El delirio cinematográfico de la temporada ha llegado con una fuerza incontestable. Spider-Man: Brand New Day (2026), bajo la dirección de Destin Daniel Cretton, ha logrado una recaudación global alucinante de 927 millones de dólares en su primer fin de semana, posicionándose como el segundo mejor debut en la historia del cine mundial, según reporta CNN. En México, la expectativa alimentada por la mercadotecnia y la fidelidad del público produjo el mejor primer día en la historia de la taquilla nacional, de acuerdo con reportes de prensa.
Este éxito de taquilla se cimienta en la repetición y la seriación. Con esta, suman ya siete apariciones de Tom Holland como el arácnido, cuatro de ellas como protagonista absoluto. Esta continuidad permite que la estructura dramática se simplifique: ya no es necesario explicar el origen de las relaciones, como sucede con el encuentro entre Spider-Man y el Punisher de Jon Bernthal, que se da por sentado apelando a la memoria de un espectador que debe tener frescos elementos de entregas anteriores, desde la nota escrita a MJ (Zendaya) hasta el vaso de café que cerraba la cinta de 2021.
En términos narrativos, la película resiente una falta de ambición. La primera parte sufre de un ritmo lento debido a la falta de un antagonista de peso; como bien señalaba Hitchcock, un film es tan bueno como su villano, y aquí el ocultar identidades termina por debilitar la tensión. Al final, el producto funciona más como un extenso tráiler de dos horas y media para la próxima entrega de los Vengadores (Avengers: Doomsday) que como una obra con entidad propia.
Formalmente, las novedades son escasas, acaso los planos subjetivos tras la máscara del protagonista que subrayan el aislamiento y la creciente violencia de un personaje que lucha por no desprenderse de su humanidad. Destaca también el trabajo coreográfico de Peng Zhang, quien introduce confrontaciones más horizontales que verticales mediante el uso de cables y elementos analógicos, aportando una frescura analógica en medio del uso y abuso de lo digital.
Como advierte el crítico Jorge Ayala Blanco, el cine actual parece haber renunciado a narrar para dedicarse a delirar. En esta alucinación colectiva de Marvel se intenta que todo quepa —Hulks, Escorpiones y entrecruzamientos de cómics—, pero esa saturación no garantiza el asombro. Estamos ante un producto identificable y seguro, que no arriesga en formas ni contenidos, diseñado para ser consumido por un público dispuesto a habitar este delirio seriado.

