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lunes, 13 de abril de 2015

Cineteca Alameda: publicaciones y dudas


Antenoche estaba terminando el período vacacional de la Semana Mayor cuando, casi bajándome del camión en el que regresé a la ciudad, me enfilé a la Cineteca Alameda para ver el documental mexicano Un día en Ayotzinapa 43 (México, 2015). La película del cineasta Rafael Rangel se exhibió durante cuatro días en el recinto de Universidad y Constitución. El director estuvo presente en una de las funciones.
Es realmente relevante el hecho de que Cineteca Alameda haya programado el film a razón de tres funciones diarias, aunque el número de jornadas no abarcara una semana completa. Esta actitud lo hace parecer casi un cine “normal” de esos que abren todos los días y siempre proyectan películas.
Creo que películas como Un día en Ayotzinapa 43 son del tipo de las que deberían de verse en la cineteca de San Luis Potosí, ya que se trata de un documental filmado con bajos recursos, formalmente no convencional, que aborda un hecho clave en este momento que vivimos como país y que jamás llegaría a una sala de esas que llamamos comerciales.
En el Distrito Federal la película cumplió ya un mes en la cartelera de la Cineteca Nacional. ¿Cuál es la diferencia con San Luis Potosí? No es tanto un asunto demográfico, es decir, de la diferencia entre los tamaños de ambas poblaciones, que es inegable. El contraste radica en el hecho de que Cineteca Nacional ha formado de manera constante (y a lo largo de muchos años) audiencias ansiosas de ofertas fílmicas alternativas.
Un elemento clave en esta formación de públicos es la realización y distribución del Programa Mensual de la Cineteca Nacional: un libro de pequeño formato que no sólo contiene la cartelera, sino también un conjunto de textos que permiten contextualizar temática y formalmente cada una de las películas que son exhibidas.
Grata sería mi sorpresa al encontrar en la taquilla de Cineteca Alameda un folletito llamado La Claqueta, editado por esa institución y con contenidos cinematográficos. Se trata de una publicación de distribución gratuita, con un tamaño de un cuarto de oficio, lo cual la hace muy práctica de cargar y muy fácil de perderse o desecharse intencionalmente. El asunto del formato no es menor, sobre todo cuando tomamos en cuenta que un momento clave para leer este tipo de textos es cuando se espera el inicio de la película. Naturalmente la iluminación de un cine no es la de una sala de lectura. Pero si la impresión de La Claqueta fuera más clara, con tipografía más grande y con fondos contrastados, sin imágenes de fondo, podría ser legible incluso manteniendo su tamaño.
La portada, contraportada y tercera de forros de La Claqueta reproducen pósters de películas próximas a exhibirse. La segunda de forros tiene un índice, lo cual me parece un desperdicio tomando en cuenta lo pequeño de la publicación que apenas llega a 18 páginas numeradas.
El número 2 de La Claqueta (con fecha de portada de Abril de 2015) incluye 4 textos sobre películas. Hay uno sobre Un día en Ayotzinapa 43, tomado del Programa Mensual de la Cineteca Nacional. Otro sobre Ida, el filme de Pawel Pawlikowski (Polonia, 2014), escrito por el experto en cine y maestro Oscar Rodríguez Gómez. También hay uno sobre el Cine Infantil y el Mundo Digital y otro más sobre el cine de culto. Me concentro en éste último.
El Cine de Culto o la Mitificación de lo Disfuncional, el artículo firmado por Abraham Reyes trata de justificar la programación de la Segunda Semana de Cine de Culto que presentará la Cineteca Alameda. De entrada es una buena idea porque el concepto es escurridizo. Aunque después de leerlo no termino de encontrarle una razón a la programación que incluye, entre otras, La edad de oro [L'âge d'or. Francia. 1930], Orgía de horror y locura [The Rocky Horror Picture Show. Estados Unidos. 1975] e Identidad peligrosa [The Big Lebowski. Joel Coen. Estados Unidos y Reino Unido. 1998]. Algunas de esas películas además son anunciadas con títulos no oficiales como “El gran Lebowski”.
El texto de Abraham Reyes jamás atina en definir con mediana claridad qué es una película de culto, utiliza términos confusos como el de “baja producción”, que probablemente quiere decir producción de bajo presupuesto y menciona un título tras otro sin acabar de otorgarles sentido. También pasa de un argumento histórico de exhibición a uno de producción de manera injustificada y confusa. Aunque hay que reconocer el mérito de referirse a otro texto: eso impulsa al público lector, si llega hasta el final de la lectura, a proveerse de su propio conocimiento.
Estoy consciente del esfuerzo que implica armar una publicación. Pero ya que se está haciendo hay que procurar ser rigurosos a la hora de escribir, seductores al momento de presentar las películas, claros cuando toque diseñar y siempre conscientes de que todos estos aspectos sumados facilitan la lectura y estimulan el gusto por el cine. Reitero: una publicación como La Claqueta es clave en cualquier esfuerzo tendiente a construir un público que entienda y exija películas como Un día en Ayotzinapa 43 y que en algún momento pueda llenar continuamente una o varias salas de cine.
Por otra parte pienso que la Cineteca Alameda y la Secretaría de Cultura del gobierno estatal debe aclarar qué significa el que la hayan designado sede de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí tal y como se anunció en días pasados vía la prensa local. Yo tengo un par de dudas: ¿interferirán las actividades de la orquesta sinfónica con la proyección de películas? ¿Las adecuaciones al aforo, el lobby y los baños de la Cineteca Alameda (que han descuidado la proyección y el sonido) fueron hechas pensando en los conciertos de la Sinfónica?
Ojalá que no. Mejor aún: ojalá que no sea cierto el cambio de sede de la Sinfónica de San Luis. Porque la función central del Cine Teatro Alameda es ser la Cineteca del Estado de San Luis Potosí. Cualquier otra actividad es secundaria y no debe interferir con sus objetivos de fomento y apreciación del arte cinematográfico.

jueves, 7 de agosto de 2014

Chaplin para siempre

Este año es el centenario de la invención, por parte de Charles Spencer Chaplin, de su personaje de El Vagabundo. François Truffaut definió (en su libro El placer de la mirada) a este personaje como el hombre mas pobre del mundo instalado en permanente actitud de caballero.
Su estatus socioeconómico y sus pretensiones entraban en contradicción. Demasiado débil para pelear (en defensa de una mujer, un niño o un animal) contra un representante del orden (mesero abusivo, tendero o policía), El Vagabundo de Chaplin hacía justicia con patadas en el trasero y rápidas huídas.
Chaplin construyó un personaje que estaba inspirado en sus experiencias personales. George Sadoul (Vida de Chaplin) lo citaba diciendo que había nacido "en las capas inferiores de la sociedad londinense".
Habiendo padecido Chaplin hambre y pobreza, Truffaut detectó en su sinceridad la clave de su éxito. Yo podría decir que ello permitió a millones en el mundo que se identificarán con su personaje.
Pero también en su trabajo como director (además de productor, guionista, actor y músico) hay un perfeccionismo que lo relaciona con otros directores como Erich von Stroheim o Stanley Kubrick, que hicieron a un lado la improvisación y optaron por el férreo control de sus películas.
Control del cuerpo. Chaplin demostró precisión militar y dancística en cada una de sus interpretaciones. Podía, por ejemplo, reproducir de manera idéntica sus movimientos. En La quimera del oro (The Gold Rush. Dirección Charles Chaplin. Estados Unidos, 1925) hay dos planos, en uno se va al fondo de una cabaña para prepararse con un sombrero y un abriguito insuficientes para enfrentar una tormenta. Unos planos después, cuando se da cuenta que no debe hacerlo, regresa a poder el sombrero y el abrigo en su lugar. El recorrido es idéntico, los planos también, ambos son precisos en su esquema de repetición y variación.
Control de la cámara. Alguna vez Orson Welles le dijo: en tus películas tú no haces planos interesantes. Chaplin le respondió: "yo soy interesante". La claridad es elemento fundamental de la puesta en escena cinematográfica de sus películas. En ellas todo se supedita al efecto en el público. En las comedias, nada debe estorbar a la risa; en los melodramas, los sentimientos humanos deben ser exacerbados. Toda una lección para películas mexicanas como El Crimen del Cácaro Gumaro (Emilio Portes. México, 2014).
Control total de la película. Chaplin trabajó en el sistema de estudios de Hollywood, uno de los mas competitivos del mundo. Llegó a ser tan popular que pudo producir y controlar sus propias películas, en un caso relativamente similar al de su paisano Alfred Hitchcock. Ambos se impusieron al sistema. Tuvieron su auge y su decadencia, pero en un esquema estandarizado, fueron personalidades sobresalientes.
Cinépolis presenta un ciclo llamado Chaplin para siempre. Según la publicidad se exhibirá en 50 de sus complejos. En San Luis Potosí, en dos de ellos: El Dorado y Sendero.
Tendremos oportunidad de ver en pantalla grande tres largometrajes mudos: El chico (The Kid. Estados Unidos, 1921), La quimera del oro y El circo (The Circus. Estados Unidos, 1928); dos largos parcialmente sonorizados: Luces de la ciudad (City Lights. Estados Unidos, 1931) y Tiempos modernos (Modern Times. Estados Unidos, 1936) y uno hablado y sonoro: El gran dictador (The Great Dictator. Estados Unidos, 1940).
Las ausencias en este ciclo son los cortometrajes de Chaplin, gran parte de su obra autoral. Tampoco están sus mediometrajes como Vida de perros (A Dog's Life. Estados Unidos, 1918), El peregrino (The Pilgrim. Estados Unidos, 1923) o Armas al hombro (Shoulder Arms. Estados Unidos, 1918).
Sin embargo es de reconocer el riesgo comercial que corre Cinépolis. Por mas que Chaplin sea uno de los directores mas populares de toda la historia del cine, sus películas no dejan de tener edades dignas de veneración. ¿Encajará el público con las películas mudas? Ojalá que sí, por que se enriquecería  la cultura fílmica en general.
En el programa de mano se anuncia que en el Distrito Federal habrá una charla con expertos de la Cineteca Nacional. Se antoja como una colaboración interesante entre dos instancias fílmicas que tienen (o deberían tener) objetivos distintos.
En San Luis Potosí no veremos eso. Se antoja que se pudiera transmitir la conferencia vía satélite, pero también se entienden los costos y la infraestructura que se requieren.
Por cierto, también es interesante la política de precios: hay bonos de 4 películas por 80 pesos. Nada mal, tomando en cuenta que la entrada a la Cineteca Alameda cuesta el doble para el público en general.

lunes, 19 de mayo de 2014

Ninfomanía


Ninfomanía vol. 1 (Nymphomaniac: Vol. I. Coproducción de Dinamarca, Alemania, Francia, Bélgica y Reino Unido. 2013), la última película de Lars von Trier, cuenta la historia de Joe, interpretada por Charlotte Gainsbourg, quien yace herida en la calle y es encontrada por Seligman, un intelectual interpretado por Stellan Skarsgård. Joe encuentra refugio en el departamento de Seligman, quien le pide que le cuente su historia. Ella es una ninfómana, ha tenido una vida sexual muy intensa que le ha provocado enormes placeres y también grandes dolores.
Joe advierte que su historia hay que escucharla entera. Pues bien, los programadores de la 56 Muestra Internacional de Cine parecen no haber escuchado y solamente van a proyectar el volumen uno de Ninfomanía. Como bien lo dice ella, su historia es larga. Lars von Trier la dividió en dos películas para que no fuera una sola de 4 horas en pantalla. Los volúmenes uno y dos de Ninfomanía se estrenaron el mismo día, el 25 de diciembre del año pasado y esa fue una buena idea: sólo la duración justifica que no se proyecten juntas. Por que en si mismo la anécdota no tiene división, de hecho casi exige ver una detrás de otra.
Eso no pasará en la Muestra. Pero los cinéfilos ansiosos seguramente ya vieron las dos partes, que circulan desde hace semanas en video en Europa y en las redes de manera ilegal. Mal negocio para las salas cinematográficas como la Cineteca Alameda, sede de la Muestra en San Luis Potosí.
Concentrémonos en la película. Hemos dicho que la obra de su director Lars von Trier va de películas hiper estilizadas como Melancolía (Melancholia. Dinamarca, Suecia, Francia, Alemania. 2011) y Anticristo (Antichrist. Dinamarca, Alemania, Francia, Suecia, Italia y Polonia. 2009) hasta filmes muy crudos o desnudos como Contra viento y marea (Breaking the Waves. Dinamarca, Suecia, Francia, Holanda, Noruega, Islandia y España. 1996), Dogma 2: los idiotas (Idioterne. España, Dinamarca, Suecia, Francia, Holanda, Italia. 1998) y Dogville (Dinamarca, Suecia, Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, Noruega, Finlandia, Italia. 2003).
Ninfomanía parece un resumen de ambas tendencias. Utiliza escenarios completamente artificiales, como los callejones donde ocurre el encuentro entre los protagonistas. Pero esos escenarios son particularmente desnudos y pretenden incluso hasta ser sórdidos. A diferencia de la desnudes de Dogville, aquí todos los diálogos se ilustran. Si Joe cuenta que de niña jugaba el juego de las ranitas, se ven unas ranitas saltando. Este recurso llega a ser excesivamente obvio. El personaje dice que lo tratan como a un costal de papás y en efecto, tras el dicho vemos el costal de papás.
La vida de Joe da cuenta de todo tipo de excesos. Y siempre va ilustrada por los comentarios de Seligman, interpretado quien intelectualiza los acostones de Joe. Cualquiera que haya leído La doble llama de Octavio Paz, como lo hacían los chavitos de aquella película llamada La primera noche (Alejandro Gamboa. México, 1998), se dará cuenta de que los comentarios de Seligman le dan el matiz intelectual a la historia, convierten la sexualidad de Joe en erotismo, tratan de explicar los excesos de la carne con los excesos de la cultura.
Ninfomanía es un compendio de preceptos ampliamente aceptados en torno al sexo, al parecer sacados textualmente de ensayos sobre el erotismo. Lars von Trier aspira a ser uno de los mejores directores del mundo, pero no es un intelectual. Como ensayo fílmico, Ninfomanía se queda corto por rcarece de originalidad.
Como película erótica tampoco destaca: es menos escandalizante y profana que las películas de Jean-Luc Godard en los sesentas (La mujer casada. Une femme mariée: Suite de fragments d'un film tourné en 1964. Francia. 1964), las de Bernardo Bertolucci en los setentas (El último tango en París. Ultimo tango a Parigi. Francia e Italia. 1972), y las de Shôhei Imamura (La balada de Narayama. Narayama-bushi kô. Japón. 1983) en los ochentas.
Hay muchos personajes en la historia, muchas caras conocidas que de pronto saltan a la pantalla. Quizá lo mejor de toda la película sean los escasos e histéricos minutos en pantalla de Uma Thurman, la diva de Quentin Tarantino. Pero en general, podemos decir que Ninfomanía, tomando como unidad los volúmenes uno y dos, queda como una obra menor de Lars von Trier. Él dice que la escribió en el manicomio. Quién sabe, a lo mejor eso lo justifica un poco.

jueves, 15 de mayo de 2014

Películas viejas en la Cineteca Alameda


Siempre he considerado un acierto que la Cineteca Nacional incluya en su Muestra Internacional materiales de cine clásico. Desde que llegó por primera vez a San Luis Potosí (en 1997) hemos podido ver en la pantalla grandes obras de Orson Welles, Charles Chaplin, Jean Renoir, Luis Buñuel y Julio Bracho, entre otros. Las películas “viejas” en exhibición colectiva se renuevan, se (re) descubren, se pueden ver con ojos nuevos.
Desafortunadamente muchas de esas películas nunca las pudimos apreciar correctamente. Ni la Cineteca Alameda ni Cinépolis, dos de las sedes de la Muestra en nuestra ciudad a lo largo de los años, han tenido el equipo óptico que permita exhibir las películas de formato académico de manera adecuada y han optado por proyectarlas deformadas.
Películas como Macario (1959), de Roberto Gavaldón, exhibida hace unas pocas muestras en la Cineteca Alameda, fueron filmadas en un formato de pantalla prácticamente cuadrado, actualmente casi en desuso, que se conoce precisamente como formato académico.
Se entiende que una sala comercial no cuente con equipo para proyectar de esa manera, por que las películas actuales tienden mas bien a ser rectangulares. Pero una sala como la Cineteca Alameda, dedicada al fomento de la cultura cinematográfica, debería tomar en cuenta esos detalles para no distorsionar la obra de algunos de los directores mas importantes de la historia del cine. A esa distorsión los cinefotógrafos le llaman “tortura de la imagen”.
¿Exageración? ¿Lo que cuentan son los contenidos? No lo creo. Las películas son sistemas muy complejos, donde todos los elementos tienen una razón de ser y, en el caso de las grandes películas, los aspectos técnicos refuerzan y guían las intenciones temáticas de los directores. Distorsionar una película es distorsionar un mensaje.
Con todo, la exhibición en 35 milímetros siempre permitía apreciar detalles que se perdían en los formatos caseros de video como el dvd e incluso en el blu-ray. En la Cineteca Alameda ahora las películas se exhiben en formato digital. La Cineteca Nacional ya no distribuye películas en 35 milímetros.
Se han llegado a cometer aberraciones como exhibir Distinto amanecer (Julio Bracho. México 1933) en formato de dvd. En este caso la proyección débil y pobre de la Cineteca Alameda no torturó la imagen, mas bien la hizo casi ilegible. La experiencia resultó mucho peor que quedarse en casa y ver la película en una televisión.
Desde aquel entonces las condiciones de exhibición de la Cineteca Alameda han mejorado aunque siguen sin ser óptimas. No sé qué sentido tenga ver estos clásicos en la Cineteca de San Luis Potosí, sobre todo si tenemos otros referentes.
Las salas comerciales han llegado a exhibir en digital, de manera muy satisfactoria, películas como Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso. Giuseppe Tornatore. Coproducción de Italia y Francia. 1988) o El Padrino (The Godfather. Francis Ford Coppola. Estados Unidos. 1972).
La calidad de proyección de la Cineteca Alameda (full hd, es decir como un blu-ray) y los de los formatos de distribución de la Cineteca Nacional (a veces full hd y otras definición estándar, como un dvd) no están a la altura de las salas comerciales (que exhiben sus filmes en formatos de definición superior como el 2k y a veces el 4k). Aunque hay que señalar que en estas salas falta continuidad de este tipo de proyecciones, al menos en San Luis Potosí.
Un sueño guajiro sería que la Cineteca Nacional sacara provecho de la infraestructura instalada en los estados. Por ejemplo en la Cineteca Alameda hay un excelente proyector de cine analógico que está acumulando polvo por falta de películas en ese formato.
La Cineteca Nacional podría mandar copias de películas clásicas en 35 milímetros y lograr una experiencia muy gratificante para los cinéfilos de siempre y otra completamente nueva para los amantes del cine de nueva cuña.
Pero bueno, los presupuestos siempre son limitados, la ejecución de los mismos no siempre eficiente y en ocasiones tampoco transparente. A pesar de ello, la sobrevivencia de la Cineteca Alameda, como espacio cinéfilo y no dedicado a otro tipo de actividades, depende de que ver las películas sea toda una experiencia.
Por lo menos deberíamos poder ver una copia restaurada de La diosa arrodillada (Roberto Gavaldón. México. 1947), que es uno de los tesoros del cine mexicano y es también la película con la que arranca la 56 Muestra Internacional de Cine. Pero eso también es poco probable. Los derechos de La diosa arrodillada están en manos de Televisa, empresa que no se ha caracterizado por preservar su extraordinario acervo fílmico.
Pero bueno, ya veremos la función del sábado 17 de mayo, con la que arranca la 56 Muestra Internacional de Cine en San Luis Potosí.

lunes, 12 de mayo de 2014

56 Muestra Internacional de Cine


Para la 56 Muestra Internacional de Cine se ha programado la proyección de una buena cantidad de películas de directores ampliamente reconocidos por las comunidades cinéfilas:
Se presenta el volumen 1 del díptico Ninfomanía (Nymphomaniac: Vol. I. Director Lars Von Trier. Coproducción de Dinamarca, Alemania, Francia, Bélgica y del Reino Unido. 2013), así como la película que marca la despedida de uno de los directores mas importantes del orbe, el animador japonés Hayao Miyazaki (Se levanta el viento. Kaze tachinu. Japón. 2013).
También está contemplada la proyección de Vamos a jugar al infierno (Jigoku de naze warui. Japón. 2013) de Shion Sono, el director conocido por el público asiduo a las muestras internacionales de cine por películas como Topo (Himizu. Japón. 2011) y Pez mortal (Tsumetai nettaigyo. Japón. 2010).
También están en cartelera de la 56 Muestra Internacional de Cine películas de veteranos como el italiano Ettore Scola (Qué extraño llamarse Federico. Che strano chiamarsi Federico. Italia. 2013) y el chileno Alejandro Jodorowsky (La danza de la realidad. Chile y Francia. 2013) que no debieran requerir mayor presentación.
Es un menú de directores reconocibles por cierto público, de películas que generan expectativas muy concretas. Aunque, para no perder la costumbre, a San Luis Potosí no llega la programación completa. Falta El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel. Estados Unidos y Alemania. 2014) de Wes Anderson, uno de los cineastas mas apreciados por los jóvenes cinéfilos.
Cuando fue la primera Muestra Internacional de Cine había un serio problema de distribución en México. Muchas películas ponderadas por la crítica no llegaban al país. Gracias a las muestras se pudieron ver filmes como 2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odyssey. Stanley Kubrick. Estados Unidos y Reino Unido, 1968), Antonio de las Muertes (O Dragão da Maldade contra o Santo Guerreiro. Glauber Rocha. Brasil. 1969) y Tres colores: azul, blanco y rojo (Trois couleurs: Bleu, Trois couleurs: Blanc, Trois couleurs: Rouge. Krzysztof Kieslowski. 1993 y 1994. Coproducción de Francia, Polonia y Suiza) todas consideradas como clásicos hoy en día.
Críticos como Carlos Bonfil sugieren que la Muestra ha dejado de tener sentido por que la Cineteca Nacional programa posteriormente las mismas películas durante una o varias semanas e incluso algunas llegan a los circuitos comerciales, aunque sea de manea fugaz.
Ir a la Muestra es todo un maratón. Implica salir a toda velocidad del trabajo para llegar a la última función, batallar con el tránsito del centro histórico y gastar una buena cantidad de dinero en estacionamientos o, en su defecto, encomendarse a la divinidad para que nada le pase al coche. Con los cinéfilos peatones la situación es un poco distinta, pero la prisa y las presiones son las mismas: finalmente es un carrera de fondo cinéfila, exigente pero disfrutable.
La Muestra tiene la ventaja además de que te permite encontrarte con los amigos del cine, aquellos que no has visto quizá desde hace meses (en la última muestra) y con los cuales quisieras compartir tiempo y reflexiones al final de cada función. Desafortunadamente las instalaciones de la Cineteca Alameda, sede potosina de la Muestra, son poco acogedoras y no invitan a quedarse después de la función.
El riesgo de perderse una película existe. Y es muy probable que no quede mas opción que verla en video, lo cual es frustrante para los adictos a las salas cinematográficas. La Cineteca Alameda podría contemplar la opción de programar, posteriormente las películas mas interesantes.
Y cabe mencionar que escribo las mas interesantes, no aquellas a las que el público responda mejor. De hecho hay películas exhibidas en los eventos de la Cineteca Alameda que han pasado desapercibidas, han contado con escaso público y ahora son consideradas piezas clave del cine actual. Ejemplos: 12:08 al este de Bucarest (A fost sau n-a fost? Corneliu Porumboiu. Rumania. 2006) y Tabú (Tabu. Miguel Gomes. Coproducción de Portugal, Alemania, Brasil y Francia).
Para una institución cultural no se trata sólo de dar lo que el público pida, sino enseñarle a pedirle mas y mejor. Tomemos el ejemplo de la exhibición la ópera del MET de Nueva York en el Centro Cultural Bicentenario, que siempre tiene previo una charla impartida por un experto.
Pues bueno, llegó la Muestra. Hagamos lo que al cinéfilo corresponde. Por cierto: iré comentando las películas que ya he visto y lo publicaré aquí. Ojalá a algún interesado le sirvan.

lunes, 7 de abril de 2014

Luces opacas en la Cineteca Alameda


Este fin de semana marcó mi regreso como espectador a uno de los espacios mas importantes para la cultura cinematográfica potosina, la Cineteca Alameda, admnistrada por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí.
Por varios meses me ausenté de la Cineteca de manera voluntaria debido a la baja calidad de su proyección. El antiguo palacio de Constitución y Universidad había perdido la carrera contra el cambio tecnológico. Desde su inauguración sus proyecciones se habían realizado en formato analógico de 35 milímetros.
El año los distribuidores dejaron de mandar sus filmes en ese noble, bello, frágil y caro formato que cedió ante las facilidades y la economía del video en alta definición. Desde entonces padecimos los cinéfilos asiduos a la Cineteca Alameda de una proyección extraordinariamente deficiente con imágenes pálidas, oscuras y pequeñas que ni siquiera cubrían totalmente el espacio de la pantalla. Con aún mas dolor de corazón que de ojos me retiré de ese espacio.
Hace unas semanas se anunciaron mejoras en el equipo de proyección y de audio. Corrió la noticia de que se había instalado un nuevo cañón de video. El pretexto para regresar a la Cineteca Alameda fue La Gran Belleza (La grande bellezza. Italia y Francia, 2013) la película dirigida por Paolo Sorrentino, ganadora del Oscar a mejor película extranjera.
Puedo decir que las condiciones han mejorado, pero están rezagadas con respecto a las salas comerciales. La calidad del video es apenas full hd (http://goo.gl/IqzRdi), la misma de los reproductores caseros de blu – ray. La calidad de proyección del circuito comercial oscila entre el 2k y el 4k formatos mas luminosos, grandes y contrastados.
Las mejoras resultan mas opacas por las condiciones de la sala. En la primera función (que en el caso de La gran belleza comenzaba antes de las 4 de la tarde) la luz entra tanto por el oriente como por el sur. Nunca ha habido interés, cuidado y/o presupuesto para solucionar ese detalle que deteriora la calidad de la imagen.
En esta época repleta de dispositivos portátiles, conexiones a internet (que podrían y debieran ser mas rápidas), pantallas caseras de alta definición, videos en dvd, blu - ray , streaming y demás tentaciones y opciones para ver una película sin salir de casa, la pregunta es por qué ir al cine.
La entrada resulta cara. El boleto en Cineteca Alameda cuesta 40 pesos todo el día, toda la semana (25 para estudiantes y adultos en plenitud con credencial). En algunas salas de los complejos privados (Organización Ramírez y Cinemex) las entradas para adulto cuestan 34 y 35 pesos. Las condiciones de proyección no son muy diferentes a las de la sala admnistrada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de San Luis Potosí.
La selección de la cinta podría ser un motivo para ir a la sala. El retraso, con respecto a su estreno en el Distrito Federal, tampoco es muy grande: apenas un mes. Pero mas de un cinéfilo ya la había visto, no siempre de manera legal, por que el blu - ray se comercializó a nivel mundial desde enero (http://goo.gl/KL8s5O).
Pero el principal freno para asistir a la Cineteca Alameda sigue siendo lo inhóspito de la sala. Su enorme aforo resulta helado, las cortinas de la pantalla están cayéndose y sus áreas de recepción no son propicias para la convivencia.
Jean – Luc Godard escribió que su generación iba al cine por que les gustaba estar juntos. Espacios como la Cineteca Nacional han entendido eso y se han reconstruido para solucionar no sólo problemas prácticos como el estacionamiento, sino para crear espacios como jardines y cafeterías que permitan convivir antes (y sobre todo después) de ver una película.
Bernardo Bertolucci expuso, en Los soñadores (The Dreamers. Reino Unido, Francia e Italia, 2013) el potencial subversivo de la práctica de ver cine colectivamente. Es posible que el descuido de este aspecto en Cineteca Alameda tenga que ver con una política de encuadramiento colectivo, es decir, con un pretendido aislamiento y falta de solidaridad entre los miembros de una comunidad: los vínculos fuertes y el sentimiento de pertenencia siempre van de la mano de la crítica y la exigencia a las autoridades.
Pero también podría tener que ver con la indolencia que reiteradamente ha demostrado la administración de la cultura en San Luis Potosí.