote (México, 2013) la película de Omar Flores Sarabia, ya era un trabajo fotográfico digno de tomarse en cuenta. Pero Nenek supera el logro. Ubica mejor la dimensión del pueblo de Tamapatz en un sitio por encima de las nubes. Las sombras y el sol de la Huasteca Potosina se trazan con riqueza en el lente digital de Almazán.
La edición de la película permite darle agilidad y ritmo a los testimonios. La gente de la Huasteca no solemos ser grandes conversadores, como lo son por ejemplo, los habitantes del sur de Jalisco, donde Juan Carlos Rulfo hizo sus primeras películas. Pero el espectador se queda con las historias completas gracias al resumen que de ellas hace Sabdyel Almazán al momento de editarlas.
Si el cine documental, al principio de su historia y de sus definiciones, era un modo de contar la vida de los grupos humanos, Nenek le da un rodeo al concepto para asumirse como una cuestión autobiográfica. Ahí está la voz del director, en algún punto fuera de la pantalla. Su imagen, en fotografías fijas a blanco y negro.
Pero finalmente llega al mismo punto. Sus historias son las de su gente. Las del sonido que producen los granos de café al cortarse. Las del sacerdote muerto a flechazos. Las de los antepasados que aún conservan su silla para sentarse en la casa donde vivieron.
El recorrido de Nenek apenas comienza con el premio en el Festival de Cine y Video Indígena, entregado este pasado fin de semana. La película está seleccionada para competir en dos festivales grandes. Uno de ellos es el DocsDF, el Festival de Documental del Distrito Federal, y el otro es el Festival Internacional de Cine de Morelia, uno de los mas importantes del país.
Las viscitudes de la producción ya quedaron atrás. Muchas fueron absurdas y se relacionan con el pésimo manejo de los apoyos a la cultura por parte de gobierno actual. Pero ya fueron. Ya son otra historia que debería contarse, como decía Michael Ende, en otro lugar y otro momento. Ahora Nenek se deja ver y forma parte la solidez del cine mexicano y de la aventura de filmar en San Luis Potosí.
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lunes, 1 de septiembre de 2014
lunes, 21 de abril de 2014
Un viaje con Peyote
La
película Peyote se exhibe
por primera vez al público potosino. El filme, dirigido por Omar
Flores Sarabia, fue rodado en
San Luis Potosí, Cerro de
San Pedro y Real de Catorce.
La diferencia entre Peyote y
otros proyectos realizados en nuestro ámbito es que la ópera prima
de Omar Flores encontró distribuidores en Europa y Estados Unidos.
Peyote
narra el viaje de dos hombres en busca de su identidad. Tal y como lo
resumen los cineastas en su blog www.quieresunviaje.blogspot.mx,
la película narra la
historia de Pablo, “un adolescente tímido y de vida estable, que
conoce a un hombre diez años
mayor que él. Juntos emprenderán una aventura al desierto. Sin
embargo, su viaje los confrontará entre sí y los obligará a tomar
decisiones que cambiarán el rumbo de sus vidas”.
Peyote
es una película de largometraje
concentrada en dos personajes. Producida con muy escasos recursos
pero con inteligencia y conocimiento. Cabe destacar que la mayor
parte del equipo que intervino estudió cine digital en nuestra
ciudad, aprovechando una oferta académica actualmente inactiva: la
especialidad en Cine Digital de la UCEM (Universidad del Centro de
México).
Para
filmar Peyote usaron
unos cuantos fines de semana, una cámara fotográfica digital y
equipo de registro sonoro profesional. El guión fue escrito a cuatro
manos por el director Omar Flores Sarabia y el fotógrafo Sabdyel
Almazán. Esta mancuerna previamente había tenido participaciones
interesantes en los
festivales internacionales de
Cine de Guanajuato y de Monterrey, así como en el
Docs DF.
La
producción corrió a cargo de Ulises Castillo, quién actualmente se
especializa en guionismo en la ciudad de México y que ha colaborado
en producciones como Potosí e
Hidalgo, la Historia jamás contada.
Peyote
la película es producto
del vértigo de la libertad. Es
una evidencia de que narrar
bien una historia es posible no sólo por la voluntad de quien filma,
Se
requiere además inteligencia
y conocimiento. No hay improvisación en la película, hay un plan
meticulosamente realizado. Existió antes del rodaje mucha previsión
y al momento de filmar
una extraordinaria disciplina.
Ello
no evitó que en ciertos momentos la película haya estado al borde
literalmente de desaparecer. Pero
finalmente existe y no sólo eso: ya tiene asegurado un sitio en
pantallas de televisión, computadoras y cine en Europa y Estados
Unidos.
Peyote
formó parte de la oferta
mexicana que en 2013 buscó venderse y distribuirse en el festival de
Cannes, en Francia. Llamó la atención de Breaking Glass
Pictures de
Estados Unidos y de
la compañía alemana Pro Fun Media
y se concretó la venta.
Con
estos antecedentes mas de uno ha pedido insistentemente la
oportunidad de ver la película. El próximo sábado
26, a las 7
de la noche, en la Cineteca Alameda, finalmente el público de la
ciudad podrá ser testigo de esta travesía por el desierto potosino.
lunes, 7 de abril de 2014
Luces opacas en la Cineteca Alameda
Este
fin de semana marcó mi regreso como espectador a uno de los espacios
mas importantes para la cultura cinematográfica potosina, la
Cineteca Alameda, admnistrada por la Secretaría de Cultura del
Gobierno del Estado de San Luis Potosí.
Por
varios meses me ausenté de la Cineteca de manera voluntaria debido a
la baja calidad de su proyección. El antiguo
palacio de Constitución y Universidad había perdido la carrera
contra el cambio tecnológico. Desde su inauguración sus
proyecciones se habían realizado en formato analógico de 35
milímetros.
El año los distribuidores dejaron de mandar sus filmes en
ese noble, bello, frágil y caro formato que cedió ante las
facilidades y la economía del video en alta definición. Desde entonces padecimos los cinéfilos asiduos a la Cineteca Alameda de una
proyección extraordinariamente deficiente con imágenes pálidas,
oscuras y pequeñas que ni siquiera cubrían totalmente el espacio de
la pantalla. Con aún mas dolor de corazón que de ojos me retiré
de ese espacio.
Hace
unas semanas se anunciaron mejoras en el equipo de proyección y de
audio. Corrió la noticia de que se había instalado un nuevo cañón
de video. El pretexto para regresar a la Cineteca Alameda fue La
Gran Belleza (La
grande bellezza. Italia y Francia, 2013)
la película dirigida por Paolo Sorrentino, ganadora del Oscar a
mejor película extranjera.
Puedo
decir que las condiciones han mejorado, pero están rezagadas con
respecto a las salas comerciales. La calidad del video es apenas full
hd (http://goo.gl/IqzRdi), la
misma de los reproductores caseros de blu – ray. La calidad
de proyección del circuito comercial oscila entre el 2k y el 4k
formatos mas luminosos, grandes y contrastados.
Las
mejoras resultan mas opacas por las condiciones de la sala. En la
primera función (que en el caso de La gran belleza comenzaba
antes de las 4 de la tarde) la luz entra tanto por el oriente como
por el sur. Nunca ha habido interés, cuidado y/o presupuesto para
solucionar ese detalle que deteriora la calidad de la imagen.
En esta época repleta de dispositivos portátiles, conexiones a
internet (que podrían y debieran ser mas rápidas), pantallas
caseras de alta definición, videos en dvd, blu - ray ,
streaming y demás tentaciones y opciones para ver una
película sin salir de casa, la pregunta es por qué ir al cine.
La
entrada resulta cara. El boleto en Cineteca Alameda cuesta 40 pesos
todo el día, toda la semana (25 para estudiantes y adultos en
plenitud con credencial). En algunas salas de los complejos privados
(Organización Ramírez y Cinemex) las entradas para adulto cuestan
34 y 35 pesos. Las condiciones de proyección no son muy diferentes a
las de la sala admnistrada por la Secretaría de Cultura del Gobierno
de San Luis Potosí.
La
selección de la cinta podría ser un motivo para ir a la sala. El
retraso, con respecto a su estreno en el Distrito Federal, tampoco es
muy grande: apenas un mes. Pero mas de un cinéfilo ya la había
visto, no siempre de manera legal, por que el blu - ray se
comercializó a nivel mundial desde enero (http://goo.gl/KL8s5O).
Pero
el principal freno para asistir a la Cineteca Alameda sigue siendo lo
inhóspito de la sala. Su enorme aforo resulta helado, las cortinas
de la pantalla están cayéndose y sus áreas de recepción no son
propicias para la convivencia.
Jean
– Luc Godard escribió que su generación iba al cine por que les
gustaba estar juntos. Espacios como la Cineteca Nacional han
entendido eso y se han reconstruido para solucionar no sólo
problemas prácticos como el estacionamiento, sino para crear
espacios como jardines y cafeterías que permitan convivir antes (y
sobre todo después) de ver una película.
Bernardo
Bertolucci expuso, en Los soñadores (The
Dreamers. Reino Unido, Francia e Italia, 2013)
el potencial subversivo de la
práctica de ver cine
colectivamente. Es posible
que el descuido de este aspecto en Cineteca Alameda tenga que ver con
una política de encuadramiento colectivo, es decir, con un
pretendido aislamiento y falta de solidaridad entre
los miembros de una comunidad: los
vínculos fuertes y el sentimiento de pertenencia siempre van de la
mano de la crítica y la exigencia a las autoridades.
Pero
también podría tener que
ver con la indolencia que
reiteradamente ha demostrado la administración de la cultura en San
Luis Potosí.
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The Dreamers
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