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domingo, 28 de junio de 2015

Memoria oculta


El viernes pasado arrancó la sexta edición del Rodando Film Festival, evento cinematográfico potosino, producto de un esfuerzo continuado de la sociedad civil, que ha ido adquiriendo rostro y que se concentra mayoritariamente en la exhibición de películas mexicanas.
Las ficciones son exhibidas en el enorme recinto de la Cineteca Alameda (en la cual se llevó a cabo una proyección muy disfrutable de La delgada línea amarilla [Dirección: Celso R. García. País: México. Año: 2015] con un audio perfectamente claro).
Los documentales se concentran casi en su mayoría en el Auditorio Rafael Nieto de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) espacio mas pequeño pero bien confortable con proyección y sonido muy mejorados y que es la sede del cineclub de la UASLP.
También hay funciones al aire libre en parques y panteones, las cuales no pueden ser tan controladas como en las salas e implican dificultades para ver las películas pero que a veces ganan por la atmósfera del lugar. Cortometrajes, animaciones y una muestra por los 40 años del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) van de un espacio a otro.
En estos días pretendo concentrarme en las películas de no ficción, que ocupan un buen espacio en la programación de Rodando Film Fest, hecho con el que me congratulo porque soy de los que creen que el documental mexicano es la fuente mas generosa de exploración cinematográfica en nuestro país.
Mientras la mayoría de las películas de ficción se anquilosan en formas narrativas convencionales (logrando en el mejor de los casos una experiencia emotiva como ocurre en el trazo de La delgada línea amarilla) el documental viaja por entornos tan fascinantes y sorprendentes como la realidad misma.
En el caso de Memoria oculta [Eva Villaseñor. México. 2014] hay que agregar a estas cualidades un empeño por desarmar las partes que constituyen su película y además mantenerla funcionando. Si bien las piezas de una maquinaria puestas sobre la mesa de trabajo pueden ser fascinantes no es fácil verlas en acción, lo cual si ocurre cuando uno asiste a ver este documental.
Se trata de un híbrido. Por un lado tenemos información suficiente para saber que lo que la realizadora nos cuenta es verdad y que quienes aparecen a cuadro fueron testigos de un período de su vida en el que perdió la memoria. Es decir, como público damos por hecho que se trata de una película documental.
Pero sus recursos audiovisuales también guardan relación con otro tipo de cine que llamamos experimental o de vanguardia. Y por qué no (es debido reconocer el terreno ya que estamos recorriendo fronteras): hay mucho de video arte en esta propuesta. Hay una renuncia a la narrativa unidireccional y al sentido único. La forma del filme se abre entonces a múltiples interpretaciones.
La Memoria oculta de Eva Villaseñor está dividida en seis fragmentos bien diferenciados. Hay tres entrevistas: a una amiga, al hermano y a la madre de la realizadora, quienes narran los antecedentes y las consecuencias de un brote psicótico que vivió la realizadora y que permanece como un hueco amnésico en sus recuerdos.
De entrada la forma de presentar las entrevistas implican una renuncia a las capacidades expresivas del montaje y se sólo se recurre a la edición fuera de continuidad para abreviar los testimonios. Los entrevistados siempre están a cuadro y lejanos de la cámara, en espacios que descubiertos por el ojo de la fotógrafa y realizadora tienen una extraña geometría.
En apariencia ello podría parecer una simplificación y no lo es: se requiere rigor para mantener la cámara fija y confianza en las posibilidades expresivas del plano. Aquí los remito a unas imágenes.
En la geometría sugerente de Villaseñor la amiga es encuadrada en una especie de triángulo reminiscente de una flecha que se introduce en los huecos del recuerdo. El hermano aparece en una ventana circular con una escalera de fondo como si de la diana o blanco a la que va dirigida la flecha se tratara. Y la madre en una figura similar a un trapecio, como la flecha del inicio pero amputada de la punta.
Si esto fuera toda la película tendría una forma ciertamente original pero poco compleja. La verdadera provocación viene en las tres últimas partes del film, que son las deudoras del cine experimental y del video arte. Hay una sucesión de imágenes fijas, al principio sugiriendo una película cinematográfica de la cual pudiéramos percibir sus fotogramas y luego cambiando con gran rapidez, al grado de ser arduo de distinguir las imágenes de animales de las de cuerpos humanos y los paisajes.
Mundo animal, humano y espacio físico indistinguibles. Flujo de percepción agotador y en apariencia carente de racionalidad: ¿es locura o es creatividad? ¿Hay diferencia entre ambas? ¿Nos faltan nuevas categorías para mezclar ambas?
Luego el documental se vuelve un diario de viaje. Se ven los volcanes cercanos a la Ciudad de México desde la ventana de un avión. Hay planos submarinos. Entradas a cavernas. Desde la altura hasta la profundidad para transitar del consciente (que pretende abarcarlo todo desde el punto de vista “superior” de la razón) hasta las partes del alma donde apenas entra luz y las reglas del espacio no son las mismas que las de la cotidianeidad.
Todo ese recorrido termina en una imagen. El perfil de una mujer que proyecta una sombra. Si asumimos que la realizadora es la fotógrafa - como indica la secuencia de créditos - entonces estamos ante un autorretrato: la película recita su propia fórmula.
En un filme mas convencional que Memoria oculta todo este registro fílmico hubiera sido usado para ilustrar (quizá con alguna originalidad) el relato de los testigos al inicio del film. Pero Villaseñor es osada: prefiere dividir claramente las partes, como si pretendiera crear la ilusión de que estamos ante su mesa de trabajo y que podemos armar su película otorgando un sentido al conjunto tras haber visto las partes.
Pero es sólo una ilusión, como sabemos que siempre lo son las películas, incluso los documentales. Las ilusiones de movimiento y realidad permiten ensoñar por un momento que estamos ante hechos verdaderos accesibles de manera objetiva, cuando en realidad es la voluntad del realizador, su manejo de la técnica y su subjetividad lo que los pone frente a nuestros ojos.
Por ello, quizá, Eva Villaseñor elimina la imagen al final de su documental Memoria oculta, dejando la pantalla oscura, efecto que resulta pleno cuando se ve el filme en el cine y se escuchan gritos, incoherencias, voces desde mas allá de la razón, perdidas en el laberinto de la mente. ¿Será el registro sonoro de un psiquiátrico? ¿Estará ahí la misma voz de la realizadora que se nos ha negado a lo largo del filme? La duda sigue cuando acaban los créditos y se enciende la luz.

lunes, 22 de junio de 2015

Güeros

Hace meses que vi por primera vez Güeros [dirección: Alonso Ruiz Palacios. País: México. Año: 2014] y ha sido arduo escribir sobre ella. Se trata de una de esas películas que en cada visionado se torna mas compleja.
La sencillez de la anécdota resulta engañosa pero su resumen es necesario ya que el contexto histórico resulta clave: Tomás (Sebastián Aguirre, ganador del Ariel por Obediencia Perfecta [Luis Urquiza. México. 2014]) es enviado desde Veracruz hasta el Distrito Federal. Su madre se declara incapaz de controlar su inquieta juventud y una temporada con su hermano Fede (conocido como Sombra, interpretado por Tenoch Huerta) parece la mejor solución.
Sombra comparte su departamento en el sur de la Ciudad de México con Santos (Leonardo Ortizgris) y ambos viven al borde del pasmo: sus escuelas se encuentran tomadas, la ciudad vive un constante desquiciamiento agravado por las masivas movilizaciones que genera la huelga en la Universidad Autónoma de México (UNAM), evento histórico que se extendió desde abril de 1999 hasta febrero de 2000.
La inmovilidad de los personajes terminará cuando sean descubiertos robándoles la energía eléctrica a los vecinos y se iniciará un periplo por la geografía urbana tras un objetivo apenas razonable, un macguffin en forma de cinta de audio, heredada por su padre y grabada por Epigmenio Cruz (Alfonso Charpener) - un “güey que pudo haber cambiado al rock nacional” - y que aparentemente agoniza en el olvido. El recorrido los lleva al encuentro mas importante de la película, el que ocurre con Ana (Ilse Salas) en una Ciudad Universitaria tomada por los estudiantes y sacudida por los debates interminables.
La forma cinematográfica de Güeros probablemente sea de las mas ricas y originales del cine mexicano en los últimos años. Si pudiéramos hacer una división entre los filmes convencionales, en ocasiones exitosos y casi nunca rigurosos (Paraíso [Mariana Chenillo. México. 2013] y La dictadura perfecta [Luis Estrada. México. 2014], por mencionar dos filmes reseñados en este espacio) y las películas que pretenden romper los moldes fílmicos tradicionales, Güeros debería quedar en esta segunda categoría al lado de la obra de Carlos Reygadas y de Fernando Eimbcke, aunque los estilos de los tres realizadores sean muy diferentes.
¿En qué radica la originalidad de la forma fílmica de Güeros? Me atrevo a decir que no está en su fotografía a blanco y negro y en su formato académico, que hace que la imagen sea inusualmente cuadrada. Este formato ya había sido utilizado, recientemente en Post Tenebras Lux (Reygadas. México, Francia, Países Bajos y Alemania. 2012) y la monocromía es característica de la imagen de Temporada de patos (Eimbcke. México y Estados Unidos. 2004).
Los constantes desplazamientos de cámara, anunciados y enunciados en un poema atribuido en la historia al personaje de Sombra: “... como si mirar fuera una forma de moverse”, tampoco son el corazón de la originalidad ni la expresión del sentido último del filme, aunque los traslados de los protagonistas por la nunca conclusa geografía defeña equivalen al comportamiento de la cámara y al dinamismo propio del filme.
Si bien la dimensión sonora de Güeros se presta a la experimentación con sonidos saturados y telúricos finalmente esos efectos sustituyen a la música en una función bastante común, que es la de hacer evidentes los estados de ánimo. En este caso los ataques de pánico de Sombra son evidenciados por ruidos arduamente soportables y complejamente mezclados
La selección de la música tiene mucho de provocación: pocos elementos mas antifílmicos que la música de Agustín Lara, aunque es tentador encontrar referencias al primer cine sonoro mexicano, donde puso su trémula voz en filmes como Santa [Antonio Moreno. México. 1931] y ello quizá sería justificado ante las múltiples referencias a filmes como Los olvidados [Luis Buñuel. México. 1950] y Los caifanes [Juan Ibáñez. México. 1967].
Pero la técnica mas plena de sentido en Güeros es la edición. Ahí sí va a contracorriente de la pachorra institucional de gran parte del cine contemporáneo. Hay una progresión en los recursos que se utilizan. El primer plano de la película, el de los globos rellenos de agua, termina bruscamente con un corte directo a la pantalla en negros. Estos cortes fragmentan el espacio donde se desarrollan las escenas bloqueando la visión de los espectadores, volviéndose una constante que en un momento tiende a desaparecer. 
Posteriormente Alonso Ruizpalacios y sus editores - Yibran Assaud y Ana García – recurren a una forma menos convencional y aún mas plena de sentido, donde los personajes nunca se ven de frente. Los realizadores nos niegan el contracampo, la parte complementaria de la visión humana.
En Güeros muchas veces miramos lo que los personajes ven y después observamos sus espaldas. De hecho Tomás lleva una playera que dice “Don't look back”. Pero ojos y visión humana no se cruzan, sino hasta el final de la película, cuando Tomás, homónimo del incrédulo apóstol, finalmente toma una foto de su hermano. Ahí la mirada es devuelta plena de significación.
La escena ocurre en la calle, en medio de una manifestación que constantemente se atraviesa entre los hermanos. Su vínculo se (re) activa, se (re) crea la familia buscada no sólo por ellos, sino también por Ana en su activismo estudiantil y en la vida en común generada por el paro. Pero la presencia de la marcha también recuerda que la vida individual es marcada por los procesos sociales, que estos son dinámicos y que ante ellos las personas difícilmente pueden permanecer ajenos, ya que se cruzan como los manifestantes entran y salen de cuadro.
En estas extendidas pero a fin de cuentas escasas líneas no he agotado las posibilidades de análisis de Güeros. Falta hablar de su puesta en abismo (que la hace ser una película dentro de otra película); de su narrativa moderna que se detiene para privilegiar las sensaciones y el espacio; falta ahondar en su visión posmoderna del cine mexicano y en el desagravio fílmico que recibe la música de Juan Gabriel. Como todas las grandes obras, Güeros se antoja inabarcable. Y su tono lúdico y antisolemne se agradece.
Pero también, como muchos de los filmes que se niegan a la convencionalidad, enfrenta problemas. El crítico Leonardo García Tsao en su cuenta de Twitter (@walyder) lo resumió muy bien: “Gran paradoja: LA DICTADURA PERFECTA. Arieles? Cero. Espectadores? Millones/ GÜEROS. Arieles? Cinco. Espectadores? Cinco”. Entre la mala distribución del cine mexicano y la incomprensión de los espectadores, Güeros acumula más premios y reconocimientos que público.
Un ejemplo: la película fue proyectada en el marco de la Muestra Internacional de Cine en la Cineteca Alameda. Después de eso se anunció que estaría en cartelera. Pero eso fue antes del descalabro que sufrió Ida [Pawel Pawlikowski. Polonia, Dinamarca, Francia y Reino Unido. 2013] en la pantalla de la sala administrada por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, donde fue vista por muy pocas personas.
Quizá la administración dudó ya que ambas películas son a blanco y negro y cuadradas (aunque Ida haya sido proyectada incorrectamente en la Sala Lupe Vélez) y decidió hacer un ciclo de películas juveniles latinoamericanas que empieza hoy con la exhibición de Güeros y mañana proyecta P3nd3jo5 (Raúl Perrone. Argentina. 2013), otra obra que se antoja experimental y que espero reseñar posteriormente.
El punto es que Güeros estará sólo un día mas en cartelera en una sala que por misión debería difundir el arte cinematográfico y que por vocación y lógica debiera ser una salida para el cine nacional. ¿Por qué?
Hipótesis: lo que cuenta para las instituciones de este gobierno (afortunadamente menguante) son los números. Si Güeros no ingresa a taquilla tanto como un ciclo de Pedro Almodóvar - muy similar al que se hizo hace muchos años en el cineclub de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) – probablemente se consideraría un fracaso. Un esfuerzo por explicar los méritos de la película y crear un público para estas propuestas se considera seguramente inútil, sino yo creo que ya se hubiera realizado.
En ese sentido resulta mas interesante la labor de los cineclubes como el de la UASLP, que se esfuerza en construir un debate al término de sus proyecciones o el Matinée de la Facultad del Hábitat (también de la UASLP) donde la presentación del viernes pasado de la película que ahora nos ocupa tuvo tres comentaristas (el cineasta José Antonio Meave, el comunicólogo José Ortiz y un servidor, quien mas bien mal pudo articular algo de lo que aquí explica), así como una participación entusiasta y nutrida del público, que fue lo mas importante.
Estoy seguro de dos cosas. Una: los presupuestos de los cineclubes son menores al de la cineteca. Dos: son mucho mas eficientes al momento de sensibilizar al público en el visionado de películas originales y meritorias. Y con esas funciones íntimas, propias del cineclub, Güeros obtendrá su lugar entre el público antes que en los raudos pases por la Cineteca Alameda.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Mas de mi salida de Zona Cultural


Desde que publiqué la crónica de mi salida del programa Zona Cultural, administrado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de San Luis Potosí, he conocido detalles mas precisos de lo que no ocurrió en la cabina de Magnética FM y que conocí por diversos testimonios.
Ayer escribí que el conductor del programa, sacado del aire después de una emisión dedicada a la Cineteca Alameda, Daniel Portillo Rosales “fue llamado por Juan Carlos Díaz Medrano, director general de desarrollo cultural de la Secretaría de Cultura del Gobierno de San Luis Potosí y fue notificado de su salida del aire”. Según fuentes que pidieron su anonimato esto no fue así.
Díaz Medrano no decidió la salida de Daniel Portillo. Ni tampoco se la comunicó. Ambos tuvieron una charla y el director de desarrollo cultural solicitó escuchar el audio que, al parecer, no estaba disponible en toda la Secretaría y cuya copia digital me fue solicitada vía correo electrónico.
Todo apunta a que la salida del aire de Portillo Rosales fue decisión de cierto funcionario muy cercano a la desprestigiada ex alcaldesa Victoria Labastida Aguirre. Eso tiene lógica, si recordamos que Mario Candia, director de la Cineteca Alameda, también pertenece a ese grupo.
Es arduo tener una certeza de esos detalles, pero me queda claro que los pequeños intereses personales de los directores de la Secretaría de Cultura han pavimentado el camino para uno de los proyectos mas importantes de la actual administración: desaparecer la Cineteca Alameda y convertir el recinto en la sede de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí.
Ayer no quería parecer una víctima. Hoy no quisiera parecer un columnista, no porque tenga nada de malo, sino por que me considero crítico de cine. Pero la realidad es la que impone el tono. Y en última instancia mi preocupación principal, compartida por la gente que reaccionó en redes sociales, es el riesgo que, percibimos, corre la Cineteca Alameda y su labor de difusión del arte fílmico.

lunes, 11 de mayo de 2015

Mi salida de Zona Cultural

Hace dos semanas fue la última vez que colaboré en la radio. Ese día fue removido del programa Zona Cultural el locutor Daniel Portillo Rosales y yo, como su colaborador, también quedé fuera. Espero no parecer una víctima, pero hay elementos para pensar que se dijeron cosas que no agradaron a directivos de la instancia de cultura del gobierno del estado, especialmente a los encargados de la Cineteca Alameda. Hago a continuación una crónica.
Durante 15 meses colaboré en el programa Zona Cultural, espacio radiofónico organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí en colaboración con otras instituciones y transmitido por Magnética FM en el 107.1 del cuadrante y también vía internet.
En las primeras transmisiones yo me trasladaba físicamente a la cabina de Magnética FM para hacer mi comentario. Posteriormente los enlaces fueron telefónicos. De cualquier manera siempre tuve a la mano un texto de apoyo más bien estructurado. No considero tener demasiada capacidad para improvisar. Pienso que mis ideas fluyen mejor si antes las escribo aunque no las lea. Es en la letra impresa donde encuentro sentido a lo que en principio son impresiones. Y creo que de eso trata la crítica de cine.
Al cabo de un mes había acumulado un conjunto de textos. Pensé que, con un poco de trabajo estilístico, podrían ser interesantes para el público que no estaba interesado en escuchar, pero si en acceder a la hora que quisiese y desde donde pudiera (siempre que tuvieran una conexión a la red) a un comentario sobre películas en cartelera o que hubiesen sido importantes pero fugaces en su exhibición, como suele pasar en los festivales y muestras de cine.
Al cabo de este tiempo el blog Rubén Gaytán Duque. Textos Coyunturales de Cine ha acumulado más de 12 mil visitas para 81 entradas. Seguramente un manejo mas hábil de las redes y un contenido mas a gusto de los lectores lo pudieran haber hecho mas exitoso. Pero quizá por la manera que tienen los medios en internet de llevar una cuenta supuestamente exacta de sus visitas, yo cada vez estaba mas sorprendido pensando en que un libro puede tener un tiraje entre 300 o mil ejemplares y que de ellos muchos no se distribuyen y que de esos menos aún son leídos. Aquí por lo menos 12 mil veces se le ha dado click a un espacio que contiene mis ideas. La suma del blog y otras redes sociales al medio “tradicional” que es la radio me resultaba muy atractiva.
Casi siempre las intervenciones en Magnética FM tenían que ver con la exhibición de películas en las mal llamadas “salas comerciales” (Cinépolis y Cinemex en nuestra ciudad). Pero también hablé, por lo menos unas 10 veces, sobre las exhibiciones y actividades de la Cineteca Alameda, que es la sala a cargo de la Secretaría de Cultura. Recuerdo que la primera vez que lo hice le mandé primero el texto a Daniel Portillo. Le dije mas o menos así: si este texto te genera un conflicto mejor no lo leo. Yo entendía y aún entiendo que él trabaja en la Secretaría y que el espacio era administrado por esa entidad pública.
Su respuesta fue: “adelante”. Él consideraba que su espacio no fuera sólo de loas al trabajo de la institución, sino que se debía balancear con el señalamiento crítico. Y desde ahí, no puedo decir que semana tras semana, pero regularmente, di cuenta de los problemas de la transición digital vividos por la Cineteca Alameda, de sus desaciertos al momento de programar, de su falta de una política general de estímulo al arte cinematográfico y de las dudas, según yo justificadas, sobre su permanencia como como espacio de exhibición fílmica.
Al principio fue sorpresa: no esperaba poder articular una crítica tan constante (y según yo oportuna) desde un micrófono controlado por la Secretaría de Cultura. Luego fue la sospecha: ¿quién nos escuchaba realmente? No me refiero con esta pregunta al público de la radiodifusora. No soy un fanático de los llamados “nuevos medios digitales” de esos que dan por muerta a la radio. Al contrario: sé que los radioescuchas ahí están, no sé cuántos sean pero sí que son más discretos que los usuarios de la red. Así es el medio y así me gusta.
Mi duda era mas bien: ¿nos escuchan en la Secretaría de Cultura? ¿Había alguien que le diera seguimiento a la calidad de los contenidos, a la claridad de la transmisión, a la oportunidad de los anuncios o al respeto de una línea política que yo suponía instaurada por los directivos de la institución? Mucho me temía que no.
Pero finalmente llegó el día de mi última participación en Zona Cultural. El lunes 27 de abril yo tenía listo un texto sobre una película que no creí durase mas de una semana en cartelera, pero que era interesante por varias razones y relevante por lo menos para una parte del auditorio. A las 11:30 esperaba entrar al aire. Incluso lo anuncié en mis redes sociales. La llamada no llegaba y, escuchando la radio, me di cuenta de que tenían problemas para llamar a mi celular.
Eso ya había pasado en otras ocasiones. Mientras yo marcaba desde un teléfono de piso, Daniel Portilllo hizo una serie de comentarios sobre el traslado de la sede de la Orquesta Sinfónica del Estado al edificio de la Cineteca Alameda. Cuando entramos al aire yo no retomé el tema: realmente quería hablar sobre la película brasileña Tocando la luna [Título original: Flores Raras. Dirección: Bruno Barreto. País: Brasil. Año: 2013] de tal forma que aproveché los minutos que tenía para dar cuenta de sus méritos y defectos.
Pero en mi muro de Facebook si puse un comentario donde mencioné que no estaba de acuerdo con lo dicho por Daniel. Un poco mas tarde recibí un mensaje suyo. En un tono que percibí apurado me invitaba a ir al día siguiente, martes 28 de abril, a la cabina y tener un debate sobre la situación de la Cineteca. Tuve mis dudas, pero finalmente acepté. Nos acompañaría en cabina Adrián Ibelles, el joven encargado del Cine Club Universitario, titular de la emisión de ese día de la semana.
 El lunes en la tarde asistí a una proyección de la película Ida [Pawel Pawlikowski. Polonia, Dinamarca, Francia y el Reino Unido. 2013] la primera que de una película de ficción ganadora del Oscar se llevaría a cabo en la Sala Lupe Vélez. Me interesaba ser testigo de las condiciones de exhibición y de ellas di cuenta en un textopublicado al día siguiente, que al menos parcialmente cité en Zona Cultural.
Grabé muchas de mis intervenciones a lo largo de 15 meses. Esta fue una de ellas. En un primer momento creí que era el único que tenía este material, además de la estación que seguramente hace seguimiento de todo lo que se transmite. Pero en fechas recientes un amigo subió al sitio You Tube otro registro. Le falta al inicio la entrada del programa, pero creo que el grueso de los comentarios aquí están y se pueden consultar.

A grandes rasgos Daniel sugirió que la presencia de la Sinfónica en la Cineteca tenía que ver con que el público no respondía a las programaciones de ambas instituciones. Que era muy poca la gente (comparado con otros espectáculos comerciales) que asistía a los conciertos de la Sinfónica y las exhibiciones de la Cineteca.
Yo planteé que eso era multifactorial. Que en los últimos años el público se ausentaba de las salas cinematográficas en general pero que en Cineteca Alameda el asunto era más grave por las deficiencias de su transición a lo digital. Que si bien ahora se cuenta con un cañón Full HD esta resolución es menor que la de las salas comerciales. Aunque se habían hecho arreglos al patio de butacas e incluso a los baños, había un problema tenía que ver con la capacidad de la Cineteca.
Comparé por, ejemplo, la situación de la Cineteca de San Luis Potosí con la de Zacatecas, cuyo aforo es mucho mas pequeño y luce lleno mucho mas fácilmente, al grado de que una función con 80 espectadores se podía considerar exitosa y el doble de público en la capital potosina hace lucir a la sala casi desierta.
Es un asunto complejo, apunté, debido a la importancia histórica del Teatro Alameda, sede de la Cineteca. Este edificio es el único coloso de los años cuarenta que sigue funcionando como sala. El resto ha desaparecido. Por un lado se antoja conservarlo como tal pero habría que evaluar su pertinencia como “sala cinematográfica de arte”.
Si lo que se busca es que la gente vaya a Cineteca yo propuse:
  1. Que ir a Cineteca Alameda permita convivir con los demás cinéfilos aunque eso pueda potencialmente crear vínculos que quizá no sean deseables para las autoridades.
  2. Que la Cineteca organice más experiencias didácticas: cursos, charlas, conferencias, cafés cinematográficos y lo que se les ocurra para que el público adquiera conocimientos que les permitan entender filmes innovadores formal y temáticamente.
  3. Que la Cineteca Alameda no sea un espacio hostil y que las proyecciones y la estancia valgan lo que cuesta la entrada. A fin de cuentas la Cineteca es una sala comercial sólo que dedicada a un público específico, dije al aire. También consideré indispensable que el público no viviera malas experiencias como fue la proyección de Ida en la Sala Lupe Vélez que califiqué como una de las peores ocurrida en toda mi vida. Las malas experiencias fílmicas son un atentado contra la cultura. En Cineteca no sólo se deben proyectar bien las películas. También se debe fomentar el arte cinematográfico informando, educando y seduciendo.
Señalé, retomando un punto propuesto por Adrián Ibelles, que era bien válido exigir y adelanté que en caso de que se pretendiera desaparecer a la Cineteca Alameda si habría una reacción de apasionados del cine. Además que la Orquesta Sinfónica del Estado merece todos los respetos, entre ellos el de tener su propio espacio. Incluso si el Teatro Alameda era el lugar adecuado para ella que ahí se quedara la Orquesta y que se construyera una nueva Cineteca.
A grandes rasgos fue lo que dije.
Ahora vamos con lo que no se dijo: a partir del minuto 28 de la grabación Daniel Portillo señala algo muy interesante: que estaban ocurriendo cosas que no podía decir al aire porque sería una falta de ética, pero que había enroques que habían generado todos esos cambios. En ese momento recibí un mensaje por el celular, incitándome a que “le sacara la sopa” a Daniel. No lo hice porque pensé que le podía costar el trabajo.
Lo que ocurrió esa tarde, después del programa, es que Daniel Portillo Rosales fue removido de la conducción del programa Zona Cultural los días lunes y martes y, por lo tanto, yo dejé de ser invitado a colaborar. Al parecer finalmente alguien escuchó en Secretaría de Cultura. Ese día se esperaba una participación telefónica del director de Cineteca Alameda, Mario Candia, para promocionar la última función de Ida. Nunca se pudo llevar a cabo. Yo fui testigo de ello por estar en la cabina.
¿Estaría Mario Candia escuchando el programa? No lo sé. El asunto es que Daniel Portillo fue llamado por Juan Carlos Díaz Medrano, director general de desarrollo cultural de la Secretaría de Cultura del Gobierno de San Luis Potosí y fue notificado de su salida del aire. Incluso recibí un correo electrónico, de una cuenta a su nombre, donde me pide acceso a mi copia del programa, que yo había subido a un espacio en la nube y se lo permití por solicitud de Daniel.

Al parecer nadie llevaba ese seguimiento ni tenía el cuidado de grabar los programas (hasta donde sé esa sería responsabilidad de un área de comunicación social) al grado que también me solicitó acceso a ese archivo un usuario con el nombre Vladimir Zamarripa con la cuenta de correo electrónico vladimircineteca@gmail.com, coincidentes ambos con el apelativo y el contacto del programador de Cineteca Alameda, según consta en su página de internet.


Entre lo dicho y lo callado el asunto es que se cerró mi espacio de colaboración en Zona Cultural. Lo lamento no tanto por mi, sino por la piel suave que han demostrado tener los funcionarios públicos a cargo de la cultura en San Luis Potosí. Así es cómo se responde a las críticas y a los señalamientos: acallando las voces que (a veces sin que se dieran cuenta) ejercemos la crítica.
Los textos aquí están, para quien guste leerlos y escucharlos. El lector deberá sacar sus propias conclusiones.
Por lo pronto me voy con el buen recuerdo de las atenciones que siempre tuvo la gente de Magnética FM, generosos y amables a mas no poder. Me quedo con el movimiento perpetuo de Daniel Portillo, inquieto y comprometido como pocos, apasionado del micrófono ante todo. Me quedo también con este espacio, derivado de mi intervención en Magnética. Lo seguiré alimentando hasta donde la energía lo permita. Buscaré otro medio de los llamados “masivos” o “tradicionales” para complementar una estrategia de comunicación.
No está mal tomando en cuenta que uno es un tipo solo que escribe después de haber visto una película.

domingo, 3 de mayo de 2015

La Muestra: El capital humano


Casi como si fuera una canción de Miguel Bosé (“en secreto y en silencio”) inicia hoy la Muestra Internacional en Cineteca Alameda. La Muestra es uno de los eventos mas esperados de la comunidad cinéfila. El viernes primero de mayo, en la página oficial de la cineteca de San Luis Potosí, aún no estaba anunciado el evento. Y ayer (domingo 3) aparecía un banner que anunciaba algunas de las películas. Pero por ningún lado encontré como tal el texto “Muestra Internacional de Cine”.
Es cierto que algunos medios como Hoy San Luis y Pulso anunciaron desde hace días el evento. Pero la página oficial de Cineteca es un elemento fundamental de difusión, que no pueden sustituir ni las redes sociales. El sitio oficial debería ser donde pudiéramos obtener su cartelera de manera eficiente. Pero no es así.
Me pregunto si realmente las autoridades, no sólo de Cineteca Alameda sino de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, desalientan intencionalmente la asistencia a la sala y con ello pretenden justificar un posible cierre o confinamiento de la exhibición a la inadecuada y honerosa Sala LupeVélez. No hay que perder esto de vista.
Mientras tanto pretendo publicar, el día de su exhibición, unos cuantos textos sobre las películas que ya he podido ver (el programa estuvo en Cineteca Nacional en el mes de marzo y abril) y también daré cuenta de aquellas películas destacadas que vea en estas dos semanas, aunque sea después de su exhibición ya que, después del fracaso que implicó la proyección de Ida [Pawel Pawlikowski. Polonia, Dinamarca, Francia y el Reino Unido. 2013], no sé si Cineteca Alameda vuelva a programar alguna de estas películas. Lo que, por otro lado, debería ser su obligación, su labor fundamental, complementada estratégicamente por campañas de difusión y educación fílmicas adecuadas.
La 58 Muestra Internacional de Cine en San Luis Potosí arranca con la exhibición de El capital humano [Título original: Il capitale umano. País: Italia. Año: 2013], una película ha ganado 42 premios internacionales y es el trabajo número 17 de su director, Paolo Virzì.
El filme tiene como evento principal un accidente sufrido por un camarero que, una noche de invierno en una ciudad de provincia de Italia, es embestido por un vehículo que se da a la fuga. En torno a este incidente se van armando un puñado de historias de padres y de hijos. Unos pertenecen a la clase media y aspiran a formar parte del segmento más privilegiado de la sociedad. Otros son inversionistas y especuladores, miembros exitosos de la burguesía. Otros más son los perdedores de siempre: confinados al trabajo arduo, la pobreza, las drogas y el delito.
El guión de El capital humano (escrito por el director en colaboración con Francesco Bruni y Francesco Piccolo y basado en la novela de Stephen Amidon) sigue una de las rutinas consentidas del moderno cine exquisito: la fragmentación del relato en varios capítulos asincrónicos que adoptan el punto de vista de diversos personajes y aclarando paulatinamente las ambigüedades planteadas al arranque.
Por un lado hay que reconocer que la película resulta clarísima, alejada de cualquier vestigio de confusión y con todas sus líneas cerradas al final. Pero en contra parte de este eficiente uso de la técnica narrativa, el resto de los aspectos estéticos del filme no resultan imaginativos.
En uno de los segmentos incluso se llega a abusar del oscurecimiento de la pantalla como estrategia de economía del relato: para no ver lo que los espectadores hemos visto antes, al momento de mostrarnos el mismo evento (una premiación en un colegio católico), reiteradamente se usa el desvanecimiento de la imagen al color negro. Esto vuelve eficiente el relato y convencional la técnica de la edición.
De igual forma el uso de un formato muy ancho, que guarda una proporción de 2.35 veces el alto de la imagen, nos da la impresión opuesta al conjunto de la película. Los capitales, incluyendo El capital humano, son frágiles: en el entorno social en que ocurre la historia pueden desaparecer de un momento a otro. Los encuadres de la película, por el contrario manifiestan una solidez extraordinaria.
Un ejemplo: cuando Carla (Valeria Bruni Tedeschi) nada en la alberca y recibe la noticia de la crisis por la que pasan los negocios de su marido, la cámara se mantiene firme en el piso, haciendo composiciones con líneas horizontales y verticales perfectas. La cámara va por un lado y el sentido profundo de la historia va por otro.
Por otra parte, el director parece tomar partido desde el principio por algunos de sus protagonistas. Dino (Fabrizio Bentivoglio), el aspirante a arribista, es bastante desagradable: su cabello desordenado, los pantalones y el reloj de color chillante son chocantes y más por el contraste que representa con el pedante pero impecable personaje interpretado Fabrizio Gifuni (Giovanni). De cualquier forma, el papel de los padres en esta película es ser despreciables y mantenerse ausentes, de las madres ser ignorantes y de los hijos ser víctimas. Hay que volver a ver La regla del juego [La règle du jeu. Francia. 1939] de Jean Renoir para recordar que todos tienen sus razones.
Yo no puedo estar más de acuerdo con la postura política del film, que aspira a retratar y criticar a quienes considera responsables de la crisis económica que vivimos (incluso el personaje de Carla lo dice, en su último plano frente al espejo). Pero en su eficiencia narrativa el guión se vuelve maniqueo: dividiendo a los personajes en buenos y malos los confina a una sola dimensión, escatima profundidad por abarcarlos en plano de conjunto y nos consuela con la melodramática solución de que el amor puede sortear todos los obstáculos y sobrevivir en ese ambiente hóstil al conjunto de la vida humana.

sábado, 2 de mayo de 2015

Avengers: era de Ultrón


Avengers: era de Ultrón [Título original: Avengers: Age of Ultron. Director: Joss Whedon. País: Estados Unidos. Año: 2015] es uno de los filmes más esperados de este verano que arranca. Evidencia: el jueves 30 de abril el lobby del conjunto al que asistí a verla, en punto de las 10 de la noche, estaba llena de gente que entraba y salía de las salas donde la exhibían. Otra: al día siguiente, primero de mayo, había gente esperando a las nueve de la mañana para entrar a los cines que no se habían abierto. Las expectativas fueron muchas y el resultado cuestionable.
La película narra el ataque que organiza, con fines de exterminio global de la raza humana, la inteligencia artificial llamada Ultrón (que tiene la extraordinaria voz de James Spader en su versión original) y que es repelido por el conjunto de superhéroes formado por Capitán América (Chris Evans), Iron Man (Robert Downey Jr.), Thor (Chris Hemsworth), Hulk (Mark Ruffalo), Black Widow (Scarlett Johansson) y Hawkeye (Jeremy Renner).
Este el corazón narrativo de la película escrita por Joss Whedon a partir de los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby. Por lo tanto resulta sorprendente que tenga una duración en pantalla de 2 horas con 21 minutos según el sitio IMDB. La falta de concentración hace gran mella en el abigarramiento, o mejor dicho, en el muégano que resulta ser finalmente la película.
Como el dulce mexicano, antaño responsable de pegajosas texturas en las salas nacionales, Avengers: era de Ultrón carece de una fuerte unidad formal: su núcleo tiene mal pegadas una serie de anécdotas secundarias incapaces de alzar el vuelo y que lastran la progresión dramática de la anécdota. El filme resulta empalagoso, arduo de deglutir, tedioso de consumir.
La película arranca con el asalto de los héroes a una fortaleza de la organización Hydra para recuperar el cetro de Loki (el villano hermano de Thor) tan perdido como yo entre tantas referencias a las otras películas de los protagonistas. Y de ahí empieza a disgregar. Hay encuentros con futuros miembros de Los Vengadores, la construcción de la inteligencia artificial, peleas entre los miembros del equipo, encuentros amorosos, descubrimientos de vidas familiares inéditas, enfrentamientos individuales de los protagonistas con sus miedos más profundos y hasta sesiones de coaching a cargo de Nick Fury (Samuel L. Jackson).
Y conste que no estoy siendo exhaustivo en cuanto a los excesos de la trama. Tan abusivo resulta el guión que hasta el cameo del venerable Stan Lee se extiende, en sentido estricto durante dos escenas, en lugar de una sola, como es costumbre en los productos del estudio Marvel. Para un espectador promedio (que no incluye a los frikis del cómic) lo más recomendable sería ver la película en 4D. Entiendo que es mucho más caro el boleto pero igual cuando le sacudan a uno el asiento o le avienten agua tendrá oportunidad de despertarse.
La segunda entrega de los héroes más grandes del mundo (según el lugar común difundido por Marvel) se antoja verla como un síntoma del hiper cine de nuestros días. Presupuestos hiper inflados (otra vez según IMDB el filme costó 250 millones de dólares). Sobre estimulación visual en las escenas de acción (con mucha violencia física y efectos digitales). Desproporción corporal (que va desde la creación del cuerpo de Hulk hasta la que se podría suponer ingesta excesiva de anabólicos por parte de Chris Evans). Un neobarroco donde el todo convive y se multiplica para perder sentido (GillesLipovetsky y Jean Serroy algo han escrito sobre esto).
Por lo tanto no me extraña que el director Joss Whedon no tenga capacidad para expresar fílmicamente una idea visual. ¿De qué trata su segunda película sobre Los Vengadores? De mucho y de nada. Ultrón, cuyo antagonismo con los superhéroes debería ser el motor de la historia se debate édipicamente entre un odio nunca expresado visualmente hacía el padre creador y su cruzada evolutiva que implica destruir a la raza humana.
Por otro lado una de las principales dificultades del grupo es mantenerse unido. Avengers assemble! es su grito de batalla en los cómics. Al principio del film que nos atañe hay un plano interesante, que podría haber resumido esa idea visualmente. El ataque a las instalaciones de Hydra incluye un largo fragmento de película sin cortes, donde la cámara va pasando de una a otra de las acciones que realizan los miembros del equipo.
Un plano secuencia en una película de acción siempre es interesante, ya que el recurso es generalmente utilizado en otro tipo de filmes más introspectivos, dicho sea con excepciones gozosas como el clímax de Las aventuras de Tintín - El secreto del Unicornio [The Adventures of Tintin. Steven Spielberg. Estados Unidos y Nueva Zelanda. 2011]. Este elemento expresivo del cine es una de las máximas expresiones de unidad en la pantalla.
Casi al final de Avengers: era de Ultrón la cámara empieza a dar vueltas en torno a los personajes, como si quisiera trazar otro largo plano como el del inicio, como señalando la capacidad de trabajo conjunto en torno a un objetivo y a un ideal. Tampoco es una idea que valore demasiado (ni siquiera en el contexto de la película) por su originalidad, pero al menos hubiera sido un intento de usar de manera más creativa el así llamado lenguaje del cine.
Lipovetsky y Serroy han escrito también sobre el cine que rebasa sus propias pantallas, entrando en relación con el resto de los medios, digitales o tradicionales, expandiéndose una manera no vista anteriormente. Por un lado la segunda película de Los Vengadores lleva el título de una serie publicada originalmente en cómic (Age of Ultron, escrita por Brian Michael Bendis y aparecida en 2013). Y por otro lado es un franquicia que se expande en mini series dirigidas al consumo televisivo tradicional (como Agents of S.H.I.E.L.D.) y al video on demand (Daredevil).
Ante estos excesos es fácil claudicar. Abstenerse de buscar un sentido profundo en donde sólo hay formas infladas, emociones que se pretenden fuertes, disgregaciones inútiles y falta de estilo. Definitivamente Avengers: era de Ultrón es una de las grandes decepciones del año. Podría decirse que nadie esperaba que fuera un gran film. Pero yo sí. Yo siempre espero una película maravillosa.

lunes, 27 de abril de 2015

Sala Lupe Vélez: cara, deficiente y poco respetuosa

El día de ayer asistí por vez primera a una proyección cinematográfica en la Sala Lupe Vélez, anexo de la Cineteca Alameda, la sala cinematográfica (que ahora se imagina como un conjunto) a cargo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de San Luis Potosí.
Hace más de un año fui ahí por primera vez, invitado por el Rodando Film Fest, para impartir una conferencia sobre cine mexicano. Yo esperaba encontrar serias modificaciones en el espacio ahora que empieza a utilizarse para proyectar películas de estreno ya que, desde entonces, no tenía noticias de que hubiese sido usada nuevamente.
Me sorprendió que en Cineteca Alameda decidieran usar la Sala Lupe Vélez para las últimas proyecciones de una película tan importante como Ida [Dirección: Pawel Pawlikowski. Coproducción de Polonia, Dinamarca, Francia y el Reino Unido. Año: 2013] que ganó el premio de la Academia Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood a mejor película de habla no inglesa y estuvo nominada en el rubro de cinefotografía. Ida es una película que “podría tildarse de prodigiosa”, escribió Óscar Rodríguez en el segundo número de La Claqueta (fecha de portada: Abril 2015) la publicación de Cineteca Alameda.
Entonces: ¿por qué darle a la película una proyección tan deficiente, tan poca respetuosa de la obra y de la experiencia del público? Trataré de dar respuesta después de justificar, con una pequeña narrativa, mi afirmación implícita en la pregunta.
Para ingresar a una proyección en la sala alterna de la cineteca de San Luis Potosí hay que comprar el boleto en taquilla. Este tiene un costo de 40 pesos (25 para estudiantes y para el público en general los jueves), igual que el ingreso a la sala principal. En esta ocasión no había servicio de dulcería. El ingreso a la Sala Lupe Vélez se ubica en la calle de Vicente Guerrero, en el lado norte de la Cineteca Alameda. Luego de comprar el boleto hay que caminar una cuadra por Constitución, torcer a la izquierda y caminar otra media cuadra. Ojalá nunca me toque hacer eso en una tarde de lluvia.
En el ingreso a la sala no hay una señalética exterior que la identifique. Peor aún, no hay siquiera un número que identifique al domicilio. Pero si uno tiene suerte seguramente será la única puerta abierta en gran parte de la cuadra. Para ingresar hay que subir un buen número de escalones. Antes de hacerlo nos recibe una placa, que deja bien claro qué instituciones pagaron la remodelación de la Cineteca. Es una superficie de apariencia brillante, como metálica, profesionalmente hecha. El nombre de Lupe Vélez, por el contrario, está impreso en una hoja de papel blanco y con tinta negra.
Hay un par de puertas para atravesar un vestíbulo donde no hay nada más que accesos que conducen a minúsculos baños. Ojalá nadie haya ocupado el papel en el sanitario de varones, por que le hubiera sido complicado cargar y cortar el rollo enorme ubicado sobre el depósito de agua.
La sala en si misma tiene piso de madera. Las sillas (que no butacas, 24 en total) no están ubicadas a desnivel, de tal forma que, desde que se sentó una pareja delante de mi, el cuadro de la película era recortado por las siluetas de sus cabezas. Afortunadamente estábamos sólo 8 personas sino no hubiera visto nada. Las sillas son plegables y agradecí que la película fuera corta, pues quién sabe si hubiera aguantado la incomodidad de los asientos.
El equipamiento de la Sala Lupe Vélez incluye aire acondicionado y persianas para tapar el paso de la luz. Estas funcionan relativamente bien, sin bloquear la claridad al 100 por ciento. El mayor problema es que a los lados del espacio de proyección (donde debería haber una pantalla) hay dos ingresos sin puerta a otro espacio lleno de claridad. El espacio seguramente funciona mejor de noche. Pero poco antes de las 20:00 horas, cuando terminó el film, había demasiada luz.
No sé exactamente cuál sea la definición ni la luminosidad del cañón. Por tratarse de una sala pequeña parece no tener mayor problema, aunque no parece un aparato construido para la proyección cinematográfica. Podría verse mejor si hubiera una pantalla. La imagen se proyecta directamente sobre una pared.
La amplificación del sonido recae en un conjunto de bocinas mal ubicadas. Al frente sólo queda el canal central y, a los lados, están los canales izquierdo, derecho y los traseros. La película la he visto tres veces: en Cineteca Nacional, en video casero y en la Sala Lupe Vélez. La peor experiencia ha sido en esta última: se perdió en gran medida el diseño sonoro de Ida, que se aprecia incluso mejor en la humilde casa de Ustedes.
El colmo de esta función fue que no se respetó el formato original de la película, cuya proporción de imagen es más bien cuadrada: el llamado formato académico de 1 de altura por 1.33 de ancho. Cuando empezaba la proyección de Ida manipularon el equipo y distorsionaron la imagen, como lo hacen en las tiendas departamentales para que la imagen de la televisión ocupe todo el espacio de las pantallas. La proyección de la Cineteca Alameda en la Sala Lupe Vélez tiene la misma lógica que la de las tiendas Elektra.
Los fotógrafos de cine le llaman a esto “torturar la imagen”. Es una falta de respeto a la concepción original de la obra, es una manipulación que sólo se entiende por la ignorancia y el desinterés. Es muy grave por que la Cineteca Alameda debería promover una cultura cinematográfica que incluyera la apreciación de las películas de la mejor manera posible.
El cine es un evento, dice Rick Altman. Cada proyección es una experiencia que define, con sus características técnicas, la forma en que el espectador accede a las películas. Y en la cineteca de San Luis han proporcionado una mala experiencia, cara y sin ningún carácter profesional. Ojalá no sean ciertos los rumores de que la proyección de las llamadas “películas de arte” serán confinadas a la Sala Lupe Vélez. Ir ahí es una invitación a no regresar jamás a la Cineteca Alameda.